jueves, febrero 26, 2026
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La enfermedad de Sánchez como estrategia de manipulación. ¿Es posible una verdad en las cloacas de la mentira?

Lo que sabemos hasta ahora, aunque no de manera oficial, sino a través de una exclusiva del periodista Miguel Ángel Pérez, publicada en su canal Medidas cautelares y en Libertad Digital es que el presidente Pedro Sánchez padece una dolencia cardiovascular que se está tratando desde hace tiempo en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid, y que está siendo atendido por el equipo de Cardiología que dirige el doctor José Luis Zamorano. Ante esta información, secundada por algún otro medio, ni la Moncloa, ni el hospital se pronunciaron al respecto. Es decir, ni desmentido, ni confirmación oficial.

Nuestro pensamiento al ver la noticia fue: “vaya, así tiene esa cara, que ya no se sabe si es el yerno de Sabiniano, un clon de película futurista, o un tipo con una máscara de látex”. Eso fue lo primero que vino a mi mente. Lo  segundo fue: “bueno, de una manera o de otra, a todo el mundo le llega su justicia y, además, ningún cuerpo es capaz de resistir tal dosis de estrés continuado”. ¡La Maldad surte sus efectos! También recapacité sobre su chulería innata y, aparte de que sus modales sean de matón pandillero de barrio, tanta prepotencia, a pesar de los delitos que acumula, no se entiende, y podríamos interpretarlo como una proyección de su propia debilidad. La siguiente fue –y no la descarto– que era una estrategia de sus “Ivanes Redondos” de turno, tan avezados en manipulación de masas, para provocar un sentimiento de pena, y así minimizar la crítica, y, por otro lado, capitalizar las afrentas del adversario. La sociedad no perdonaría que periodistas y políticos continuasen apaleando a un pobre enfermito. Ni siquiera los jueces se atreverían a imputarlo, cosa que está viendo venir, y mucho menos a meterlo entre rejas. Es decir, la jugada de transmutar la indignación ciudadana en compasión y culpa.

En virtud de este análisis, caben dos interpretaciones: primera, que, en efecto, Sánchez tiene una dolencia cardiovascular, con su tratamiento correspondiente, y acude regularmente al cardiólogo; y segunda, que no existe tal enfermedad y solo se persigue un efecto victimista.

Continuamos con el razonamiento: a Sánchez le caen por todas partes y no sabe dónde meterse. Le abuchean, le silban, le insultan, viéndose obligado a salir corriendo protegido por sus escoltas. Si no fuera así, acabaría linchado. No es de extrañar que, en lugar de estar al pie del cañón, prefiera contemplar de lejos el desmoronamiento programado de España, y se apunte a viajes y cumbres internacionales para mantenerse ocupado y tener justificación, al tiempo que hace amigos de países lejanos por si tuviese que huir. Ojo, cuando el sistema cardiovascular anda flojo, se desaconsejan los vuelos largos. ¡Y a Nueva Delhi, donde estuvo hace unos días, son once o doce horas, dependiendo del viento!

La estrategia de la condolencia en situaciones límite casi siempre es rentable. Vamos a explicar cómo funciona este mecanismo con un ejemplo. Cuando a alguien le van bien las cosas, es rico, gana un premio o es muy poderoso, salvo excepciones, suele generar cierto resquemor. El éxito genera envidia entre los espíritus más ruines y menos afortunados e incluso entre los que tienen suerte. Frases cargadas de desazón, como “qué potra tiene este, todo le sale bien”, son muy corrientes. La envidia, además de ser un pecado capital y uno de los vicios del alma según los clásicos, es un desequilibrio psicológico motivado por la comparación, que esconde emociones de baja autoestima, incapacidad y frustración. Es un sentimiento dañino, no solo para quien la siente, sino para el sujeto envidiado. No voy a explicar ahora por qué, pero es una realidad. En cambio, si alguien es exitoso, pero tiene una enfermedad grave, el animal humano empatiza con su desgracia. El sentimiento es: “tiene suerte, pero el pobre está muy enfermo y no puede disfrutarlo”. Léase enfermo, arruinado o cualquier otro inconveniente grave. De hecho, actualmente, es un ardid empleado por algunos youtubers para conseguir seguidores y monetizar el canal. ¡Dar pena casi siempre es rentable! Estamos hablando de características humanas generales, lo cual no quiere decir que todos sintamos envidia de los logros de otros. Algunos se alegran y festejan, aunque, por desgracia, los menos. Por eso, como protección, no conviene hablar demasiado de los éxitos, salvo con quienes realmente nos quieren bien.

