miércoles, abril 24, 2024

Emergencia dorada

Artículo escrito por Ana Tidae

Es un filón inagotable. Qué digo un filón, es El Dorado mismo. Si el saqueo sistemático de las cuentas públicas es pan comido y cotidiano hasta en las cuentas del más modesto ayuntamiento cuando compra lápices o folios, la situación de emergencia, que por abusable y fraudable ley lo permite, abre una vía expedita de saqueo para todas las sanguijuelas vocacionales que infestan la llamada política española y su nepótico radio de acción, con fulgor áureo cegador. Que de política, en realidad, no tiene absolutamente nada. Normal que desde que se decretó la artificial emergencia sanitaria en marzo de 2020, en realidad desde antes,  a la gran mayoría de los politicoides de España se les instaló una sonrisita triunfal perpetua en sus caras, uno de esos detalles sutiles que capta el ojo despierto escrutador. Especialmente a los que se proclaman “de izquierdas”, a los que el globosatanismo vendió la moto de que la “nueva normalidad” tras el parto postplandémico consistiría en… comunismo, con ellos de virreyes vitalicios. 

La mayoría de la gente lo olvida casi todo, lo que de hecho es un envidiable signo de buena salud mental y emocional, pero a los que cargamos la cruz de ser involuntarios pero voluntariosos cronistas de esta verdadera edad oscura no se nos olvida casi nada. Cuando decretaron la emergencia y el estado de alarma, empezó el despiporre de despilfarro y saqueo hemorrágico. Este filón de las compras sin concurso por adjudicación directa siguió a diario, como el abogado Aitor Guisasola, nuestro vigilante del BOEplaya, denunció incansable y puntual, incluso meses y años después de la cresta siniestra mortal de marzo y abril del 2020, cuando las únicas “olas” eran las que fabricaban los titulares de la prensa que también se enriquecía con la plandemia. A recordar, de esas primeras semanas de histeria colectiva: 

  • los innecesarios, contraproducentes y homicidas respiradores, que había que comprar a cualquier precio y en feroz disputa con otros países (¿recuerdan los que nos interceptó Turquía?). Nadie ha vuelto a nombrarlos.
  • carísimos medicamentos novedosos proveídos oportunamente por la big pharma, responsables según muchos médicos de muertes evitables, destrozos orgánicos que se atribuyeron al virus y que hoy se clasifican como ‘covid persistente’.
  • los EPIs que pudimos contemplar en cientos de tiktoks con enfermeros gateando, perreando y lanzando guantes comprados a precio de oro, pero gratis para ellos
  • camas de hospital y equipamiento general para hospitales de campaña y carpas en las que o no había nadie o sólo había “asintomáticos” como muchos vídeos de anónimos documentaron, y que en muchos casos acabaron en chatarrerías
  • las mascarillas, las absurdas pantallas, el pringuegel tóxico
  • y sobre todo, los tests, o testes como dice el doctor de Benito,  un negocio estratosférico que aún perdura; posiblemente en la relación volumen/precio el pufo más gordo de todos. 

A lo que habría que sumar otros gastos improvisados de emergencia, como rescatar (comprar) a la prensa servil y darles a los titiriteros del régimen pasta gansa para “entretener” (torturar) a los españoles con sus truñoseries creadas ad hoc. Arrestar domiciliariamente a los españoles y ponerles a Carlos Bardem en la tele; este desgobierno antiespañol es ciertamente sádico…

En mi opinión, y teniendo bastante claro que los politicoides clave “sabían lo que venía” como proclamó Yolanda Díaz (y no, no se refieren a un virus destroyer), la simulada “falta de previsión” estaba pergeñada para aumentar el estrés, la ansiedad, la inseguridad y el pánico, especialmente entre los que debían ser pieza clave del plan, los sanitarios, sometidos a lo que los psicólogos llaman control mental por trauma. En cuestión de días la teórica falta de previsión y la pugna mundial por la basurilla fabricada en China se transformó en una diligente logística de emergencia, en la mayoría de los casos con ‘empresas’ surgidas de la nada con sede social en una nave herrumbrosa y vacía. De ahí, como muchos han apuntado, la rabia contra el gesto de Amancio Ortega de utilizar su ya consolidada y eficientísima plataforma para el suministro de innecesarios EPIs. Ya sabemos que tenemos una “izquierda” tan enferma que escupen sobre Amancio cuando dona a lo público, y sonríen complacidos cuando Gates es donado de lo público, lo que revela quién –o qué– es el amo absoluto de esas mentes atrofiadas.

Con lo que sí tuvieron exquisita previsión los países plandémicos, al menos en Reino Unido ya se ha comprobado, fue con el suministro de midazolam, almacenado antes de la emergencia. Asunto clave que la prensa, cómplice y culpable del gran crimen de guerra, ocultará y sepultará bajo datos superficiales y accesorios como la cifra de millones, el número de unidades de mascarillas, y el parentesco y amistades de las sanguijuelas cabeza de turco del saqueo colateral. De las vacunas de emergencia  (“sólo saldremos de esta con la vacuna”) ya hemos hablado mucho y nos va a tocar seguir haciéndolo.

El PSOE con el cínico desparpajo embaucador y manipulador del lenguaje que lo caracteriza, llama a esta dinámica de corrupción sistémica y profunda “colaboración público-privada”, y lo subraya con orgullo, cuando tiene a sus masas domadas en la aversión a la palabra privado. El caso mascarillas, apenas un diminuto botón de muestra, ilustra lo que esta mafia hereditaria y creciente llama colaboración público-privada: la creación de una tupida red de empresas fantasma a las que adjudicar todo el gasto público, en su mayor parte superfluo, manirroto e innecesario, cuando no tóxico, lesivo y mortal, que después sacará de nuestro país todas las multimillonarias ganancias (ni medio céntimo para “educación y sanidad”) con el volumen caudal propio de un gran oleoducto, y también con el rescate de empresas ruinosas. Cuando salga su compinche B, el PP, llenarán autobuses de charos, ninis, comegambas, jubilados ociosos y similares para desgañitarse contra la “privatización” que hacen “las derechas” y sus “rescates”, las cuales se defenderán agitando banderitas de España y de la UE y azuzando a Losantos. Y así, entre corruptos insaciables y sus detestables borregos, se desangra y liquida nuestro país y se destruye el futuro de nuestros hijos. Y nunca lo han tenido tan fácil como con las (falsísimas) emergencias, una pura varita mágica para sátrapas: que si sanitaria, que si climática, que si demencia de Putin. Normal que no parasen de repetir que la pandemia había venido para quedarse. De hecho sabían muy bien a qué se referían.

La emergencia es tal mina de oro inagotable para la casta parasitaria, que una vez descubiertos con las manos en la masa (diminuta parte de la masa), intentan con sus inconfundibles artes de psicópatas narcisistas poner cara de cordero degollado y evocar en la gente los sentimientos de aquel momento: “la gente moría a chorro, y nosotros, rotos de dolor, sobrecogidos y abrumados por la responsabilidad, decidimos aferrarnos a la primera opción para abastecer de mascarillas al país/ lo hice por ti, cari/ la culpa es de los españoles, por frágiles, contagiables, y mortales” *violines*.Dimisiones, pide el pusilánime y desnaturalizado pueblo español setentayochista. Contra esta verdadera emergencia de la corrupción extrema, la mentira, la traición y la maldad pura que nos despedazan lo que se necesita es una profunda limpieza pirolítica.

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