Josu Zabarte Arregui, conocido como el “Carnicero de Mondragón” y uno de los miembros más sanguinarios de ETA, falleció recientemente en libertad. Lejos de los homenajes que algunos sectores independentistas vascos le han dedicado como “gudari”, un relato en primera persona de un miembro de la Guardia Civil que participó en su detención desmonta la imagen de héroe y revela su verdadera naturaleza.
El operativo tuvo lugar en Hernani. Según el testimonio, un equipo del Grupo de Acción Rápida (GAR) de la Guardia Civil irrumpió en un piso donde se escondían varios etarras. El entonces comandante Galindo estaba presente. Su conductor, en un acto de valentía, entró primero y recibió un disparo en el vientre. Gravemente herido, se refugió en la primera habitación a la izquierda, improvisó una cuerda con sábanas y se descolgó por la ventana para recibir atención médica.
Mientras tanto, el tiroteo se intensificó. Los agentes del GAR se enfrentaron a dos terroristas armados: uno con un Kaláshnikov y otro con un subfusil MAT-53 de fabricación francesa. La munición escaseaba, por lo que los guardias civiles tuvieron que arrastrarse por el pasillo para pasarse cargadores. El enfrentamiento duró alrededor de dos horas. Finalmente, un teniente apodado “el Güerri” utilizó un lanzagranadas Instalaza y lanzó dos granadas a través de la ventana. Los etarras murieron en la explosión, que además detonó explosivos que tenían almacenados. Sus armas quedaron literalmente pegadas a sus brazos por el calor.
¿Dónde estaba Josu Zabarte durante todo este tiempo? Escondido en un zulo detrás de un espejo chino en la misma habitación donde el conductor herido se desangraba. Tuvo la oportunidad de rematar al guardia civil, pero no lo hizo. Según el relato, no actuó porque sabía que después le tocaría a él. Cuando los agentes registraron el inmueble tras el tiroteo, encontraron a Zabarte en el zulo, “cagado de miedo” —literalmente— y con una pistola en la mano que ni siquiera había montado por el pánico.
Posteriormente, Zabarte “cantó hasta la Traviata” durante los interrogatorios, delatando a sus compañeros. Su propia madre, también detenida, le reprochó: “hijo de puta, que has vendido a los tuyos”. El testimonio concluye con una reflexión dura: “Un hombre cuando mata, asume morir. Pero esa cucaracha, cuando vio que también podía morir, se cagó vivo”. De “gudari” pasó a ser conocido irónicamente como el “Cagari” de Mondragón.
Esta anécdota, compartida ampliamente en redes, contrasta con la narrativa que algunos intentan construir alrededor de los terroristas de ETA. Mientras los dos etarras que combatieron murieron enfrentando a las fuerzas de seguridad, el “Carnicero de Mondragón” optó por esconderse y, una vez capturado, colaborar con las autoridades. El relato subraya la cobardía de quien tanto daño causó a la sociedad vasca y española durante los años de plomo.
La historia de Zabarte no es solo un episodio más de la lucha contra el terrorismo. Es un recordatorio de la verdadera cara de muchos de aquellos que, desde la impunidad del anonimato o el zulo, sembraron el terror y, cuando llegó la hora de la verdad, no estuvieron a la altura ni de sus propias convicciones violentas.
Dedicado al «Gudari» Zabarte o también conocido como el gran hijo p*ta carnicero de Mondragón 🚨
RELATO DE ALGUIEN DE LA GUARDIA CIVIL QUE ESTUVO ALLÍ. No tiene desperdicio.🚨🚨👇👇👇👇» Lo voy a contar coño». A este hijo de la gran puta lo detuvimos el GAR en pic.twitter.com/INg53Wg8QR
— El nuevo Espíritu de Ermua (@EErmua) June 30, 2026