Dicho esto, volvamos al asunto mollar: ¿Qué estrategia podría emplear el equipo de Sánchez para minimizar la crítica y provocar la compasión de los ciudadanos? Demostró ser tan maligno y lo está haciendo tan mal, que solo una enfermedad podría atenuar la tirria social que él mismo ha ido inoculando. ¡Y hay que reconocer que una dolencia cardiovascular tiene mejor pronóstico que un cáncer de páncreas! Muchas personas tienen afecciones cardiovasculares, presión alta y arritmia como consecuencia del estrés de la vida cotidiana. ¡Quién no toma hoy su pastillita a partir de cierta edad, la de Sánchez, por ejemplo! Y, en su caso, mejor que anunciarlo oficialmente en una rueda de prensa o a través de un comunicado con crespones negros a todos los medios, ¿por qué no mediante una filtración a un periodista independiente que publica en lo que ellos llaman un seudomedio de la derecha, como Libertad Digital? Es decir, un sí, pero no; está dicho, pero yo no he sido. Quizá fue un globo sonda para calibrar reacciones. Con esta gente nunca se sabe, porque siempre nos llevarán ventaja. Son capaces de cualquier cosa, y todo lo imaginable es posible. ¿Pudo Medidas cautelares haber sido engañado?

Al día siguiente de la noticia, visioné el canal de Miguel Ángel, al que estoy suscrita y recomiendo. Informa muy bien sobre los pormenores de las noticias jurídicas. (En su canal solemos seguir las comparecencias en las comisiones del Congreso y, en su día, las declaraciones del hermanísimo y toda la plana mayor de la Diputación de Badajoz en el juicio oral del caso del músico). Y eran de traca.

El periodista estaba dolido y quería ajustar cuentas con los medios por la escasa difusión que había tenido su exclusiva. Se extrañaba de la reacción de medios “amigos”, no adscritos al régimen, como El Debate o The Objectif, aunque también agradeció a quienes se hicieron eco, como Periodista Digital, OkDiario y otros. Dijo que llevaba tiempo investigando sobre la enfermedad de Pedro Sánchez y lanzó que el presidente podría tener otras dolencias. Esperemos que esto no le traiga ningún contratiempo al periodista. Intuimos que este canal debe ser un dolor de cabeza para Sánchez y su tropa, porque informa de todo lo que se afanan en ocultar. 

Hoy, en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo le preguntó a Félix Bolaños si el presidente tenía un problema de salud, y le pidió que lo desclasificaran, haciendo un juego lingüístico con la desclasificación de los archivos del 23-F, otro de los temas debatidos hoy. El ministro y portavoz, salvo decirle que había caído muy bajo y otras lindezas como acostumbra, no le dio ninguna respuesta. ¡Pero rentabilizó con victimismo la pregunta pertinente de la diputada del PP! ¿Qué pensar? ¿Está Sánchez enfermo o pretende que lo creamos? ¿Tiene una dolencia, común hoy, y la está exagerando en su beneficio? Si lo está y no es un bulo que le han colado a Miguel Ángel Pérez, ¿por qué la prensa no habla de ello?  ¿Quizá porque no es oficial?

Ante la posibilidad de que el máximo representante del país estuviese enfermo, cabe preguntarse si se trata de una cuestión pública o privada. Pero la lógica y el sentido común son tan evidentes que la pregunta no tiene objeto. Sin lugar a dudas, es un tema público.

No obstante, llama la atención que Pedro Sánchez resista tanto, que persista en su cabezonería de seguir, que no sea capaz de dimitir. La verdad es que está hecho una piltrafa. ¿Qué o quién lo retiene? A pesar de su perfil exageradamente psicopático, no creo que tenga un solo momento de sosiego. ¿A quién sirve, en realidad? He ahí el quid. Pedro Sánchez está enfermo, muy enfermo, casi terminal, pero nada le arreglará el cardiólogo. Su enfermedad es del alma. Es el resultado de vivir apartado de la luz y de Dios, profanando tumbas, derribando cruces, poniendo multas a los que rezan, sirviendo al Maligno.

*Psicóloga, periodista y escritoraa

Puedes contactar conmigo en:
magdalena@laregladeoroediciones.com

Magdalena del Amo
Periodista, psicóloga, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.
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