El pasado 14 de julio, apenas un día después de que se diera por estabilizado el devastador incendio forestal de Los Gallardos (Almería) —que ha dejado 13 muertos, varios heridos graves, miles de evacuados y más de 7.000 hectáreas calcinadas—, la Familia Real decidió celebrar la clasificación de España a la final del Mundial 2026 con una escena que roza lo grotesco.
Un vídeo difundido en redes muestra al rey Felipe VI, la reina Letizia, la princesa Leonor y la infanta Sofía vestidos con las camisetas de la selección (con dorsales incluidos), sentados en un sofá viendo el partido contra Francia. Cuando España gana 2-0, estallan en una euforia descontrolada: saltos, puños en alto, abrazos apretados (especialmente entre Felipe y Sofía), gritos y sonrisas desbordantes. Nada de protocolo, nada de contención. Parecen aficionados en un bar, no la primera familia del Estado en un momento de luto nacional.
El incendio de Los Gallardos, declarado el 9-10 de julio, es uno de los más mortíferos de la historia reciente de Andalucía. Las víctimas —muchas de ellas extranjeras— fallecieron mientras intentaban huir del fuego. Todavía se estaban identificando cuerpos el 15 de julio. La Junta de Andalucía decretó tres días de luto oficial. El país entero seguía conmocionado.
Y en ese contexto, la Casa Real opta por publicar (o permitir que se filtre) imágenes de una celebración desinhibida y festiva. Sin una palabra de condolencia visible en el momento. Sin un gesto de respeto hacia las familias destrozadas. Solo camisetas, abrazos y saltos de alegría.
🔴 EL REY CELEBRA LA VICTORIA DE ESPAÑA
Debería poner esa energía en salvar a España de las garras de Sánchez. pic.twitter.com/GH0V2OF3oZ
— Betania (@BetaniaTv) July 14, 2026
¿Dónde está el pudor? ¿Dónde está la sensatez?
Se supone que la monarquía representa la unidad y la dignidad del Estado. En momentos de tragedia colectiva, se espera al menos un mínimo de contención y empatía. No se trata de prohibir que sigan el fútbol —muchos españoles lo hicieron—, sino de la forma y el timing. Saltar como posesos y difundir las imágenes al día siguiente de una catástrofe con 13 muertos no es “cercanía”. Es falta de tacto, de juicio y de respeto.
Todo resulta artificioso. La imagen de una familia “normal y apasionada” se desmorona cuando choca con la realidad de un país que aún cuenta víctimas y entierra muertos. ¿Es esto lo que aconsejan sus asesores de comunicación? Porque si alguien les recomendó soltar este vídeo en plena resaca de la tragedia, o bien es su peor enemigo o demuestra una incompetencia alarmante.
Si la decisión fue enteramente suya, entonces el problema es más grave: una desconexión absoluta con el sentir del país. No se trata de ser “antimonárquico” por sistema. Se trata de tener dos dedos de frente y entender que hay momentos en los que la euforia desmedida, por muy legítima que sea el triunfo deportivo, queda fatal.
España ganó un partido importante. Merece celebrarse. Pero 13 familias perdieron a sus seres queridos en un incendio infernal hace apenas unos días. La Familia Real podía haber esperado 24-48 horas, haber emitido primero un mensaje de condolencia claro y sentido, o simplemente haber celebrado en privado sin convertirlo en espectáculo público.
En su lugar, optaron por la versión más ruidosa, más infantil y más fuera de lugar posible. Y eso dice mucho más de ellos que cualquier discurso de “servicio, compromiso y deber”.
A veces, callar o contenerse es el mayor acto de respeto. Esta vez, eligieron lo contrario. Y el resultado es una escena que no solo resulta ridícula: resulta ofensiva.

