miércoles, abril 24, 2024
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Meditación de Semana Santa

Por Alfonso de la Vega

El nuncio de Bergoglio en España, un filipino llamado Bernardito Auza y Cleopas, ha realizado unas polémicas declaraciones en Ponferrada, la bonita capital berciana, cuestionando la utilización de la Semana Santa como reclamo turístico o espectáculo teatral. En lo primero, pudiera tener algo de razón el obispo pues al cabo se trata del signo de los tiempos, quizás una consecuencia en este aspecto del propio Concilio Vaticano II, padre de muchos de los desaguisados actuales. Pero no en lo segundo, que reflejaría un cierto desconocimiento de la historia del pensamiento religioso. Todo el universo de los antiguos misterios antecedentes de la actual celebración cristiana de la primavera. Ahora bien, debido al fenómeno mitológico simbólico que se suele llamar de «porfidización» tomando un término de la Geología, el espectáculo popular de procesiones y celebraciones asociadas es una manifestación espiritual que conecta con anhelos y profundas emociones y sentimientos. La conexión con un Todo ordenado y la superación de lo contingente.

Sabemos que las celebraciones primaverales antiguas se relacionaban con la vieja religión solar y el equinoccio de primavera. Según cada mito o culto mistérico particular un héroe o dios sufría pasión y muerte que recordaba el misterio de la vida a sus fieles y lo ligaba al resurgimiento o resurrección de la vegetación en el hemisferio boreal. Una forma de hilozoísmo, de redención y de concientización del Todo manifestado. El fuego, hijo del sol, también se renovaba como asimismo el cirio pascual en la celebración cristiana del sábado santo.

Estas cuestiones estuvieron presentes en el primitivo cristianismo en su varia concepción de Jesús y su proceso de separación del judaísmo hasta convertirse en una religión independiente y abierta a los gentiles. Proceso al que contribuiría impremeditadamente el emperador Tito al destruir Jerusalén el año 70 y, con la propia ciudad, los grupos rivales paulinos judeocristianos o ebionitas.

Es más, incluso San Pablo en su primera carta a los Corintios explica que el Espíritu habla o revela la sabiduría de Dios en forma de misterio. Una forma de revelación dramática, llena de afectividad, sentimiento y emoción. Los que hemos asistido a los misterios y procesiones de semana santa en muchos lugares de España,  podemos confirmar por experiencia el grado de emoción que se alcanza en algunos de ellos.

Su estética con sus antorchas, hábitos y capirotes, recuerda la de los cortejos astrales según lo describen algunos clarividentes. En ocasiones, la belleza de la conmovedora manifestación se refuerza cuando se manifiesta en hermosos ambientes como el de la ciudad monumental de Cáceres, que parece inspirado en el antiguo Jerusalén evangélico.

Se genera así una forma de singular conmoción, y el corazón conmovido mueve a la compasión. Y a la conexión con el mundo espiritual de los valores metafísicos. Un forma de lo numinoso. Al cabo, se revela algo difícil de comunicar mediante otro lenguaje. “El espíritu de Dios conoce la intimidad de Dios.”

En el lejano mundo mesopotámico de Sumer y Acad, origen remoto de muchas de nuestras representaciones tradicionales religiosas, la fiesta del Año Nuevo era precedida de una especie de Saturnales o Carnaval en los que dominaba el desorden y los demonios antes de que el Orden fuese luego así restaurado. La celebración del Año Nuevo tenía que ver con la renovación del fuego, como ahora también se produce con la del cirio pascual cristiano durante el sábado santo. Y también se celebraba la muerte y resurrección de un dios, Marduk, que descendía a los infiernos. Su estatua y la de la diosa eran colocadas juntas y también salían en procesión.

Más allá de sus formas históricas concretas y de su emotividad iluminadora, la Semana santa es una fiesta astronómica en su origen que combina el Sol con la Luna, tras el cruce o intersección del ecuador celeste con la eclíptica. El punto vernal o equinoccio de primavera supone el punto de corte entre la eclíptica y el ecuador celeste. Trayectorias que forman en su intersección una especie de cruz en aspa o cruz de San Andrés.  Pero también se asocia a la Luna porque el domingo de Resurrección se fija por el primer domingo después del primer plenilunio tras el equinoccio de primavera.

