Por David Azañón (Subinspector 87713)
O sea que mientras nuestros mayores se mueren o esperan durante meses para ser atendidos, se atiende a los invasores a costa del erario.
O sea que nuestros mayores trabajaron, cotizaron, construyeron viviendas y levantaron este país y ahora tienen que elegir entre ayudar económicamente a sus hijos o conservar sus propios ahorros.
O sea que nuestros padres y abuelos, soportaron guerras, hambre, pobreza, sacrificios y privaciones en vano.
O sea que todo lo que ganan los españoles hasta agosto o septiembre es para pagar impuestos, cada vez pagamos más y recibimos menos.
O sea que mientras los salarios se reducen, la vivienda, los alimentos, la energía y los impuestos siguen aumentando.
O sea que los españoles pagan impuestos sobre lo que ganan, sobre lo que compran, sobre lo que poseen, sobre lo que heredan y hasta por transmitir lo que ya habían comprado con dinero previamente tributado.
O sea que seguimos escuchando que hace falta recaudar más.
O sea que los españoles no pueden comprarse una casa pero los okupas pueden usurpar las de otros sin ser expulsados a patadas.
O sea que trabajar ya no garantiza poder independizarse, ni formar una familia.
O sea que para los españoles tener hijos resulta imposible pero los invasores tienen tres o más hijos gracias a las paguitas.
O sea que nuestros jóvenes reciben un país más endeudado, una vivienda más inaccesible y unas oportunidades laborales más inciertas.
O sea que el futuro que les espera a los jóvenes será inseguridad, pobreza y esclavitud.
O sea que queman España deliberadamente para instalar paneles fotovoltaicos y no hay consecuencias.
O sea que destruimos nuestra producción pesquera, agrícola, ganadera o industrial para cumplir sandeces medioambientales mientras importamos productos bajo estándares muy inferiores.
O sea que tenemos sol, viento, costas, puertos, agricultura, turismo, industria y una posición geográfica privilegiada y seguimos comportándonos como si fuéramos un país condenado a depender de otros.
O sea que Marruecos nos ataca desde 1956 y no nos defendemos.
O sea que Marruecos aumenta su influencia económica, política y estratégica sobre España, controla nuestros puertos, y ni lo hemos evitado, ni respondemos contundentemente.
O sea que Marruecos reivindica Ceuta y Melilla, Canarias, etc. y nosotros seguimos sin defenderlas con contundencia.
O sea que cedemos nuestra tierra y nuestro mar territorial a “nuestro socio británico de la OTAN” para que amplíe la invasión de Gibraltar.
O sea que el Borbón anterior propuso entregar Ceuta y Melilla a cambio de reinar.
O sea que el delito de alta traición no está vigente en España.
O sea que el Borbón actual ha visitado Israel pero no Ceuta y Melilla y aún así quedan monárquicos en España.
O sea que no abandonamos la OTAN y a la Unión Europea a pesar de que nos ha destruido de forma casi total y permanente.
O sea que entregamos competencias, soberanía o capacidad de decisión a organismos supranacionales y después nos sorprendemos de que determinadas decisiones ya no dependan exclusivamente de nosotros.
O sea que gastamos miles de millones en Defensa para defender los intereses de otros.
O sea que la Armada, el Ejército de Tierra y el Ejército del Aire sirven para desfilar el 12 de octubre y servir a los intereses OTAN.
O sea que una potencia extranjera puede espiar a nuestro Gobierno sin consecuencias.
O sea que nuestros enemigos conocen nuestras debilidades y nosotros seguimos discutiendo entre nosotros.
O sea que desde hace más de dos décadas la policía sabe dónde están los delincuentes, por dónde nos invaden los invasores y por dónde van a volver a hacerlo y no se hace nada salvo incoar expedientes que de facto no expulsan ni al 10%.
O sea que para subir a un avión tienes que descalzarte, pasar por un escáner, mostrar tu documentación, no llevar líquidos, que te cacheen pero a los invasores nada de nada.
O sea que no se defiende Ceuta porque unos políticos se follaban menores marroquíes y son extorsionados.
O sea que ya nos hemos acostumbrado a que haya tiroteos, navajazos, atracos, robos, tráfico de drogas y delincuencia a plena luz del día.
O sea que la policía dispone de cámaras, drones, bases de datos, tecnología y medios de vigilancia cada vez más sofisticados, pero la inseguridad es mayor.
O sea que cada vez se controla más al ciudadano que cumple las normas y no al delincuente o al invasor.
O sea que la policía puede actuar con contundencia frente a manifestantes pacíficos pero sin ella frente a invasores y delincuentes.
O sea que las 120 violaciones en Ceuta, 45 la primera noche, no son importantes pero el beso a una futbolista sí.
O sea que violen a niñas está mal visto pero que violen a niños es irrelevante.
O sea que está prohibido bañarse en los ríos pero los invasores pueden cagarse en la playa.
O sea que no pueden tener una gallina sin registrarla, bajo multa de 600 – 3.000€, pero los invasores pueden matar delfines, patos y violar niños.
O sea que los mismos que causaron el 11M vuelven a la carga y seguimos con la, inútil y contraproducente, política de apaciguamiento.
O sea que pagamos televisiones públicas como «Tele Pedro» y «Tele Ayuso» que en vez de fiscalizar al poder lo protegen.
O sea que tenemos miles de políticos, asesores, organismos, observatorios, comisiones y estructuras administrativas que no valen para nada.
O sea que tenemos millones de funcionarios que deberían engrosar la lista del paro.
O sea que tenemos una Administración enorme y seguimos esperando meses o años para resolver trámites que deberían tardar días.
O sea que cada Gobierno promete reducir la burocracia y cada legislatura termina creando nuevas normas, organismos y procedimientos.
O sea que cada nuevo problema se responde con una nueva prohibición.
O sea que cada nueva prohibición necesita un nuevo organismo para vigilarla.
O sea que cada nuevo organismo necesita más impuestos para mantenerse.
O sea que el Estado crece, pero la libertad disminuye.
O sea que cada día aumentan las restricciones sobre lo que podemos decir, hacer, consumir, construir o incluso decidir sobre nuestras propias propiedades.
O sea que la corrupción reaparece una y otra vez y la respuesta suele consistir en crear una comisión, abrir una investigación y esperar a que el tiempo haga el resto.
O sea que quienes ocupan responsabilidades políticas pueden protagonizar escándalos y continuar tranquilamente con su vida política.
O sea que los partidos prometen regeneración democrática cuando están en la oposición y olvidan la regeneración cuando llegan al poder.
O sea que mientras se proclama la separación de poderes los partidos siguen controlando instituciones que deberían ser independientes.
O sea que hemos normalizado lo que hace veinte años habría provocado un escándalo, que cada escándalo dura cuarenta y ocho horas y después llega el siguiente.
O sea que cada límite que se cruza se convierte en el nuevo punto de partida.
O sea que quizá el problema no sea que no sepamos lo que está ocurriendo.
O sea que quizá el problema sea que hemos aceptado que ocurra.
O sea que quizá el problema sea que nos hemos acostumbrado.
O sea que quizá el problema sea que cada uno espera que otro lo solucione.
O sea que después de todo lo que costó construir España, quizá lo más grave sea que estemos permitiendo que se pierda.
O sea que merecemos lo que tenemos si seguimos permitiendo que otros decidan por nosotros mientras sólo nos limitamos a quejarnos.
O sea que todavía estamos a tiempo de dejar de quejarnos y empezar a rebelarnos.

