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La cutrez española en su máxima expresión: la chusma se desvive por un televisor gratis en MediaMarkt

España no está bien. No es un problema de economía, ni de política, ni siquiera de clima. Es un problema de dignidad colectiva, de decencia básica, de lo que queda de una sociedad que se ha rendido a la vulgaridad más descarada. Y pocas veces se ve tan claro como en estas promociones cutres de MediaMarkt que convierten a la gente en ganado desesperado por un premio regalado.

Este fin de semana, con la excusa de la final de la Selección Española, la cadena convocó a la plebe a presentarse en sus tiendas con la camiseta de la Roja para llevarse televisores gratis. El resultado, previsible para cualquiera que conozca la España real: escenas de vergüenza ajena en Zamora, Córdoba y Sevilla. En Zamora, decenas de personas madrugaron para participar en un sorteo que, según los asistentes, ya estaba amañado: había gente dentro antes de abrir, los televisores ya tenían «ganador» cuando entraron los demás y la policía municipal tuvo que intervenir ante el cabreo monumental. Denuncias, acusaciones de engaño y ninguneo generalizado.

En Córdoba y Sevilla las imágenes son aún más elocuentes: aglomeraciones, empujones, caras de desesperación y una masa humana dispuesta a todo por un electrodoméstico. Vídeos que circulan en redes muestran a la chusma en su salsa: gente que parece salir de un botellón perpetuo, con esa mezcla de ansiedad, envidia y baja autoestima que caracteriza a demasiados compatriotas. No es que quieran ver la final en buena calidad. Es que necesitan algo gratis porque su vida es una sucesión de privaciones y resentimiento.

Esto no es un incidente aislado. Es el síntoma de una sociedad degradada. Una sociedad donde la dignidad se mide por lo que te regalan en vez de por lo que eres capaz de conseguir con esfuerzo. Donde la «gente normal» hace cola como animales por migajas mientras acepta sin rechistar sueldos de mierda, alquileres imposibles y un país que se hunde en la mediocridad. La promoción de MediaMarkt no crea esta chusma; solo la expone. Revela la falta de orgullo, la ausencia de vergüenza y la cultura del «todo vale si es gratis» que impregna amplias capas sociales.

España está como está porque está llena de gente así. Gente que no aspira a mejorar, sino a que le den. Que no protesta por la corrupción, la inmigración descontrolada o el destrozo educativo, pero sí se encabrona si el sorteo está amañado. Que vota a los mismos de siempre mientras se humilla por un televisor de 50 pulgadas. Una nación de siervos con derecho a la rabia selectiva: rabia contra la empresa que «les engaña», nunca contra ellos mismos por haber caído tan bajo.

La cutrez no es solo estética. Es moral. Es ver a adultos hechos y derechos peleándose por un premio publicitario como si fuera el último trozo de pan en una hambruna. Es normalizar que la ilusión colectiva gire en torno a un electrodoméstico regalado en vez de a la cultura, el trabajo o el futuro de sus hijos. Y luego nos extrañamos de que España sea sinónimo de chapuza, clientelismo y baja calidad humana en media Europa.

MediaMarkt hizo lo que hacen las marcas en un país de baja estofa: apelar a lo más bajo del ser humano. Y la respuesta fue entusiasta porque hay demasiada chusma dispuesta. Mientras no recuperemos un mínimo de dignidad —individual y colectiva—, seguiremos siendo esto: una cola indignada delante de una tienda, gritando porque nos han robado hasta el sorteo cutre.

El problema no es MediaMarkt. Somos nosotros. Y da asco.

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