Por Alfonso de la Vega
Las potencias del alma son memoria (para recordar), entendimiento (para razonar y buscar la verdad) y voluntad (para querer y elegir).
El escándalo montado por la imputación de algunas de las actividades presuntamente delictivas del tenebroso ex presidente del gobierno de la Corona tras el golpe del 11M lo más probable es que termine siendo una tormenta en un vaso de agua. O una simple vacuna preventiva para evitar males mayores como hubiera sucedido si al filantrópico prócer de la alianza de las civilizaciones le hubiera trincado la organización policial dedicada combatir la propia del narco internacional, la DEA, para llevarlo a hacer compañía a su correligionario y socio Maduro.

Dado los precedentes en el reino con casos como los latrocinios de Pujol o los desfalcos de los ERE es de suponer que no pasará nada salvo el susto o el ridículo espantoso de este desenmascarado traidor y fementido protector de los «parias de la tierra y la famélica legión», es lo bueno que tiene de superioridad moral lo de ser socialista, “tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho.” Se debió olvidar de las joyas de la abuelita en la caja fuerte. De momento, el prohombre socialista ha logrado un aplazamiento de su declaración ante el juez instructor. Pero aunque el régimen intente controlar los daños el caso es que en el reino filipino ya es evidencia de razón que apenas cabe encontrar políticos borbónicos honrados que pueden acompañar a Lot en su huida antes de la total destrucción de Sodoma. De manera que si esto sigue así la continuidad a medio o largo plazo del régimen parece imposible. Pero ¿Dónde acaba lo podrido y dónde la parte sana? Es decir, ¿Caída de ZP o del gobierno o del régimen? ¿O de ninguno de los tres?
En la España contemporánea ha habido dos etapas de cohabitación de un Borbón con un dictador. La de Primo de Rivera con Alfonso XIII y esta que ahora padecemos con Sánchez y Felipe VI. En efecto, la presente coyuntura no deja de tener precedentes históricos que cabe encontrar en la anterior cohabitación de un dictador con la Corona y que caracterizan a la descomposición terminal del sistema turnista de la Restauración de 1875 y ahora de la Reinstauración de1978. Un raro caso de la llamada Monarquía parlamentaria donde en verdad ni el Rey ni el Parlamento ejercen sus funciones constitucionales, se gobierna sin actividad legislativa a golpe de decretos y sin presupuestos para impedir la fiscalización parlamentaria y facilitar la corrupción porque si no hay ley, tampoco delitos, pero no pasa nada.
Durante la anterior con el conservador y en la actual con la PSOE como partido dinástico dominante. Hace un siglo, con la dictadura de Primo de Rivera y ahora con el falsario cuya legitimidad de origen es cuestionable pero el desempeño resulta clara y contundentemente anticonstitucional y en consecuencia ilegal. La situación no es exactamente igual, nunca se repite la historia del todo, pero sí algo parecida en cuanto a la deslegitimación de la Monarquía al consentir el rey la permanente violación de la constitución por parte de su gobierno, la corrupción institucional generalizada o el sometimiento de la nación a intereses ajenos. Existen diferencias considerar. La dictadura de Primo fue patrocinada e instaurada activamente por el propio monarca Alfonso XIII mientras la actual es consentida por don Felipe El Consentidor, que viola impasible sus juramentos constitucionales de cumplir y hacer cumplir la constitución, pero que si bien su posición es pasiva y cómplice no se sabe haya conspirado como su bisabuelo para colocar al dictador de turno. Ambos tienen personalidades opuestas. La de Primo es una figura bienhechora, de carácter bonachón y bienintencionado, un militar de honor, que pese a sus muchos defectos personales y errores pretendía el progreso de España, el bien común tal como lo entendía, y que se enfrentó con energía a los desafíos de entonces. Así el problema de Marruecos, la cuestión social, el fomento con un ambicioso plan de obras públicas así como la constitución el monopolio de petróleos adscrito a Hacienda para promover la soberanía e industria energética españolas, la reforma de la administración sobre todo la local y el separatista, ya convertido en endémica desgracia española.

