Por David Azañón (Subinspector 87713)
Sería cómico si no fuera trágico. Ver a los sindicalistos policiales es hilarante.
Primeramente aclarar que ni la Policía Nacional, ni la guardia Civil, ni las policías independentistas, ni las locales, ostentan derecho a la huelga.
En segundo lugar, la Guardia Civil, como instituto armado de carácter militar, carece del derecho de sindicación pero sí con el derecho de asociación. Enésimo fraude de ley en España y con esto no quiero decir que deban carecer de tal derecho de sindicación sino todo lo contrario, es anacrónico que carezcan de tal derecho. Es tan anacrónico como la existencia de las casas cuartel.
Por el contrario, la Policía Nacional – policías independentistas y locales también – tiene reconocido el derecho a crear y afiliarse a sindicatos formados exclusivamente por policías.
Si todos conocemos a los archiconocidos comegambas
Todo Policía Nacional es conocedor de que que la provisión de puestos de trabajo que viene establecida por ley, – mérito y capacidad, igualdad, publicidad, objetividad, eficacia y necesidades del servicio, movilidad y carrera profesional -, es una falacia sideral tan grande como que Sánchez no iba a pactar con Bildu o como la de Feijoo sobre que el libro 1984 había sido publicado en 1984 o como la de Abascal sobre que Israel es el único país democrático de oriente medio o como la de Díaz sobre la reducción de la precariedad y la temporalidad en el empleo en España.
Yo mismo he sido testigo del mamoneo existente entre algunos comisarios y sindicalistas policiales. El pasteleo en la provisión de puestos de trabajo era criminal, el principio que lo regía era el de hoy por ti, mañana por mi o el de quid pro quo.
Uno de los ejemplos más paradigmáticos son las UPR, siglas de Unidades de Prevención y Reacción, también conocidas por Unidades de Policías Recomendados. El motivo de la denominación alternativa es simple, muchos policías han sido víctimas y testigos de cómo policías recién jurados o con méritos, capacidad y antigüedad inferiores, amigos del comisario o del sindicalista de turno, accedían a una plaza en tales unidades en detrimento de otros Policías Nacionales, con mayores méritos, capacidad y antigüedad, que llevaban años solicitando ser adscritos a las mismas y a los que les correspondía en virtud de la legislación vigente.
Esto también acontece en otras unidades sean o no de seguridad ciudadana. De las embajadas y condecoraciones policiales no quiero ni entrar porque sería para escribir otro libro al respecto.
En la actualidad hasta para ir a un radiopatrulla también denominados zetas, debes ser enchufado.
¿El premio?
El turno 6×6 consistente en seis días de trabajo (mañana, mañana, tarde, tarde, noche, noche) y seis días libres.
El turno 6×6 es un atentado contra la función pública. Es otra de las numerosas causas de la inseguridad ciudadana: la invasión, la estadística, la práctica inexistencia de expulsiones y el 6×6. El 6×6 hace que un policía entre de servicio pensando en terminar su turno y en no volver en una semana prácticamente.
Sin duda que todo trabajador tiene derecho al descanso pero con límites, me da exactamente igual que algunos discrepen o incluso me odien, están en su derecho.
Si son objetivos y mediata unos instantes de manera objetiva llegarán a la conclusión de que si un trabajador, sea o no servidor público, desconecta y que se olvida de su trabajo de forma habitual, no rinde. Es como estar yendo y viniendo de vacaciones constantemente. No conectas nunca.
Si se olvida de tal o cual modalidad delictiva o de tal o cual delincuente o de tal o cual víctima o de tal o cual reforma legal, procesal, etc. no está centrado en su trabajo, es un reseteo semanal que origina un menoscabo en la maltrecha seguridad ciudadana pero es que aquí no queda la cosa sino que el turno 6×6 también ha destrozado la investigación de la Policía Nacional.
Nadie, repito, nadie quiere ir a las unidades de investigación, sean de policía judicial o de información y como no existen delitos que investigar – nótese la ironía –, drogas, bandas juveniles, crimen organizado, corrupción, delitos económicos, ocupaciones, ciberdelincuencia, etc.
El citado turno debería ser eliminado y no lo digo yo solo sino muchos mandos competentes y trabajadores, de ese reducido porcentaje de profesionales que apenas alcanza el 20% de la Corporación, como sucede también en el resto de la administración. El famoso 20% del principio de Pareto.
