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Notas de Psicología diletante

Por Alfonso de la Vega

Invasiones impunes, desastres, calamidades, empobrecimiento programado, subordinación ante el enemigo, corrupción institucionalizada, la mentira como estupefaciente y cemento de unión del Régimen,… es justo y necesario seguir indagando acerca de la lamentable situación de la nación y sociedad españolas traicionadas tras medio siglo de Monarquía.

Además de los aspectos políticos, institucionales o legales que han hecho posible la actual postración de la Patria conviene revisar los psicológicos que junto a mantenerla impiden su superación.

Una primera causa es la falta de educación de la voluntad y la sustitución del pensamiento crítico por el sentimentalismo idiota, por el buenismo suicida, sustitución que se hace con la torpe o hipócrita complicidad de la iglesia prebostiana en casos como los de las invasiones: “Por la caridad entra la peste” como explicaba magistralmente Buñuel en Viridiana. Pero las élites que promocionan y se benefician de tal suicidio popular se encuentran a salvo en sus palacios, mansiones y fortalezas, sin padecer de modo directo las consecuencias de sus acciones. No deja de ser curioso que tal sustitución del pensamiento crítico se haga neutralizando incluso el sentido común, los mecanismos ancestrales inconscientes de defensa ante el peligro o de apreciación de lo conveniente que han permitido que la humanidad sobreviviese hasta hoy.

El pensamiento puede referirse a abstracciones que superan la capacidad de los sentidos, a ideas que aparecen en el plano de la conciencia fruto de la actividad creadora del espíritu, propias del estudio, el esfuerzo o la reflexión. También pueden producirse o se imponen por la propaganda, el engaño, el ensueño, las trampas seductoras donde poner esperanzas vanas. Suelen provocar la pereza intelectual, la inacción, el pasotismo, el absentismo mecidos por una especie de dulce euforia conformista y tóxica. El resultado cívico político es o el pasotismo que en Grecia llamarían lo propio de los idiotas, o bien la oclocracia, gobierno de la chusma, de las turbas como las que sostienen sociológicamente el actual socialismo borbónico.

Sin embargo, los espíritus serios y capaces buscan la reflexión, el examen de hechos, argumentos, opiniones, creencias, con el fin de informar su conducta hacía la realización de los grandes valores metafísicos. Para establecer las relaciones entre las ideas y los hechos se precisa una búsqueda atenta continuada y precisa, de una investigación lo más exacta posible. La gente incapaz de pensar suele entregarse sin apenas control  a pasiones, instintos o vicios, pues tienen más dificultades en corregir las interpretaciones falsas, amortiguar su ceguera, o incluso valorar las consecuencias de sus actos.  

Para aquellos no acostumbrados a estas tareas antes existía la intuición, el sentido común o el de mera supervivencia.  Pero hoy parece que hasta tal mecanismo básico se va diluyendo fruto de la mentira y la propaganda. En la inducción de este fenómeno es imprescindible la introducción de la neolingua, por la que el Poder distorsiona o confunde intencionadamente el significado de las palabras. Así, calentamiento global por estafa climática, crisis migratoria por invasiones, democracia por plutocracia coronada, socialismo por mafia, feminismo por hembrismo… 

Es evidente que los tiempos agitados, incluso bélicos, como los que ahora vivimos, son proclives a la confusión y degeneración del pensamiento. El caos y la violencia entronizados de modo permanente como negocio e instrumento de dominación totalitaria. Para muchos seres mediocres o encanallados que mantienen el actual gobierno despótico ven en el desorden inducido la oportunidad de dar rienda suelta a sus más bajas pasiones, provocan el embrutecimiento de las costumbres, crean un ambiente enrarecido en lo que todo se pretende sea al revés, y donde se contempla las mayores aberraciones como elementos de progreso y el entorno seguro e impune para corruptelas o los negocios más inmorales.

En este contexto se falsea el sentido moral y el pensamiento se degrada. Todos quieren derechos sin deberes, todos quieren presumir y aparentar, todos pretenden igualarse a la verdadera aristocracia, la del mérito, sin tener en cuenta ni el estudio, ni el esfuerzo, ni el trabajo, Se atenúa o se menosprecia el talento y la jerarquía, se intenta arrumbar la tradición para creer en las mayores falacias de consecuencias desastrosas. Sin pensamiento crítico, sin la iluminación de la conciencia, las masas quedan a merced de los caprichos de los poderosos. No obstante, los menos embrutecidos sienten que la cosa no va bien, una vaga intranquilidad ante un futuro incierto, la frustración del “no es eso”. 

Pero pese a todo y a los esfuerzos del Poder por erradicarla aún queda una minoría que resiste o al menos lo intenta. Que trata de comprender las cosas tal como son y no como nos las quieren hacer ver. Que trata de mantenerse en una disciplina personal para contrarrestar la desmoralización o la angustia e intentar hacer lo que debe ser hecho. La gente habituada a pensar no se quedan en la superficie sino que buscan indagar en las profundidades, al informar las conductas el pensamiento crítico es un valioso elemento de civilización pero también de moderación. Tratan de comprender los acontecimientos para mantener lo bueno y eliminar lo malo. 

El pensamiento puede anticiparse a la inteligencia como la intuición al pensamiento. En tal caso surge como un rayo de lucidez, incluso antes de de ser formulada mediante códigos lingüísticos establecidos. Mejor que yo pueda hacerlo nunca, el gran Valle Inclán nos explica en La Lámpara maravillosa que “Hay dos maneras de conocer, que los místicos llaman Meditación y Contemplación. La Meditación es aquel enlace de razonamientos por donde se llega a una verdad, y la Contemplación es la misma verdad deducida cuando se hace sustancia nuestra, olvidando el camino que enlaza razones a razones y pensamientos con pensamientos. La Contemplación es una manera absoluta de conocer, una intuición amable, deleitosa y quieta, por donde el alma goza de la belleza del mundo, privada del discurso y en divina tiniebla”.

A tal cometido animo humildemente al amable lector que haya tenido la paciencia de leer hasta el final. Gracias.    

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