En un vídeo que circula estos días en X (antes Twitter), la activista feminista y autora alemana Verena Brunschweiger afirma sin rodeos que los blancos tienen la obligación moral de reducir su natalidad y abrir las puertas a más inmigrantes. El motivo: “hemos arruinado el mundo”.
La frase, pronunciada en una reciente entrevista con el medio australiano news.com.au, ha desatado una oleada de reacciones airadas. No es la primera vez que Brunschweiger provoca con sus tesis, pero esta vez ha cruzado una línea que muchos consideran inaceptable: la de convertir la culpa racial y civilizatoria en programa político explícito.
¿Quién es Verena Brunschweiger?
Verena E. Brunschweiger (nacida en 1980 en Passau) es autora de varios libros, entre ellos el manifiesto Kinderfrei statt kinderlos (Sin hijos, no sin hijos, 2019), que alcanzó la lista de bestsellers en Alemania. Se presenta como feminista radical, activista childfree (sin hijos por convicción) y defensora del antinatalismo por razones climáticas.
Su eslogan personal es contundente: “My bloodline ends with me” (“Mi linaje termina conmigo”). No tiene hermanos y considera que traer hijos al mundo es un acto egoísta que agrava la crisis ecológica. En su visión, la maternidad refuerza el patriarcado y las mujeres deberían liberarse de esa carga.
Hasta aquí, su postura forma parte del debate ecológico y feminista que existe desde hace años. Lo que ha generado el escándalo actual es el énfasis racial explícito.
Las declaraciones que han encendido la polémica
En la entrevista, Brunschweiger no habla de “humanidad” ni de “todos los países desarrollados”. Habla de los blancos.
Afirma que su objetivo es “reducir nuestros números” (refiriéndose a las poblaciones blancas occidentales) porque “emitimos como locos y consumimos recursos muy por encima de lo que tenemos… y esos recursos los quitamos al Sur global”.
Por eso, Occidente tiene el “deber moral” de acoger a todos los inmigrantes y refugiados que quieran venir: “Hemos arruinado el mundo, por así decirlo. Producimos el cambio climático que hace la vida en África miserable y horrible. Así que, por supuesto, ¿por qué no invitarlos si quieren venir?”.
Añade que el pronatalismo actual (las llamadas de Elon Musk, Donald Trump o partidos como AfD en Alemania a tener más hijos) es “peligroso” porque busca “controlar a las mujeres y mantener fuera a los refugiados”. Según ella, los que se preocupan por la desaparición de la mayoría blanca en Europa están motivados por el deseo de “seguir como estamos, ya estamos llenos”.
El problema de fondo: culpa colectiva y doble rasero
Las declaraciones de Brunschweiger combinan varios elementos que explican la indignación:
- Culpa racial selectiva. Si el problema es la huella ecológica del planeta, ¿por qué solo los blancos deben dejar de reproducirse? Los inmigrantes que llegan a Europa, una vez alcanzan el nivel de vida occidental, también aumentan su consumo y emisiones. El antinatalismo coherente debería aplicarse a toda la humanidad o, al menos, a todos los países ricos, no solo a uno por su color de piel.
- La narrativa del “hemos arruinado el mundo”. Es una simplificación histórica y científica. Occidente ha generado la mayor parte de las emisiones históricas, sí, pero también ha creado la tecnología, la agricultura moderna, la medicina y la energía que han sacado a miles de millones de personas de la pobreza extrema. La esperanza de vida global ha subido de 30 años en 1800 a más de 70 hoy. Reducir la población occidental no “devuelve” nada al Sur global; más bien debilita la única civilización que ha demostrado capacidad real para innovar y resolver problemas a escala planetaria.
- Consecuencias demográficas reales. Alemania tiene una tasa de fertilidad de alrededor de 1,3-1,5 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo (2,1). El envejecimiento poblacional ya está tensionando las pensiones, la sanidad y el mercado laboral. Reemplazar a los nativos por inmigración masiva no es una solución neutra: conlleva desafíos de integración, costes fiscales iniciales elevados y, en muchos casos documentados, problemas de seguridad y cohesión cultural (Suecia, Francia, Reino Unido y ciertas zonas de Alemania lo ilustran).
- Hipocresía personal. Brunschweiger vive cómodamente en Alemania, se beneficia de su Estado de bienestar, de su sanidad, de su seguridad y de la civilización que critica. Su “sacrificio” personal (no tener hijos) no compensa el hecho de que promueve que otros asuman la carga de mantener en pie la sociedad que ella considera culpable.
Reacciones y contexto político
Las declaraciones han sido ampliamente difundidas por cuentas críticas con la inmigración masiva y el multiculturalismo. En X, usuarios las han calificado de “suicidio demográfico”, “racismo anti-blanco” o directamente de discurso de odio disfrazado de progresismo. Algunos comentaristas europeos de derecha las han interpretado como una llamada explícita al reemplazo poblacional de Europa.
Brunschweiger, por su parte, ya estaba acostumbrada a la polémica. Su libro de 2019 generó debate en Alemania y su activismo childfree la ha convertido en referente para un sector minoritario pero ruidoso del feminismo radical y el ecologismo más extremo.
¿Qué hay detrás de este tipo de discursos?
Estas posiciones no surgen en el vacío. Forman parte de una corriente intelectual que combina:
- Culpa postcolonial y climática
- Feminismo que ve la maternidad como opresión
- Desconfianza profunda hacia la civilización occidental
El resultado es una ideología que, en la práctica, propone la disminución deliberada de las poblaciones europeas mientras se acelera la inmigración desde sociedades con tasas de natalidad mucho más altas.
Es un planteamiento que ignora la evidencia histórica: las sociedades prósperas y estables tienden a tener menos hijos por elección individual (coste de la vivienda, carrera profesional, incertidumbre sobre el futuro). La solución no pasa por culpar a un grupo racial ni por abrir fronteras de par en par como acto de penitencia, sino por crear condiciones (económicas, culturales y de confianza) que permitan a las familias tener los hijos que desean.
Conclusión
Verena Brunschweiger no es una socióloga académica al uso (es filóloga medieval, profesora de secundaria y activista), pero su influencia en ciertos círculos feministas y ecologistas es real. Sus palabras más recientes revelan hasta dónde puede llegar una ideología que combina autodesprecio civilizatorio, esencialismo racial invertido y una visión catastrofista del futuro.
Decir que “los blancos tenemos el deber moral de tener menos hijos” no es una provocación inocente. Es una declaración política con consecuencias concretas sobre el destino de Europa.
La historia juzgará si este tipo de discursos representan un pensamiento avanzado o simplemente una forma sofisticada de nihilismo demográfico. Por ahora, lo que queda claro es que generan escándalo porque, para mucha gente, resultan no solo erróneas, sino profundamente hostiles a la continuidad de su propia civilización.
Y eso, por más que se envuelva en ropajes de moralidad climática y feminista, sigue siendo escandaloso.