Para mayor escarnio, existen sindicalistas policiales, algunos aparecen en TeleMandril, Mentira3, Telecirco, Cuatreros, Sectarios, etc. que han ascendido ¡siendo liberados sindicales! desde la escala básica, segunda categoría, a la escala ejecutiva, inspector o inspector jefe, ¡CON UN PAR DE COJONES!
Tipos que no han visto un malo ni en foto, que no han visto un chorizo ni en una charcutería. Es repugnante, es asqueroso, es indignante. La corrupción está extendidísima mires por donde mires en la administración que fuere.
Yo mismo fui representante sindical hasta que vi lo que allí se cocía. Del asco que me dieron salí corriendo: liberaciones de servicio eufemismo de días libres por la cara, baremo como si fueras un GEO, ascensos, condecoraciones y, para los elegidos en las cúpulas, complementos extra en sus retribuciones que provocarían linchamientos si muchos se enteraran de las cuantías.
Por añadidura les haré partícipes de cuestiones que he vivido con sindicalistas policiales, conste que he tratado con todos ellos, con los de toda la vida y con los de reciente creación. No sabría decir cuáles con peores.
Les puedo hablar de casos de acosos laborales y sexuales que han tapado bajo el hipócrita pretexto de no dar mala imagen de la Corporación.
Siempre aconsejo a todos los Policías Nacionales que jamás, bajo ningún concepto, se pongan en manos de abogados de sindicato alguno, salvo que les resulte indiferente su futuro profesional o su libertad.
Por enésima vez debo repetir el caso, que no es habitual aunque sí paradigmático, en el que me vi inmerso, un tiroteo con dos muertos en el que yo abatí al homicida de otra persona.
Amigos míos abogados de reconocido prestigio profesional hicieron la mítica de invitar a los abogados del sindicato policial a comer y beber, lo de las putas ya no lo recuerdo bien.
Ya entrada la madrugada la respuesta de los abogados del sindicato policial a mis amigos y letrados fue a nosotros nos da igual si le condenan o no por homicidio, nosotros vamos a facturar al sindicato y si le condenan bien y si no también.
También puedo hablarles de abogados de sindicatos policiales que han aconsejado a policías que, sin haber cometido infracción disciplinaria o penal alguna, se declararan culpables en un procedimiento disciplinario a sabiendas del abuso e ilegalidad de la conducta de algunos mandos policiales. Les estoy hablando de amenazas y otras conductas delictivas.
El caso es que hoy se han manifestado en Madrid los sindicatos policiales solicitando la equiparación salarial, esa que no llegará ni repitiendo los abusos e ilegalidades que se cometieron durante el anticonstitucional estado de alarma. Todavía no han pedido perdón por no cumplir con la LO 4/81 y consecuentemente con la LO 2/86 pues se pasaron los principios básicos de actuación por el forro. Tampoco hablan de los policías prácticamente obligados a inocularse y de los efectos secundarios de tales sustancias como cardiopatías, menstruaciones eternas, dolores de cabeza constantes, etc.
Y es que muchos Policías Nacionales no aprenden, los maricomplejines no les equipararán aunque vuelvan a la Moncloa, no se acuerdan del barco Piolín.
Los voxistas, amigos de Israel y de Marruecos, tampoco harán lo propio. Los políticos buscan llegar al poder o mantenerse en él como bien me dijo un amigo, inspector jefe jubilado y ex asesor de un ministro del gobierno de Expaña.
La equiparación salarial que, sea como fuera, es justa solo tiene un camino: olvidarse de los sindicatos policiales, darse de baja de todos ellos, afiliarse es tan estúpido como votar, es otra carta a los Reyes Magos.
La equiparación se consigue cumpliendo la ley a rajatabla en los puestos fronterizos, haciendo colapsar las fronteras, haciendo caso omiso de las estadísticas policiales y, sobre todo, denunciando todo acto de corrupción, especialmente a todos los que conciernen a los políticos y a la estirpe hemofílica.
¿Acaso creen que los escoltas, de todos los políticos que han aparecido y aparecen en procedimientos penales por corrupción, desconocían las actividades de los mismos?

