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Apocalipsis Now, 2026

Por Alfonso de la Vega

Volvamos al año 1979. El 1 de febrero el ayatolá Jomeini tras su exilio parisino y la huida del sanguinario sha era recibido en Teherán de manera entusiasta por varios millones de personas. El 19 de mayo el numeroso auditorio que abarrotaba palacio del Festival de Cannes ovacionaba a Francis Ford Coppola después que presentase una edición incompleta de su famosa Apocalipsis Now, una comprometida película realizada a sus propias expensas con las ganancias de su obra maestra El Padrino, para intentar evitar la censura u obstáculos del establecimiento norteamericano poco amigo de que le saquen al público sus muchas vergüenzas.

Me he acordado de estas noticias aparentemente tan lejanas estos días en que está siendo muy comentada en medios internacionales la extraña muerte del peligroso senador republicano norteamericano Lindsey Graham. Un personaje siniestro que lo tenía todo. Sionista, amigo de Netanyahu y de su política fanática y violenta, racista, belicista, confeso promotor de una futura guerra atómica en Europa, causante de convencer a Trump para que atacase a Irán. El año pasado también había instado a Israel a completar la devastación de la Franja de Gaza usando armas nucleares. Codicioso, depravado, un peligro público cuya desaparición debe verse con alivio por cualquier persona de buena voluntad sea cual sea sus creencias o ideologías. Otro candidato a desquiciado coronel Kurtz que ya no quedaría más remedio que sacrificar por haberse convertido ya en demasiado peligroso para el sistema. Todo un significativo arquetipo, el del coronel Kurtz, creado por Conrad en su famosa novela El corazón de las tinieblas y que Coppola emplea para su reflexión personal sobre el Mal, la violencia, la locura y la guerra. Que se desenvuelve en varios escenarios entre ellos, y principal, el de la propia psique humana. Un oficial, Willard que ha de remontar un peligroso río atravesando la jungla vietnamita y camboyana para enfrentarse a lo que pueda entenderse como otro aspecto de sí mismo. ¿En la realidad última, Willard y Kurtz, no son lo mismo? La locura ¿acaso no está en todos nosotros cuando consentimos lo que sucede?

Y es que tratándose de la política imperial de EEUU, el título sería más bien, “Apocalipsis siempre”. El anciano presidente americano disfrazado de enloquecido coronel Kurtz ha vuelto a dinamitar el acuerdo de tregua en curso atacando a Irán, provocando un nuevo temible bloqueo del estrecho de Ormuz, al que parece se unirá también el de la entrada al Mar Rojo por parte de Yemen. La situación empeora de modo dramático en Oriente Medio y en los caminos de la logística mundial para agravar otra crisis bélica, la ucraniana.

Cuando vimos la gran película humanista de Francis Ford Coppola pensábamos que el ataque con la música wagneriana de la cabalgata de las walquirias perpetrado por la horda de helicópteros bajo las órdenes del teniente coronel Kilgore asesinando a decenas de inocentes de un poblado vietnamita e incendiando cosechas u bosques para darse el gusto de practicar surf en la playa era una exageración provocadora. Pero no, la realidad imita al Arte como desgraciadamente se ha comprobado hace unas semanas con el vil asesinato de casi dos centenares de niñas iraníes en su colegio durante un cobarde ataque de repetición perpetrado con sendos misiles en lugar de helicópteros.

Ahora se está especulando con varios posibles intentos de magnicidio o asesinato político. Así para asesinar a Putin, o a Trump o quizás al citado senador Graham como luego veremos. Sabemos que Israel y EEUU asesinan a los que consideran enemigos como se acaba de volver a demostrar con el del líder religioso chiita y Jefe de Estado, Jomenai. La “locura” merecedora de su asesinato a traición es oponerse a sus intereses más o menos confesables.

La muerte de Graham oficialmente declarada el sábado 11 de julio en Washington no está del todo clara. Según fuentes no occidentales, el día anterior el senador estaba en Kiev donde se reunió con Zelenski y se jactó de haber convencido a Trump de apoyar un proyecto de ley sobre «sanciones draconianas» contra Rusia. En efecto, consideraba que era la mejor inversión para Estados Unidos: «Los rusos están muriendo. Nunca hemos gastado dinero de una manera tan exitosa». Graham visitó la planta de fabricaciones de drones Skyfall el 10 de julio. Casualidad o no, el Ejército ruso atacó Kiev con misiles balísticos la noche del 10 al 11 de julio, según el alcalde de la ciudad, Klitschkó, las primeras explosiones se registraron incluso antes de que se activara la alerta aérea. El Ministerio de Defensa ruso declaró que los objetivos del ataque eran empresas de la industria militar dedicadas a la producción de drones. Hasta ahora sigue siendo un enigma cuándo y cómo Lindsey Graham logró abandonar Ucrania y en qué estado lo hizo. Al parecer, según algunas investigaciones sobre la posible duración del viaje de regreso, tal no cuadraría con el tiempo estimado necesario para poder regresar a Washington antes del momento oficial indicado de su muerte.

Dentro del conjunto de especulaciones sobre el suceso entre los que no terminan de creerse la versión oficial, circula otra que relacionaría la inesperada muerte del senador con las luchas internas dentro del propio Partido Republicano debido a su traición al movimiento MAGA y la mal vista por éste excesiva subordinación al sionismo. Para algunos observadores esta muerte incluso evitaría un posible inmediato desastre nuclear.

En las lúcidas pero inquietantes palabras de Coppola, su director: “A lo que más aspira Apocalipsis Now es a que sean la inteligencia, la creatividad, la bondad quienes guíen al ser humano. El hombre se halla realmente en una jungla. Y esta película presenta el caso límite de alguien que va más allá de las restricciones humanas habituales; va demasiado lejos y es destruido, en cierto sentido, se trata de un sacrificio, yo quería matar a Kurtz, que muera para América. Quería que América mirase frente a frente el rostro del horror y lo acepte como su propio rostro.

La visión de Tomás de Aquino del Arte como recto ordenamiento de la Razón o de Kandisky como fuerza motriz de renovación espiritual de las que participaba Coppola en sus declaraciones habrían fracasado. Nos vemos superados por tanta locura criminal interesada y promovida. Seguimos sin miramos para comprobar el rostro del horror.

El poderoso senador fallecido era uno de esos rostros del horror, pero no es el único “coronel Kurtz” de esta triste época en las que las pesadillas del Poder producen tantos y tan peligrosos monstruos.

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