En plena ola de calor que azota la Región de Murcia y gran parte de España durante el verano de 2026, un control de alcoholemia de la Guardia Civil en la autovía del Mar Menor ha desatado numerosas quejas entre los conductores. Mientras las autoridades alertan insistentemente sobre los riesgos del calor extremo, pidiendo precaución y autoprotección a la ciudadanía, parece que las medidas de seguridad vial no admiten excepciones climáticas… especialmente si implican posibles multas.
Según informa La Opinión de Murcia, este sábado 18 de julio la Guardia Civil estableció controles rutinarios de alcohol y drogas en las principales vías de salida de la región. El operativo, enmarcado en la “operación contra el alcohol y las drogas” y coincidiendo con periodos de alta movilidad estival, generó retenciones de más de una hora en la avenida hacia el Mar Menor, alrededor de las 19:30 horas.
Numerosos conductores expresaron su indignación en redes y en el propio lugar: “Es una vergüenza hacer controles de alcoholemia a estas horas y en plena ola de calor”. Familias con niños y mascotas se vieron atrapadas en el atasco, soportando altas temperaturas dentro de los vehículos. “No puedes hacer eso a estas horas con la que está cayendo”, señalaron algunos afectados.
Quejas por un control de alcoholemia de la Guardia Civil en la autovía del Mar Menor: ‘Es una vergüenza hacer esto en plena ola de calor’ https://t.co/z8IIrO9pJt
— La Opinión de Murcia (@diariolaopinion) July 18, 2026
La doble vara de medir
El contraste resulta llamativo. Durante las olas de calor, los mensajes oficiales suelen enfatizar la vulnerabilidad de la población, recomendando evitar esfuerzos físicos, proteger a los mayores y reducir la exposición al sol. Sin embargo, cuando se trata de controles que pueden derivar en sanciones económicas —un pilar importante de la recaudación en materia de tráfico—, el calor parece dejar de ser un factor atenuante.
La Guardia Civil ha defendido la actuación como habitual y necesaria para garantizar la seguridad vial, recordando que el alcohol y las drogas al volante no entienden de temperaturas. Y en eso tienen razón: la conducción bajo los efectos del alcohol es peligrosa. Pero el episodio alimenta la percepción ciudadana de que el Estado prioriza la recaudación por encima de la coherencia en sus mensajes sobre el clima.
Un debate recurrente
Esta no es la primera vez que surge controversia similar. En veranos anteriores, controles y multas en condiciones extremas han generado críticas parecidas: ¿por qué no se adaptan los operativos a las alertas por calor? ¿O acaso el “cambio climático” solo sirve para justificar ciertas políticas y no para flexibilizar otras?
Mientras tanto, los conductores afectados solo piden sentido común: que la seguridad vial se combine con empatía ante condiciones meteorológicas excepcionales, sobre todo cuando se pide a la población que extreme las precauciones por el calor.
Al final, el episodio del Mar Menor deja una lección clara: para el Estado, las olas de calor dan mucho juego narrativo… excepto cuando interfieren con la posibilidad de sancionar y recaudar. La seguridad es importante, pero la coherencia también lo es.

