Por Alfonso de la Vega
Uno de los grandes enigmas del Universo, cosmologías aparte, es el de la suicida inacción de las víctimas ante el avanzado proceso de destrucción de la civilización, de los derechos civiles, de la Cultura y del bienestar, en el que hoy nos encontramos provocado por el Poder con la complicidad en su extremo más exacerbado de la ignara criminalidad de las masas WOKE en una especie de furor iconoclasta. Un hecho histórico que en tal aspecto cabe calificar de insólito, como es también inédito que el Poder pretendidamente legitimado por la “democracia” en casi todo lugar se haya convertido en el principal enemigo de la gente ¿Qué pasó con el derecho a la Resistencia? ¿Y con la justificación católica del tiranicidio?
Nos aseguran que vivimos en una democracia, “el mejor sistema de gobierno que contemplan los siglos”, pero el caso es que los dirigentes supuestamente “democráticos” por su elección, suponiendo que hubiere sido limpia, en la realidad obedecen órdenes de una plutocracia completamente descontrolada y apenas conocida. El fenómeno es prácticamente universal. Así, por ejemplo, el despotismo sin ilustrar de la UE, un descarado patio de monipodio en beneficio de toda clase de grupos monopolistas o incluso delictivos.

No nos va a quedar más remedio que dar la razón a Platón cuando pensaba que la democracia era la antesala de la tiranía. Puede observarse de modo emblemático en la evolución de la república americana tras dos siglos y medio de historia. Es triste comprobar cómo los esfuerzos de los padres fundadores de la Patria por dotarla de un sistema de control del Poder que promocionase el mérito e impidiese la tiranía no funcionan cuando lo que más parece fallar es la gente, el elemento humano, incapaz de resistirse a la ambición, la codicia, la envidia, el resentimiento social, la ignorancia, la estulticia e incluso, en algunos casos los vicios más abominables que pueden emplearse para el chantaje de la clase político empresarial dirigente. Según diversas publicaciones americanas los congresistas dependen de un poderoso grupo de presión que les quita y pone mediante financiación por lo que deben atender prioritariamente a los intereses de una potencia extranjera. El problema no solo es del diseño y regulación de las instituciones políticas sino de tipo sociológico y al cabo, psicológico y moral. El propio Jefferson para justificar su confianza en la constitución decía: ”Nuestra confianza no nos puede engañar mientras seamos virtuosos, y lo seremos mientras la agricultura sea nuestra principal preocupación”. Aunque siga siendo cierto lo de “sine agricultura nihil” ahora la actividad económica está ya muy lejos de eso y si no que se lo digan a Wall Street, el Deep State o el conglomerado militar industrial.
Alguna explicación sobre lo que ha venido ocurriendo es posible encontrarla en la historia del pensamiento. Para empezar podemos traer a colación la importante reflexión de un compatriota, Donoso Cortés: “Cuando hablamos de la libertad del hombre, no hablamos sólo de aquella libertad particular y contingente que suelen otorgar las constituciones políticas sino también de aquella otra altísima, incondicional, universal, completa y absoluta que reposa en el escondido santuario de la conciencia humana; que está allí porque Dios la puso allí con su propia mano fuera del alcance de la tiranía, y lo que es más, fuera de su propio alcance…”
Pero más allá del plano metafísico en su Política Aristóteles nos explica que los sistemas políticos que existen o puedan existir pueden clasificarse conforme a dos criterios al menos. En atención a quienes sean los depositarios de la soberanía y quienes sean beneficiarios de su ejercicio. El primer criterio nos permite observar que puede ser uno, unos pocos o los muchos los que gobiernen. Cuestión que posee consecuencias más profundas pues al cabo tiene que ver con la riqueza en la sociedad: Pueden ser pocos (suelen ser los “ricos”) o muchos (suelen ser los “pobres”).
El segundo criterio tiene que ver con la finalidad del gobierno. Si se gobierna en beneficio propio del gobernante o de la comunidad. Los regímenes o sistemas políticos que obedecen a este última finalidad: gobernar para beneficiar a la comunidad son todos ellos justos. Y los anteriores, injustos.
Si se combinan ambos criterios se puede hacer un cuadro con seis alternativas básicas: Tiranía, oligarquía y democracia. Monarquía, aristocracia y república o politeía. Se deduce que la república o politeía aristotélica es lo opuesto a la tiranía. Un gobierno de los más dirigido al bien común. Se trataría de una democracia en la que los “pobres” gobiernan en beneficio no solo de ellos mismos sino de todos, absteniéndose por ejemplo de confiscar el patrimonio de los” ricos”.
De singular interés y actualidad resulta su apreciación del papel de las finanzas. Aristóteles considera que “muy razonablemente es aborrecida la usura, porque en ella la ganancia procede del mismo dinero, y no de aquello para lo que éste se inventó”. Una de las batallas perdidas en el proceso de desnaturalización de la inicial república norteamericana es la del control del antiguo Banco de los Estados Unidos y luego de la mal llamada Reserva Federal, Con el ejemplo del sabio Tales de Mileto expone “un principio general de crematística: asegurarse, siempre que uno pueda, el monopolio”.

En su Ética a Nicómaco critica a “los que se dedican a ocupaciones degradantes, como por ejemplo, la prostitución y otras semejantes, y los usureros que prestan cantidades pequeñas a un interés muy elevado. Todos estos toman de donde no deben y cantidades que no deben. Parece que es común a todos la codicia, pues soportan el descrédito por afán de ganancias, por pequeñas que sean. Pues a los que toman grandes riquezas de donde no deben, como los tiranos que saquean ciudades y despojan templos, no los llamamos avariciosos, sino más bien malvados, impíos e injustos. En cambio el jugador, el ladrón y el bandido están entre los avariciosos pues tienen un sórdido deseo de ganancias. En efecto, unos y otros se dedican a esos menesteres por afán de lucro y por él soportan el descrédito, unos exponiéndose a los mayores peligros a causa del botín, y otros sacando ganancia de los amigos a quienes deberían dar. Ambos obtienen ganancias por medios viles. Al sacarlas de donde no deben, y todas estas adquisiciones son modos ávidos de adquirir”
No deja de asemejarse a lo que hoy ocurre con la hegemonía de las finanzas y de los intereses imperiales por encima de cualquier otra consideración no ya la de libertad sino incluso la economía real que satisface las necesidades de la gente.
Pero si cabe distinguir entre conductores y conducidos ¿cuál es la responsabilidad de las masas en lo que pasa? ¿están siempre condenados a ser traicionados y condenados al fracaso los MAGA?
Interesante e inquietante pregunta que merece respuesta detallada, pero cabe adelantar alguna hipótesis porque, como ya hemos indicado al principio, en algunos aspectos nos encontraríamos ante un fenómeno novedoso. Las causas de la actual impasibilidad ante los ataques desde el Poder ¿serían espirituales o materiales?
El pasotismo suicida del hombre actual ¿obedece a alguna mutación en el plano psicológico y moral o es víctima de algún tipo de intoxicación?
(Continuará)

