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Prebost y la impostura

Por Alfonso de la Vega

Antes de comentar otras intervenciones de Prebost relacionadas con la historia y la filosofía medieval española o el archisobado cuento falsario de la convivencia de la tres culturas y la defectuosa selección de personajes, no querría dejar de opinar sobre su insólito sermón en sede parlamentaria, que ya que apenas aprueba leyes ni menos presupuestos generales del Estado aunque se dedica a estos farisaicos menesteres antes de proseguir con sus desaguisados. En una primera intervención había felicitado a España pero no tanto por su fe u otrora descomunal labor evangelizadora de medio mundo, logrando así que el Catolicismo no terminase siendo una reducida facción religiosa, ¡sino por su multilateralismo y cumplimiento de la legalidad internacional!

Pero la verdad es que aunque aún no termino de entender del todo al personaje. Parecería una persona limitada, tímida, o que disimula muy bien sus segundas intenciones si es que las tuviere. Sin ánimo de ofender es como si le viniese demasiado grande el cargo, sobre todo después del desastre tan difícil de recomponer que dejó el heresiarca argentino. O quizás teme que le pueda pasar lo que al pobre Albino Luciani. No se entiende la oportunidad de visitar a España precisamente ahora, lo que sirve de balón de oxígeno al investigado ateo y liberticida gobierno de Su Católica Majestad y, más en general, al propio corrompido régimen borbónico que viene descristianizando la sociedad española.

Tampoco se entiende su programa de visitas. Hay tiempo para visitar el reconocido centro de supremacismo separatista y pederastia catalán de Montserrat pero no en cambio, el Valle de los Caídos, centro católico cuya monumental cruz, joya de la arquitectura española, dedicado a la reconciliación que está ahora gravemente amenazado por la vesania socialista. Aún peor: mientras peroraba en el parlamento su discurso político las maquinas enviadas por el gobierno empezaban sus primeras actuaciones de demolición. Todo un acto de hipocresía general del auditorio y de inconsciencia o cobardía por su parte al no mostrar su rechazo. La casta aplaude durante varios minutos mientras por otro lado se burla del personaje y de su mensaje.

A Prebost se le olvidó realizar un oportuno exorcismo urbi et orbi. También, desde el punto de vista internacional, la condena de las persecuciones religiosas de cristianos a manos de musulmanes y sionistas. Si bien tuvo el acierto de ligar la acción política a la moral según fuera tradición española no parece que sea el teórico centro de la supuesta soberanía nacional el lugar adecuado para este tipo de reuniones porque lo espiritual no debe subordinarse a la singularidad de mensajes contingentes como por ejemplo el de renunciar de modo suicida a protegerse de las invasiones.

Y porque, con carácter más abstracto, de algún modo puede considerase una legitimación de las pervertidas instituciones de la Monarquía. Sería más coherente que hablase en un templo católico sobre lo numinoso, lo sagrado, o en lo político, al menos en una explanada ante las gentes asistentes de la nación. Sí, a la nación, a la gente, que no al corrompido e hipócrita Régimen que tiene en el palacio de la carrera de San Jerónimo uno de sus patios de Monipodio. Pero Prebost parece querer resaltar su faceta política institucional como Jefe de Estado más que como maestro espiritual de una importante confesión religiosa, hasta la política borbónica dominante en España. De ahí su paradójica, ignoro también si consciente, colaboración para proteger o legitimar al desquiciado Régimen del 78, causante de la descristianización de la sociedad al atentar contra sus bases morales tradicionales, lo que éste le agradece y le brinda una acogida plena de hipocresía. Un Régimen que cuando se vaya Prebost se dispone a seguir a lo suyo.

De no reinar la impostura, lo natural es que Prebost insistiera en esa condición metafísica de la libertad ligada a lo numinoso, a lo sagrado en el santuario de la conciencia del hombre. Pero en el parlamento se presta más a lo contingente, lo político. Y es paradójicamente aplaudido por toda una corte de los milagros de los que probablemente el propio Lot no encontraría apenas honrado a quien salvar. No exagero, contra o indicado por Prebost, en su perversión moral califican al aborto o la eutanasia como derechos progresistas. Pero aplauden durante siete minutos ¡serán cínicos!

Al no insistir en los logros de la Escuela de Salamanca o en la tradición católica de protección de los derechos de gentes, ni exigir de modo claro y contundente la protección del patrimonio artístico sagrado, como la basílica y gran cruz del Valle, el discurso resulta ambivalente e incluso lo pudiera suscribir cualquier enemigo del Cristianismo y de la Nación española como P.S.

Está bien repetir la famosa cita cervantina sobre la libertad pero no hubiera estado de más profundizar en la diferencias entre el concepto de liberalismo español y el anglojudío, opuestos en la teoría y en práctica.  O analizar hasta qué punto se cumplen en esta ínsula desbaratada por cortesanos, ladrones, agiotistas, pícaros, hipócritas, putas, leguleyos o Pedros de Tirteafueras, los sabios consejos de Don Quijote a Sancho gobernador. Sin embargo, la cosa me recuerda otra aventura, muy triste, del Quijote, cuando el tan bien intencionado como inexperto caballero exige al amo del infortunado Andresillo que deje de golpearle cruel y cobardemente. Así se lo promete muy serio el bellaco para seguir dándole de palos una vez alejado su frustrado e ingenuo protector.

Prebost tampoco va a visitar centros emblemáticos como Covadonga donde empezó la Reconquista contra la anterior invasión islámica, ni Compostela la gran meta de peregrinación medieval con su poco políticamente correcto Santiago Matamoros, ni Toledo con la Primada, por citar algunos. No obstante, el fin del periplo está programado para Canarias que sufre tremendas oleadas de invasiones en lo que constituye una de la mayores amenazas para la España actual, su bienestar, social, económico e incluso de identidad espiritual y nacional. Un hipócrita «soluciones vendo que para mi no tengo», dada la férrea política anti intrusos del Vaticano. «Obras son amores» y el caso paradójico es que la Iglesia Católica que se permite chantajear emocionalmente a la gente común posee miles de casas rectorales, palacios episcopales y dependencias residenciales donde alojar si quiere a tanto supuesto menesteroso, pero no lo hace lo que supone una grave impostura. 

Pero bueno. Al menos en el momento de redactar estas líneas no ha habido ningún otro desastre o calamidad que lamentar.

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