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Unidades de Ignominia Policial Vs La Quinta Columna

Por David Azañón (Subinspector 87713)

En el día de ayer asistí a la manifestación en Madrid y debo decir que fue uno de los días en los que, a la vez, me he sentido más orgulloso del pueblo español en su conjunto y más avergonzado de la Policía Nacional, especialmente de las UIP, cuyas siglas se corresponden a “Unidades de Intervención Policial” aunque también podrían corresponder a “Unidades de Ignominia Policial”. 

Me crucé con varios diputados y furcias mediáticas que me produjeron asco y, a la vez, risa. Son sumamente vulnerables y creen estar protegidos, pero que se lo digan a Víctor Torres y a Elma Saiz, quienes tuvieron que salir de najas, escoltados por la Policía Nacional, ante la tensión y los abucheos. 

Vi a algunos de la Brigada Provincial de Información de Madrid, no porque les conociera sino por su falta de discreción y profesionalidad, era muy fácil identificarlos aunque no fueran de uniforme.  

Saludé a uno de los mandos de las UIP, a quien conozco desde hace años; ambos fuimos policías de la Escala Básica. No reproduciré lo que me manifestó sobre los intestinos uiperos, por no ponerle en un brete, pero sí diré que, en los albores de la manifestación, vi a un compatriota saludar a otro de los que estaban acordonados en la Carrera de San Jerónimo. 

Me percaté de la violencia con la que se comportaba uno de los policías de las UIP sin justificación alguna. Un compatriota estaba saludando a otro del citado grupo amigablemente, de una forma tranquila —no eran ni las ocho de la tarde—, pero el uipero le insistió agresivamente en que se apartara, acompañando sus palabras con un empujón. 

No había nadie comportándose de forma violenta, salvo el policía nacional, cuya actuación deja a la altura del betún a los pocos profesionales que sí quedan. El ciudadano se quedó con las ganas —ya imaginan ustedes de qué—. Sentí vergüenza ajena, la verdad, y sentí las mismas ganas; no me voy a esconder. 

La manifestación se produjo en un clima tan pacífico como reivindicativo pero, volviendo al tema de la ausencia de derecho en la dictadura post78, debo añadir que quién es el Delegado del Gobierno y los mandos de la UIP para golpear a ciudadanos no violentos, quién es para que se dispersen, para que abandonen la vía pública mientras que más de 80.000 invasores entraron violentamente en Ceuta. Recomiendo a todos los heridos o que hayan tenido a vomitar debido a los lacrimógenos que se haga un parte de lesiones y denuncien al Delegado del Gobierno o Subdelegado del Gobierno de su comunidad autónoma o provincia y a los policías que les hayan agredido si es que pueden identificarles. Si les hacen esperar o les invitan a no denunciar pongan una queja y si tampoco redacten ustedes la denuncia y envíenla al juzgado de instrucción de guardia de su localidad por correo administrativo aportando dos copias, una para ustedes con acuse de recibo.

¿Recuerdan a los que impidieron el normal desarrollo de la última etapa de la vuelta ciclista a España?  

¿Recuerdan todas esas ocasiones en las que se ha actuado con enorme contundencia con manifestantes no violentos mientras que con los violentos o no actuaban o no conseguían sus fines? 

Queda claro que la violencia está infravalorada pues manifestarse pacíficamente no es un derecho en España.  

Dar gomazos a diestro y siniestro a españoles pacíficos que no hacen sino reivindicar lo que deberían garantizar las fuerzas y cuerpos de seguridad es infame. 

Empujar o mostrarse violento contra los contribuyentes, contra sus compatriotas, al fin y a la postre, contra sus propias familias es ignominioso. 

La excusa de cumplir órdenes ha perdido toda legitimidad.  

Los que cargan violentamente contra manifestantes pacíficos a gomazo limpio, haciendo uso de fumígenos y lacrimógenos, así como de pelotas de goma, cuando no han hecho lo mismo con los más de 80.000 invasores en Ceuta que gritan Allahu Akbar, son tan culpables como los que imparten las órdenes. Adolf Eichmann, oficial de las SS, también basaba su defensa en que él «solo cumplía órdenes» (en alemán, Befehl ist Befehl — «una orden es una orden») y se podría discutir mucho de las mentiras de la Segunda Guerra mundial, especialmente de los numerosos padres que tuvo, o de la falacia de que Adolf Hitler se levantara con los pantalones de cuadros aquel 1 de septiembre de 1939. 

Ha llegado la hora de que los policías nacionales que sean verdaderamente policías y sean nacionales comiencen a poner de manifiesto lo que acontece en esta dictadura denominada el régimen del 78, ha llegado la hora de convertirse en parte de la quinta columna o en un esbirro del poder.  

Ha llegado la hora de defender a sus familias y a la bandera que ostentan en el brazo o de traicionar a ambos.

Ha llegado la hora de que informes como el del CENIF salgan a la luz, como afirma D. Galo Dabouza «Fiat iustitia, et pereat mundus» que podría traducirse como «Hágase justicia, aunque perezca el mundo».

Y ha llegado la hora de hacerlo de forma inteligente pero con todas las consecuencias y el que no lo haga habrá incumplido su juramento. Ayer la Policía Nacional dejó de ser policía y dejó de ser nacional, ayer ser convirtió en una suerte de guardia de corps gubernativa – lo mismo que la Guardia Civil que ni guarda nada, ni es civil –. 

La única diferencia que atisbo entre el Cuerpo General de Policía, comúnmente llamado “policía gubernativa” o “policía de gobernación”, dependiente del Ministerio de la Gobernación (actual Ministerio del Interior) durante la dictadura franquista y la denominada Policía Nacional de la dictadura del 78 es que la primera garantizaba la seguridad ciudadana, la tasa de criminalidad era muy baja, y se garantizaba la inviolabilidad de nuestras fronteras. Si se fijan las funciones son exactamente las mismas: vigilancia y orden público, control político y social y documentación e identificación de ciudadanos. 

Hoy finalizo evocando a un héroe de guerra y a una de las mayores figuras de nuestras letras, D. Miguel de Cervantes, cuya obra Don Quijote de la Mancha sigue hablándonos siglos después: 

 

MÁS HIERE LA TRAICIÓN QUE EL HIERRO. 

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