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El silencio del Real Madrid ante Ceuta y la sombra de Anas Laghrari

El catedrático de Derecho Constitucional Carlos Ruiz Miguel (@DesdelAtlantico) no ofreció ayer una explicación larga. Citó un tuit del periodista José Javier Esparza —«Clamoroso silencio del Real Madrid ante Ceuta»— y añadió solo una frase: «No se me ocurre que puede haber pasado…». Lo que sí adjuntó fue una captura de El Periódico de Ceuta, de enero de 2025, con el retrato de Anas Laghrari junto a la estrella de Marruecos y el escudo del Real Madrid. El titular del medio ceutí presentaba al financiero como «joven banquero marroquí y ahijado de Florentino Pérez» y se preguntaba si su influencia anunciaba «un cambio radical» en el club.

El mensaje, leído en el contexto de un mes de crisis en la ciudad autónoma, no necesita más texto: sugiere que el silencio institucional del Madrid no es casual.

Una ciudad desbordada y un estadio en otra frecuencia

El 30 de julio de 2026, decenas de miles de personas —en su mayoría jóvenes marroquíes— cruzaron a Ceuta a nado y por el espigón de El Tarajal. Las cifras oficiales oscilaron entre 50.000 y 80.000 entradas en pocas horas, según fuentes de Interior y de la propia ciudad. Hubo decenas de ahogados. Marruecos reabrió después el retorno masivo; miles volvieron, pero miles más permanecieron en Ceuta. Un mes después, vecinos, sindicatos locales, el club AD Ceuta y el presidente Juan Jesús Vivas siguen denunciando abandono, saturación de recursos y una convivencia al límite.

En el fútbol, la reivindicación ha sido desigual. El AD Ceuta sacó al Alfonso Murube banderas de España, el himno y el lema «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende». Las Palmas aceptó el gesto. En Andorra, aficionados desplegaron una pancarta similar que las cámaras de LaLiga no mostraron. En el Bernabéu, el contraste que ha irritado a parte de la afición madridista es otro: el club guardó un minuto de silencio por las víctimas de una riada en la frontera entre Nepal y el Tíbet y no hizo un gesto equivalente por una ciudad española.

Un aficionado lo resumió así, en el tuit que Esparza amplificó: «Como madridista me da mucha vergüenza el silencio absoluto del Bernabéu. Con el antiguo gallinero y el fondo sur en vanguardia, el Bernabéu hubiese sido un clamor en defensa de Ceuta. Pero entre turistas y amaestrados… minuto de silencio por las víctimas del Nepal».

Quién es el hombre de la captura

Anas Laghrari nació en Casablanca en 1984. Su padre, constructor e ingeniero de caminos, colaboró con Florentino Pérez en obras en Marruecos. El presidente del Real Madrid ha dicho en público que al financiero «le he visto nacer», que es «como un hijo» y que el padre «era como un hermano». Laghrari se formó en matemáticas financieras en Francia, trabajó en Société Générale en España —banco histórico del entorno de Pérez— y después impulsó Key Capital y, más tarde, Anel Capital. Es uno de los artífices financieros de A22, la sociedad de la Superliga, y ha intermediado operaciones del Madrid, de ACS y, según reportajes económicos, también palancas del Barcelona. No ocupa cargo estatutario en el club. Pérez lo describe como un asesor que «de fútbol sabe lo justo» y que entiende de tecnología y finanzas.

En la campaña electoral de 2026 su nombre dejó de ser un secreto de pasillo. Enrique Riquelme lo señaló como poder en la sombra y reclamó transparencia sobre sus intermediaciones. Medios económicos han documentado el salto de facturación de sus sociedades y el atajo por el que Laghrari se convirtió en socio y compromisario del Madrid, por delante de una lista de espera de miles de aficionados. El Periódico de Ceuta ya había puesto esa inquietud en portada a principios de 2025: un hombre nacido en Marruecos, sin cargo visible, con acceso al presidente y con capacidad de influir en el futuro societario del club.

Esa es la foto que Ruiz Miguel coloca al lado del silencio del Bernabéu.

Lo que el post afirma

Ni Esparza ni Ruiz Miguel presentan un documento interno del club que vincule a Laghrari con la decisión de no mencionar Ceuta. El argumento es de contexto: un club que sí ritualiza tragedias lejanas guarda silencio ante una crisis en territorio español, y en el entorno del presidente hay un financiero marroquí al que el propio Florentino trata en términos familiares.

Esa lectura circula también entre socios críticos. Cuentas como @UnNuevoRM han escrito, en las mismas horas, que «Anas Laghrari dirige el Real Madrid» y han preguntado si la Grada Fans —donde, según denuncian, no se permiten banderas de España «para no entrar en provocaciones»— luciría otra enseña el día que acudiera una peña vinculada al asesor.

La insinuación es grave y, a la vez, no es nueva en la política española: cada vez que Marruecos abre o cierra el grifo migratorio en Ceuta, reaparece el debate sobre quién tiene intereses, miedo o lealtad cruzada. Ruiz Miguel, que lleva años escribiendo sobre el Sáhara y la presión marroquí sobre las plazas de soberanía, no formula la acusación en términos jurídicos. La deja en el aire, con una captura y una frase de desconcierto fingido.

El club, la ciudad y lo que queda fuera del césped

El Real Madrid no ha emitido, que se sepa, un comunicado específico de solidaridad con Ceuta comparable al minuto de silencio por Nepal. Tampoco está obligado por estatutos a posicionarse en una crisis de fronteras. Pero el fútbol español sí ha usado el estadio como altavoz —Ucrania, Turquía, desastres naturales, campañas institucionales— y por eso el vacío se nota más.

Ceuta, mientras tanto, sigue pidiendo algo más concreto que un tuit: retorno de quienes entraron de forma irregular, fin del uso de polideportivos y cuarteles como albergue, y que el resto del país deje de tratar la ciudad como un problema lejano. El AD Ceuta lo gritó en su propio campo. El Bernabéu, el domingo, guardó silencio por otra tragedia.

La pregunta que deja el post de Ruiz Miguel no es si Laghrari dio una orden. Es más incómoda: si un club que se presenta como institución española puede mirar a otro lado cuando la presión llega desde el país de origen del hombre al que su presidente llama, en público, casi un hijo.

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