Por Alfonso de la Vega
Don Mariano el Piolinero no se resigna a hacer mutis por el foro como acaso debiera por prudente conveniencia tras su calamitoso y lamentable paso por la presidencia del gobierno, telonero de las desgracias actuales. De manera que para no aburrirse con su canonjía registradora en su calidad de gran filósofo y brillante renovador de la geoestrategia mundial hace sus pinitos como cronista futbolero. El pretexto es un sarao que se viene celebrando en tierras de Norteamérica. En un conocido periódico de la Asociación Católica de Propagandistas se ha permitido unos comentarios inoportunos o poco prudentes que han merecido las criticas del títere agendista francés, y de las que han hecho indignado coro de plañideras las repugnantes zurdas españolas. El propio yerno de Sabiniano, el de las saunas, y presidente del gobierno de Su (ex católica) Majestad ha entrado a rematar de cabeza diciendo que avergonzaba a España. Sí, el que no se avergüenza de los infinitos imputados, los felones infiltrados, las cloacas, la presunta “Organización criminal”, el del hermanísimo, su señora,,, y un suma y sigue que el amable lector ya bien conoce y no hace más que crecer.
La ocurrencia o gracieta ahora denostada ha consistido en decir que en la selección francesa que juega ahora en EEUU no hay franceses:
“no hay que olvidar que Francia ha sido dos veces campeona del mundo y finalista en la última edición. Ha ganado todos los partidos en los que participó en este Mundial y ocupa la primera posición del ranking FIFA. Tiene, además, una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses.”
De modo que el gobierno de Macron le ha acusado de «racista» por considerar que tales opiniones son «absolutamente inaceptables» e incluso ha animado a la Federación Francesa de Fútbol a iniciar «acciones legales». Además de la incuria moral de muchos de sus políticos actuales la vieja Francia republicana no es ajena al mal que se va extendiendo por occidente, el desinterés por las grandes cuestiones, el ocaso de la racionalidad sustituida por la manipulación emocional. El lenguaje racional y lógico pierde influencia y se reemplaza por el de los gestos, las emociones. La opinión pública informada basada en datos y argumentos se sustituye por una forma degradada o manipulada de afectividad pública.
Sin embargo, méritos de los mete goles aparte, más allá de lo perecedero como simple anécdota, la gracieta refleja una realidad inquietante para toda persona lúcida que se preocupe por el futuro: la de la sucesiva sustitución de la población autóctona europea por gentes procedentes de otras culturas y otras razas. En cierto modo lo que trasluce en el fondo de la polémica son formas opuestas de entender la historia:
¿Se debe intentar mantener la identidad nacional histórica propia de cada país o cabe diluirla en un magma globalitario a mayor granjería de la plutocracia financiera internacional? Y en tal caso, el país sigue siendo el país o ya es otra cosa más o menos amorfa.
¿Hasta qué punto tiene derecho una generación a traicionar el legado histórico recibido y disolverlo en un peligroso multiculturalismo multirracial y multirreligioso inducido y generador de discordia?
Cuando la anterior invasión musulmana a España la sociedad visigoda fue transformada de raíz hasta su recuperación final por los Reyes Católicos después de ocho siglos de reconquista.
Ahora bien, conviene intentar entender lo que pasa. Don Mariano fue otro títere de gobierno WOKE incoherente con las inclinaciones que ahora insinúa. Pero, igual que su sucesor Feijoo, es galleguista, homenajea al orate Castelao y por lo que se ve le sale cierto ramalazo racista y xenófobo propio de esa ideología. Otro galleguista de pro, Vicente Risco, que más tarde rechazaría estas actitudes sectarias, imitaba también a los orates Sabino Arana o a Prat de la Riba, en su famosa Teoría do nacionalismo galego, libro escrito en «gallego sin normalizar» en el que se muestra la componente racista:
“Ora, na nacionalidade galega sinifica a superioridade indiscutibel da nosa Raza sobre das razas morenas euroafricanas de Iberia, e pol-o tanto, a inxusticia de que sexamos domeñados e gobernados por iles… que somos eiqui un pobo aparte, que as tradicios hespañolas das grorias de Castela, do Arabismo, do Século d ‘ Ouro, da Misteca, non son nosas, ni estan no noso ser, ni-nos podemos encariñar co’elas… sinifica o noso dereito a autonomia politica y a asoluta independencia no que toca a cultura.»
A los que no viven en esta bonita y querida tierra admirable por tantas cosas y que pese a la labor de su casta política aún mantiene grandes virtudes como la bonhomía, la amabilidad o su hospitalidad, quizás le extrañe esa afirmación de nacionalismo, pero es preciso distinguir entre la sociedad gallega y el tenderete autonómico puesto que aquí el modelo político establecido por el Partido Popular DE Galicia es similar al catalán de CiU. Salvo que, claro está, en Galicia hay más gallegos que catalanes. Y, en consecuencia, más sentidiño en la población, cosa no tan clara en la oficialidad apoltronada y enmucetada que vive de los presupuestos, es decir financiada por todos.
Las viejas declaraciones racistas de Vicente Risco luego rectificadas según las cuales el rubio gallego es de una raza superior que no puede estar dominada por los morenos ibéricos africanos ahora no serían políticamente correctas y ya no se emplean en los discursos oficiales. Salvo en algún desliz similar al que comentamos. De modo que el pretexto de exclusividad galleguista no es ahora el racismo sino la lengua. Una lengua que no es la popular de tan bonita musicalidad como la tradicionalmente hablada por el paisanaje en las aldeas y parroquias, sino otra, de laboratorio, transgénica con palabras importadas lusas o inventadas. E impuesta como instrumento del telón del grelo para evitar en lo posible que a Galicia vengan y luego vivan demasiados “castellanos”.
“Galicia para los gallegos” clamaba otro ilustre prócer nacionalista decimonónico, Alfredo Brañas, homenajeado con calle céntrica en Santiago. De modo que es posible que tal bagaje antropológico cultural que tantos réditos políticos y económicos viene dando al partido Popular gallego se encuentre en el origen del inoportuno comentario.

