lunes, abril 27, 2026

Panorama

Por Alfonso de la Vega

En este año que comienza son muchas las incertidumbres de futuro tanto en el nivel europeo cuanto en el propio reino calamitoso de España. Ambas cuestiones están mucho más íntimamente relacionadas de lo que se suele admitir. La situación mundial parece observar dolores de parto de algo nuevo. El Imperio USA también está en crisis de identidad e incluso de supervivencia según algunos observadores de la Geopolítica. La UE, devenida en dictadura ruinosa, ha traicionado a sus pueblos y ni siquiera disimula el deseo de provocar una guerra generalizada completamente devastadora. Aquí, en el Reino de España, nos encontramos ante un Estado fallido y ruinoso en descomposición de difícil o imposible arreglo desde dentro del propio corrompido régimen. 

También hace un siglo la situación en toda Europa era bastante turbulenta. La crisis del sistema parlamentario liberal atrajo la tentación de buscar otras soluciones de mayor o menor alcance sustitutivas al menos temporalmente de las llamadas democracias. Así, por ejemplo, en Alemania el auge del nacional socialismo procedente del Partido Obrero Alemán de Hitler; en Italia de una variante del partido Socialista, el fascismo de Mussolini; en España la más suave y parcialmente beneficiosa de de todas por no ser socialista, la dictablanda de Primo de Rivera patrocinada y apoyada por el propio rey Alfonso XIII. De modo que nuevamente regresan ciertos fantasmas históricos que creíamos superados y desaparecidos. El desempeño del actual titular de la Corona aún resulta más lamentable que el de su bisabuelo, ahora entregados los trastos de reinar a un valido con vocación dictatorial que como infiel y desleal administrador de bienes ajenos está desmantelando la herencia espiritual y material del reino en beneficio propio y de sus más desahogados secuaces. 

La Historia nos enseña que la cosa no terminó bien para los protagonistas, muerte o exilio, en el caso de los reyes promotores o consentidores implicados su destino fatal fue la abdicación.  

El rey Víctor Manuel III nombró al antiguo dirigente socialista Benito Mussolini primer ministro en 1922 tras las Marchas sobre Roma, permitiendo el ascenso del fascismo, y luego fue quien lo destituyó y arrestó en 1943 desencadenando una guerra civil y más tarde su propia abdicación. Todo al revés de su deseo de proteger su corona por encima de todo. Su reinado estuvo marcado por su aquiescencia inicial al poder de Mussolini para mantener su trono y privilegios, y su posterior intento de salvarse al unirse a los aliados, piruetas oportunistas que le costaron el fin de la monarquía. Víctor Manuel III también era un personaje débil, un títere en manos de Mussolini, que priorizó su corona sobre los principios, tolerando y beneficiándose del fascismo hasta que fue insostenible. El dictador socialista mostraba alguna deferencia formal hacia el rey pero usó su posición para desmantelar la democracia y establecer un régimen totalitario, con el apoyo tácito o explícito del monarca. Víctor Manuel III fue el rey que abrió la puerta al fascismo y quien cerró el ciclo fascista también con su propio trono, ya que su ambigüedad y fallido cálculo político terminaron con la monarquía italiana. La semejanza con la presente situación española cambiando «socialismo fascista» por «socialismo WOKE» es tan obvia que se hace sola. 

Otro caso ejemplar, esta vez de la propia Historia de España, es el de la dictadura del general Primo de Rivera patrocinada por voluntad real de la que ya hemos tratado en otros textos. Aunque existen importantes diferencias con la actual cesión real de las instituciones borbónicas. 

Una de ellas es la voluntad real. La de don Miguel fue iniciativa de Alfonso XIII; ambos murieron abandonados en el exilio, mientras que la actual estaría promovida por iniciativa del propio valido trasmutado en dictador fáctico que actúa de espaldas al Parlamento sin ni tan siquiera presupuestos presentados ni menos aprobados, con el consentimiento del servil rey que se comporta como un imbel. Otra, el patriotismo, demostrado en el caso del general Primo de Rivera y, pese a todos sus defectos y errores, presumible en el de Alfonso XIII, quien coincidía con el actual en la ausencia del padre pero no en la mala influencia de su consorte. También las mejoras o logros en aspectos relacionados con la Hacienda, la vida municipal, la creación de infraestructuras, la potenciación de la escolarización o el fomento de la industria nacional, sin olvidar el acabar con la guerra del Rif. Otra diferencia es la forma de hacerlo, con nuevas tecnologías. Ya no hace falta decretar el fin de la constitución ni menos mostrar un gobierno con uniformes, entorchados y yelmos con vistosos plumeros sino que con la complicidad real se vacía de contenido, ocupando progresivamente las instituciones por secuaces tatuados y desarrapados o pícaros puestos de limpio y haciendo trampas cuando y donde sea preciso. Pero otra cuestión, y quizás la más grave y difícil de superar de todas, sea la de la deuda odiosa que además de dificultar la dedicación del esfuerzo presupuestario a partidas beneficiosas para la sociedad dificulta o impide el ejercicio de la soberanía y nos condena a la servidumbre y la dependencia.

¿Cómo terminará esto? No sé. Me temo que se nos vienen situaciones muy difíciles aunque las traiciones y felonías no se declaren o manifiesten de modo oficial y público como, por ejemplo, promoviendo referendos para la separación de Cataluña o Vascongadas o para la abolición de la Monarquía. Ni soy arúspice ni tengo a mano pájaros para destripar y consultar sus entrañas, ni bolita de cristal o mazo de tarot ¿La torre? ¿El colgado? ¿El loco? Sin embargo vienen resistiendo de modo público y notorio parte de la Judicatura y de la Guardia civil pero la situación institucional general se va deteriorando mientras el proceso avanza en el tiempo por lo que este año pudiera resultar decisivo para la suerte de España en la que también pueda influir algún importante acontecimiento internacional. 

¿Ruptura? ¿Reforma? la sociedad española es diferente a la de hace medio siglo, posiblemente más frívola o débil, peor en muchos aspectos tras la labor de descomposición nacional, cultural y espiritual realizada por la Monarquía que ha venido promoviendo la envidia igualitaria, la falta de identidad o de pertenencia una patria común que todos debemos cuidar e intentar mejorar. Tampoco disponemos ahora de otro don Torcuato Fernández Miranda que ingenie una solución de reforma desde la Ley a la Ley para intentar reconducir y vestir legalmente el cambio en ciernes pero si este proceso continúa cada vez parece más cercana la posibilidad del final de la Monarquía. Al menos la desempeñada por la funesta dinastía francesa que tantas desgracias ha ocasionado a nuestra patria. En todo caso, si no hubiera España ya no habría reino ni podría haber rey de España.

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