El llamado Domingo de Resurrección por la Tradición cristiana, tan pleno de amor, compasión, ilusiones y esperanzas, forma parte de las antiguas festividades relacionadas con la primavera y el proceso de renovación de la vegetación, con el calendario fenológico. Así, entre otras muchas, los cultos a Apolo, Baco, Adonis, o la tradición frigia de Cibeles y Attis, a su vez con diferentes variantes legendarias. Como todo esto es bien sabido, no vamos a insistir más en ello. Pero lo de la Astronomía, aunque esté en los orígenes de la fiesta, quizás convenga recordarlo como curiosidad de vez en cuando.

Pese al reciente acoso de ciertas organizaciones de izquierda, en muchas ciudades españolas se viven con gran dedicación, devoción o interés las procesiones de Semana santa. Se trata de una forma excelente de vivir lo numinoso que en el caso del Cristianismo muestra los grandes valores que ha aportado al Civilización como la realización del Bien, el respeto a la dignidad humana y la compasión.

San Pablo se equivocó en su idea de inminencia de la parusía y del fin de los tiempos. Puede que no tenga nada que ver, pero  cabe reflexionar sobre que este año la celebración presenta tintes muy sombríos. El viejo Sanedrín renovado parece que se ha decidido a volver a debilitar e intentar acabar con el Cristianismo, infamándolo y también por medio de la disminución de la población blanca al menos en el antiguo continente europeo. No se corta en publicar las amenazas de devastación, guerra y muerte, asociadas a la de futuras invasiones de hordas africanas cuando las fronteras del Sur queden indefensas. Sin duda el Sanedrín prefiere a Barrabás.

Pero el Cristianismo es un mensaje de esperanza, el que pese al poder del Mal nunca nos ha de faltar el apoyo del Espíritu, porque somos Espíritu. En palabras de Gurnermanz, el caballero del grial: “Toda criatura de Dios se regocija al sentir la huella propicia del Salvador, a quien eleva sus plegarías, y a quien no puede ya contemplar en la cruz, pero sí admirar en la humanidad por Él redimida. Todos se sienten emancipados de la triste carga de sus culpas, sanados y purificados por el sacrificio amoroso de Dios. Lo advierten las plantas mismas, las mismas flores en las vegas, viendo que hoy no las destrozan las pisadas de los hombres; pues así como Dios del hombre se apiadó, y por él sufrió con celestial paciencia, así el hombre, movido a clemencia y bondad, hoy con la blandura de su andar parece acariciarlas. Eso agradecen, como ves, todas las criaturas, todo lo que florece, todo lo que fenece; porque la naturaleza, libre del pecado, alcanza hoy el día del perdón….”

Así sea.

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1 COMENTARIO

  1. Muy bien genial exposición.

    Es cierto que las procesiones tenían un origen griego,como la Diosa Minerva…cuando celebraban la primavera,eran cultos pagamos por ser politeístas.El Imperio romano les añadió ese punto astronómico asociándolos a los cambios de estación y a los astros,también a las cosechas como Ceres.Mas allá de eso no nos interesa saber nada de los babilónicos.

    Es el cristianismo y el monoteísmo el que arraiga fuertemente en las tierras íberas,donde se desarrolla una verdadera cultura de espiritualidad que alcanza altas cotas de fe y piedad,y todo comenzó con la reconquista de los Reinos Cristianos…o quizás un poco antes.

    Nos quedamos con esta frase:El Cristianismo muestra los grandes valores que ha aportado la Civilización como la realización del Bien, el respeto a la dignidad humana y la compasión.

    En estos tiempos de ateísmo…de criminalidad de cultos horribles ,de confusión de desvío de la espiritualidad,se hace cada vez más necesario.

    Denunciamos este suceso:Roban la corona de la Virgen del Puerto junto a otras joyas en el Museo de la Catedral de Plasencia,esperamos que aparezcan pronto.

    La Semana Santa es tiempo de abstinencia y limosna.Un saludo.

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