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Torrente 7 en Vistalegre

Por David Azañón (Subinspector 87713)

Estimados compatriotas de toda ideología o condición. Como saben, el señor D. Javier Villacorta lleva tiempo mostrando su gentileza al permitirme dar voz, sin ánimo de lucro alguno, ni contraprestación alguna, a ese porcentaje de policías nacionales, y de otras corporaciones, que desempeñan fielmente sus funciones, de manera honrada y profesional, de ese 20% de la ley de Pareto, como lamentablemente acontece en cualquier otra mercantil o corporación.  

No se lo puedo asegurar y tampoco desmentir pero quizá sea bastante probable que D. Santiago Segura ruede la séptima entrega de Torrente en Vistalegre. 

Bromas aparte, les voy a contar algo que ha acontecido en el día de la fecha que sinceramente me parece triste, grave, poco profesional, además de grotesco. 

En el día de la fecha se han presentado los nuevos policías en prácticas de la cuadragésima primera promoción de diversas dependencias policiales de Madrid.  

Como se suele hacer en estos casos se les ordena comparecer uniformados o portando el uniforme y, en todo caso, provistos de su arma reglamentaria.  

Resulta que en una dependencia policial, los policías en prácticas se han presentado al tutor y, éste a su vez, les ha llevado ante la presencia del más caracterizado de la dependencia policial quien les ha conminado a cantar la muerte no es el final acompañados de un sacerdote. 

Como saben, aun no siendo creyente respeto a los que sí lo son y soy firme defensor de las raíces cristinas de España y de toda Europa, pero lo que respecto, por encima de todo, es a los caídos, sean los asesinados por ETA, sean los asesinados en el 11M, sean los asesinados en Adamuz, sean los asesinados en la gota fría o sean los asesinados en Almería, y sí, digo asesinados. Cantar la muerte no es el final es algo que se lleva a cabo durante actos protocolarios que revisten un mínimo de formalidad y sobriedad, en ningún caso al presentarse en un primer destino.  

Acto seguido ha procedido a ordenarles que le siguieran hasta el Palacio de Vistalegre, el tipo caminado y ellos corriendo, desconozco si quiere hacer méritos con el Jefe de la División de Formación que suele hacer estas cosas si bien éste, además de correr y no caminar, lo hace en el interior de la Escuela Nacional de Policía, en los albores del proceso de aprendizaje y, sobre todo, sin hacer el ridículo en la vía pública. 

Pues bien, además del espectáculo dantesco y ridículo, el citado mando policial ha procedido a preguntarles a voces a la vista, y oído, de los madrileños – les recuerdo que los policías en prácticas están para aprender y que la Policía Nacional es un instituto armado de naturaleza civil – ¿Cuál es nuestra misión? A lo que les ha ordenado responder al unísono y también vociferando “Proteger el orden y la ley”, algo digno de Torrente o incluso de To er mundo es güeno. 

Tal y como me hubiera gustado que hicieran conmigo cuando entré en el pandemónium me voy a permitir realizar diversas recomendaciones a los policías en prácticas que deseen convertirse en la quinta columna, en la resistencia a la corrupción y a la destrucción de España.  

Primera, dense de baja o no se den de alta en sindicato policial alguno y tengan a mano el teléfono de algún abogado penalista de reconocida competencia.

Segunda, estudien la ley aunque no se cumpla para las élites y todo sea una mentira. No se puede ser un profesional sin conocimientos. Fórmense en el noble arte del boxeo o algún otro tipo de lucha aunque esto deberían haberlo hecho desde jóvenes.

Tercera. Hagan acopio de pruebas que atestigüen ilegalidades, graben a sus jefes, quizá eso les pueda salvar eventualmente en el futuro ante la fábrica de sueños denominada régimen disciplinario.

Cuarta, traten a todo ciudadano con educación y no creen problemas donde no los hay, tengan empatía y traten a la gente como les gustaría que tratasen a un familiar en la misma situación. No inventen cosas que no han acontecido y sean fieles a sus principios. 

Quinta, huyan de los aduladores de jefes, de las calienta pollas y de los que lleven muchos artilugios en el cinturón, la ropa dos tallas menor y vayan sobrados de anabolizantes.   

Sexta, si tienen a bien léanse mi libro a modo de manual de supervivencia, no me mueve el lucro, compren un ejemplar entre varios y pásenselo entre ustedes. 

Séptimatengan mucho cuidado ahí fuera y aprendan de los policías que se comportan como profesionales, que son honrados, a quienes les importa la seguridad ciudadana, les resbala la estadística policial y no se pliegan a ilegalidades. 

Finalizo con un aforismo que me dijo un veterano cuando yo era novato:

LAS CATEGORÍAS PROFESIONALES SON COMO LOS ESTANTES DE UNA ESTANTERÍA, CUANTO MÁS ALTOS, MENOS VALEN.

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