La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha planteado públicamente una pregunta incómoda: ¿qué se esconde bajo tierra en la calle Guatemala número 24 de la Ciudad de México? La respuesta, según el historiador Xavier Padilla, es tan impactante como reveladora: una imponente torre circular de cráneos humanos conocida como tzompantli, construida por los aztecas (mexicas) como parte de su “industria del sacrificio humano”.
Se trata de una estructura de 4,7 metros de diámetro, formada por más de 600 cráneos empotrados en una plataforma de argamasa, cal y piedra de tezontle. Este monumento funerario y ritual se remonta al reinado del tlatoani Ahuízotl (1486-1502), el octavo emperador mexica, y constituye uno de los testimonios más directos y perturbadores de las prácticas religiosas del México precolombino.
¿Qué se esconde bajo tierra en la calle Guatemala nº 24 de Ciudad de México, como lo ha preguntado la presidente de la Comunidad de Madrid, @IdiazAyuso?
Se esconde esto: una torre circular de 4,7 metros de diámetro, llamada TZOMPANTLI, hecha por los aztecas con más de 600… pic.twitter.com/SBnl8rVvv2— Xavier Padilla — X. P. (@xavierpadilla) May 14, 2026
El tzompantli no es una leyenda ni una exageración: su descubrimiento arqueológico en 2015 confirma de manera contundente los relatos dejados por los cronistas españoles del siglo XVI. Tanto Bernal Díaz del Castillo, testigo presencial de la conquista, como fray Bernardino de Sahagún y Andrés de Tapia describieron con detalle estas torres de cráneos, explicando que servían para exhibir los trofeos de las víctimas de los sacrificios humanos masivos realizados en honor a los dioses mexicas, especialmente Huitzilopochtli.
Lo más llamativo del caso es que, a pesar de tratarse de un patrimonio precolombino de enorme valor histórico y arqueológico, el gobierno mexicano mantiene el sitio cerrado al público desde su hallazgo hace ya más de una década. No se ha habilitado ninguna visita, ni se ha construido un museo o centro de interpretación que permita a los mexicanos y a los turistas conocer de primera mano esta parte oscura y fascinante de la historia azteca.
El tzompantli de la calle Guatemala forma parte del complejo del Templo Mayor y representa un testimonio físico irrefutable de una práctica que, según las crónicas, alcanzó dimensiones industriales en la época de Ahuízotl. Su existencia desmonta cualquier intento de romanticizar el pasado prehispánico como una era idílica y pacífica, recordando que las grandes civilizaciones mesoamericanas, como tantas otras en la historia de la humanidad, también construyeron su poder sobre rituales de sangre y muerte.
Mientras en otros países se exhiben con normalidad osarios medievales o restos arqueológicos de culturas antiguas, en México este tzompantli permanece literalmente enterrado y oculto a la vista del público. La pregunta de Isabel Díaz Ayuso ha vuelto a poner el foco en un debate incómodo: ¿por qué un hallazgo arqueológico tan relevante sigue sin estar al alcance de la ciudadanía once años después de su descubrimiento?
El tzompantli de Guatemala 24 no solo confirma la veracidad de los relatos españoles del siglo XVI, sino que nos obliga a mirar de frente una página de la historia mexicana que, por incómoda que resulte, forma parte inseparable de la identidad de la Ciudad de México y de todo el país.


