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¡Por si fuera poco las denuncias de los empleados de Canal Red, ahora nos enteramos de que también en la taberna de Pablo Iglesias se están produciendo abusos laborales!

El que se pasó años dando lecciones de derechos laborales a todo el mundo ahora acumula escándalos de explotación laboral en sus propios proyectos. Primero fue Canal Red, donde casi cuarenta extrabajadores (según el documental “Romper el bloque”) han denunciado un ambiente tóxico lleno de acoso, jornadas interminables, mobbing, hospitalizaciones por estrés y condiciones que poco tienen que envidiar a las peores empresas que tanto criticaba Iglesias. Y ahora, como si no bastara con eso, le salta otro frente: su Taberna Garibaldi en Lavapiés (Madrid).

La sección sindical de la CNT en el local ha publicado este miércoles un comunicado demoledor bajo el título “Taberna Garibaldi, último bastión del abuso laboral”. Un año después de constituir la sección sindical, la situación sigue siendo, según el sindicato, insostenible: «No podemos aceptar que espacios que se reivindican como progresistas, feministas, transformadores o comprometidos con la justicia social mantengan puertas adentro dinámicas laborales que reproducen exactamente aquello que dicen combatir» aseguran.

Entre las denuncias más graves destacan:

  • Jornadas de hasta 12 y 14 horas de forma habitual.
  • Cambios constantes de horarios y turnos sin planificación ni previo aviso.
  • Incumplimientos reiterados de derechos laborales básicos.
  • Trato vejatorio y humillante por parte de algunos responsables.
  • Falta de un sistema de fichaje transparente.
  • Difusión de imágenes de la delegada sindical durante su jornada laboral, algo que el sindicato considera un ataque directo a la libertad sindical.

El comunicado de la CNT lo resume sin paños calientes: “No basta con discursos, campañas o posicionamientos públicos. Los derechos laborales deben cumplirse también dentro de los centros de trabajo”.

La hipocresía hecha persona

Pablo Iglesias, el mismo que se fue a vivir a un chalé de lujo en Galapagar mientras denunciaba a la casta y los privilegios de los demás, el que fue vicepresidente del Gobierno y fundador de un partido (Podemos) que se hunde sin remedio, vuelve a demostrar la enorme brecha entre lo que predica y lo que practica.

Primero en su medio de comunicación con casi cuarenta testimonios de extrabajadores y ahora en su taberna “progresista y antifascista”, los empleados denuncian exactamente lo mismo que él llevaba años criticando en las grandes empresas: explotación laboral.

La CNT lo dice claro: la verdadera coherencia no se mide por los discursos incendiarios ni por las arengas en televisión, sino por cómo tratas a las personas que trabajan para ti. Y en los negocios de Iglesias, esa coherencia brilla por su ausencia.

¿Sorprende a alguien? Ya ni eso. Es el perfil clásico del revolucionario de salón: mucho grito contra el capitalismo salvaje y, cuando le toca ser el empresario, se le olvida todo el manual.

Otra vez más, la realidad le da una bofetada al discurso.

(Por Lourdes Martino)

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