La carrera del doctor falsario resultaría ser mucho menos heroica. Se consolidó gracias a los prostíbulos de su mecenas y benefactor suegro, el famoso Sabiniano, una especie de Epstein a la española. Posee un desparpajo insuperable para mentir y envolver la realidad hasta dar la vuelta a su conveniencia a cualquier calamidad que sus terroríficas acciones provoquen. Una capacidad de actuación digna de Oscar o al menos de su servil imitación autóctona, de Goya.
Ante la creciente anarquía de entonces el propio Alfonso XIII llegó a pensar en erigirse personalmente en dictador, sin embargo, Maura le disuadió aconsejándole que para quedar menos expuesto encargase la dictadura a un militar de prestigio. Descartado el general Aguilera por un inoportuno incidente con Sánchez Guerra el puesto recayó en Primo de Rivera a quien el rey encargó formar gobierno.
Las acciones de gobierno de ambos son opuestas, Primo era un patriota y hombre de honor que no robaba, que se sepa, aunque por su formación y personalidad mucho más torpe en dialéctica. La Dictadura fue bien recibida al principio por el hartazgo del parlamentarismo dinástico anterior que tenía la ciudadanía pero tuvo el error entre otros de no convocar unas cortes constituyentes para consolidar su labor dotándola de renovada legalidad constitucional. También hubo de hacer frente a importantes maniobras desestabilizadoras tanto en el interior como procedentes del extranjero. Así, la especulación contra la peseta o las insidias desestabilizadoras de las transnacionales petroleras perjudicadas por la creación del Monopolio de Petróleos, en una línea no muy diferente de la luego sufrida por el reformador primer ministro Mossadeg que nacionalizar el petróleo iraní lo que provocaría un golpe de Estado imperial inglés. En parte el fracaso se debió también a las propias intrigas palaciegas de Alfonso XIII confirmando una vez más que los Borbones no son dignos de confianza y llevan el estigma de la traición en sus conductas.
Las formas actuales de dictadura ya no muestran uniformados de yelmo con plumero y se encubren bajo un disfraz «democrático», incluso hay votaciones y ciertas formas más o menos hipócritas para despistar o confundir al respetable público pero controladas desde el poder plutocrático. No hace falta insistir, del falsario y de la decrepitud del régimen borbónico filipino ya parece que estaría todo dicho y basta con mirar con los ojos bien abiertos en un intento de abrir también el entendimiento para comprender la realidad.
La moraleja histórica es que don Alfonso XIII tuvo que salir a un merecido exilio al poco de la caída del dictador. Sin embargo, el falsario carece del sentido del patriotismo o del deber de don Miguel y no parece que esté dispuesto a irse de ninguna de las maneras. Pero don Felipe VI se muestra como incapaz de comprender la gravedad de su posición y de lo que pasa, o quizás como si estuviese resignado a unir su propia suerte a la del valido.
¿Y de la voluntad, qué me dice?
Pues eso, que falta. Y no parece que vaya a suceder nada que cambie el proceso de servidumbre en el que nos encontramos antes de que el cepo se cierre, con o sin IA.
Si quieres colaborar con nosotros puedes hacerlo por: 💸📲 Bizum: 640 702 072 PayPal a: paypal.me/FJavierVillacorta (http://paypal.me/FJavierVillacorta) 💳 Todos nuestros canales en Telegram 👇👇👇 👉 El Diestro https://t.me/ElDiestro 📢 👉 El Diestro TV https://t.me/eldiestrotv 📺 👉 Lo que no te cuentan las televisiones https://t.me/LoQueNoTeCuentanLasTelev 📰 … 👉 Javier Villacorta (Canal de Refuerzo) https://t.me/JavierVillacortaED 🗣

