Por Alfonso de la Vega
No puedo por menos que trasladar mi más sincero pésame a mis sufridos amigos de Extremadura. Coincidiendo con el vistoso cortejo nupcial de las avutardas cuyos machos, los barbones, exhiben sus mejores mañas para seducir a las hembras en celo, por desgracia, en este día tan triste y aciago se pone fin a la felicidad y tranquilidad que proporcionaba la tregua sin gobierno regionalista. Un periodo benefactor que ha demostrado por si quedase alguna duda que las autonomías son un invento diabólico introducido por nuestros enemigos para mejor arruinarnos, impedirnos prosperar y levantar cabeza. En efecto sin el funcionamiento del tinglado autonómico se vive más libre, barato y mejor: las cosas han discurrido con mucha mayor tranquilidad y en mayor comunión con la naturaleza sin que se perpetrasen nuevas normas y regulaciones a mayor ruina del empresario y devastación moral de la desquiciada ciudadanía regional. Incluso la providencia divina también lo ha celebrado a su modo: ha llovido más de lo habitual como si fuese un regalo del cielo renovando el tapiz vegetal de las dehesas en una florida primavera de esperanza. Pero al final no hubo remedio.
Propongo la extensión urbi et orbi de este audaz experimento político civilizatorio revolucionario del sin gobierno. Qué haya votaciones si se quiere cada ciertos lustros para mantener la resiliencia renovable y en perspectiva de género del oneroso negocio parasitario pero desde luego sin formar gobierno ni perpetrar nuevas leyes.
Descanse en paz la tregua. Tus favorecidos no te olvidan.
Amén.

