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Piñata de pasaportes

Por Alfonso de la Vega

«Si el pueblo español tiene algún rasgo común es el orgullo, y si tiene otro es el sentido común«.  (Ernest Hemingway)

No sé yo, me temo que hoy habrá que buscarlos en la oficina de objetos perdidos. Mientras la Justicia retiene el pasaporte de miembros y miembras de la banda allegados al gran timonel para evitar el riesgo de fuga con su botín el gobierno los reparte sin control como en una piñata golpeada a ciegas.

Hay ciertos precedentes aunque no del todo exactos: don Miguel Primo de Rivera otorgó la posibilidad de nacionalizarse a judíos sefarditas españoles. En efecto, el Decreto de 20 de diciembre de 1924 durante el Directorio Militar permitió a los judíos sefardíes obtener la nacionalidad española por «carta de naturaleza» sin exigirles residir en España, reconociendo así su vinculación afectiva e histórica con el país. Un decreto que unos años más tarde resultaría decisivo para salvar miles de vidas de judíos húngaros, la mayoría no sefarditas, perseguidos por los nazis con la entonces complicidad de gentuza como los Schwartz (Soros y familia).

Cabe recordar aquí con gran emoción y especial satisfacción por tratarse de un compatriota, la heroica labor filantrópica del diplomático español don Ángel Sanz Briz que con el apoyo tácito y logístico de la Administración del general Franco basándose legalmente en el decreto citado consiguió librar de una muerte segura a varios miles de judíos húngaros destinados a los campos de exterminio. Un acto de singular heroísmo, valentía y generosidad que no suele ser muy conocido entre los españoles, los que gracias al cine americano saben de la actuación de Schindler y su famosa lista. A diferencia de éste, sin ninguna motivación de carácter económico o industrial salvo las estrictamente humanitarias, don Ángel hizo pasar por descendientes de sefardíes y concedió pasaporte español a miles de judíos húngaros que iban a ser deportados hacia una muerte segura.

Ángel Sanz Briz

He de decir que yo tampoco conocía su conmovedora historia. Del admirable y verdaderamente heroico D. Ángel, jamás un nombre más apropiado como protector de inocentes, y su labor para rescatar vidas de las persecuciones nazis me habló en Madrid por primera vez hace ya muchos años un amigo judío. Me explicó, emocionado con lágrimas en los ojos, la labor humanitaria del Régimen de Franco a finales de la Segunda Guerra Mundial para salvar a muchos judíos del genocidio. La verdad es yo estaba perplejo con lo que me contaba y no terminé de creerlo hasta que lo pude comprobar. D. Ángel y otros heroicos y esforzados altos funcionarios españoles como él hicieron una gran labor humanitaria para proteger y salvar a muchos miles de judíos amenazados y no solo en Hungría sino en el norte de África y Grecia. Una labor luego reconocida por Israel. Pero no deja de ser curioso que tanto entonces en el momento de los hechos como ahora, aunque por razones distintas, el verdaderamente filántropo D. Ángel se considerase un héroe políticamente incorrecto.

De modo, que hay precedentes de concesión discrecional de pasaportes españoles aunque por motivos humanitarios o patriotismo lo que desde luego no el caso de la maniobra propia de tahúr de quien ejerce de presidente de gobierno de la Corona. Todo un sabotaje, una traición a España perpetrada por motivos sectarios de falsear el censo, de hacer trampas electorales. Una nueva forma de golpismo bajo disfraz «democrático».

Que se sepa nadie de los ahora agraciados se encontraba amenazado. Para que quede más claro que se trata de una maniobra anti española y anti jurídica, en que lo importante es el objetivo ni siquiera se respeta la propia base leguleya perpetrada para la concesión, siendo el fraude la actuación dominante. Fraude del que se benefician cantidad de chiringuitos falsificando papeles o certificando en barbecho, todo un auténtico escándalo, otro más, que cubre de vergüenza al desacreditado reinado de don Felipe.

De modo que barra libre para toda clase de desahogados o desaprensivos, incluso posibles delincuentes. El ministro de Exteriores promueve el coladero en lo que representa toda una carrera en pelo del disparate: en Paraguay se nacionalizan biznietos; en Venezuela, tataranietos ¿Quién da más?

Ahora bien, si esto es con el pretexto de la hispanidad ¿Qué musulmán no podrá alegar que tiene algún antepasado peninsular de tiempos de la Reconquista?

Tal parecería que se repitiese la historia más o menos legendaria del 711. Una corte corrompida, un don Rodrigo, vicioso y libertino que ocupaba el trono sin ejercer, un obispo don Oppas traidor “Maldito de ti, don Orpas, obispo de mala andanza”, un conde don Julián vengativo padre de la violada Florinda, y los judíos facilitando la invasión.

Ya puestos, también podemos regalar pasaportes a libaneses o tunecinos en virtud de su remota vinculación con las antiguas colonias fenicias y cartaginesas en la península.

Mientras tanto, y en otro alarde de entreguismo escandaloso, el gobierno de la Corona derriba sin contrapartidas la verja de Gibraltar, la localidad española perdida por la lamentable entronización de los Borbones y hoy convertido en santuario de piratas, contrabandistas y narcotraficantes. Más facilidades para el enemigo y la delincuencia sin control.

Así que, adivina, adivinanza, ¿Quién es español?

Sin sentido común ni orgullo, todo aquel al que el tramposo gobierno borbónico le convenga.

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