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¿Carnívoro o vegetariano? Un estudio de los años 20 del siglo pasado tiene la respuesta, pero ha sido convenientemente silenciada

En la década de 1920, dos científicos británicos llevaron a cabo un estudio comparativo único en Kenia que comparaba la salud y el desarrollo físico de dos grupos étnicos que vivían en las mismas tierras y bajo condiciones similares: los kikuyu, agricultores, y los masái, pastores nómadas.

Los kikuyu se alimentaban principalmente de cultivos como mijo, maíz, batata y frijoles. La carne solo formaba parte de su dieta en ocasiones ceremoniales, lo que se asemeja mucho a la dieta basada en plantas que promueven muchos nutricionistas modernos.

Por su parte, los masái basaban su alimentación casi exclusivamente en productos de origen animal: carne, leche y sangre extraída de animales vivos, con muy poco consumo de alimentos vegetales.

Los resultados del estudio fueron claros y sorprendentes. Los hombres masái eran aproximadamente 12-13 centímetros más altos, más pesados (con el peso adicional correspondiente a mayor masa muscular), tenían una fuerza de agarre significativamente superior (alrededor de un 50% más), huesos más densos, hombros más anchos y una ausencia notable de problemas de salud comunes en el otro grupo, como inflamaciones, úlceras y dientes deteriorados.

En contraste, los kikuyu presentaban mayor incidencia de enfermedades óseas, anemia e infecciones crónicas.

John Boyd Orr (quien más tarde se convertiría en el primer director de la agencia de alimentos de las Naciones Unidas) y John Gilks (jefe del servicio médico keniano) documentaron estos hallazgos de manera detallada y los publicaron en la prestigiosa revista The Lancet en 1927. Su conclusión era directa: en las mismas condiciones ambientales, el grupo que consumía principalmente productos animales mostraba un mejor desarrollo físico y una salud superior al de aquellos que seguían una dieta predominantemente vegetal.

A pesar de la claridad de los datos y del contexto controlado del “experimento natural”, estos resultados no han sido incorporados de forma prominente en las guías dietéticas oficiales del último siglo. El estudio sigue siendo un ejemplo incómodo para los enfoques nutricionales predominantes que priorizan los alimentos de origen vegetal.

Este caso histórico ilustra cómo observaciones científicas tempranas sobre nutrición y salud humana pueden ser eclipsadas por narrativas posteriores, incluso cuando provienen de comparaciones directas en condiciones reales. Hoy, más de cien años después, sigue invitando a reflexionar sobre los fundamentos de una alimentación óptima para el desarrollo y el bienestar físico.

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