Por Alfonso de la Vega
El golpe de Estado frustrado en Polonia no está recibiendo la atención que merece en este atribulado e “inasumible” Reino. Y hay muchos aspectos a considerar, alguno de ellos que acaso nos atañen muy directamente. Como, por ejemplo, es la situación en la que las partes ya no discuten sobre qué decisión es legal, sino sobre quién tiene el derecho de determinar la legalidad. En efecto, aquí al revés que en Polonia, disponemos de un Constitucional sospechoso de trabajar al modo mohatra menos para la legalidad constitucional y el bien nacional que para la liberticida revolución socialista WOKE. Sin desechar del todo la posibilidad de un autogolpe de Estado ya sin tapujos perpetrado por el Ejecutivo y apoyado políticamente por los corruptos comisionistas de la UE para mantenerse en el poder al servicio de las élites ocultas.
Sin embargo, también hay notables diferencias: el presidente de Polonia no es Felipe VI y ha defendido resueltamente a la nación. El pueblo polaco acusado de pro ruso por los golpistas, ha demostrado no ser indiferente o cobarde y ha reaccionado contra el golpismo globalista en defensa de las instituciones y de la nación. A diferencia del Reino de España donde la Revolución anti nacional puede actuar sin apenas cortapisas, Polonia es una República con un presidente electo con capacidad y legitimidad democrática propia. Lo que hace que ahora coexistan dos bandos enfrentados que se disputan la autoridad sobre lo que pasa.
El primer ministro Donald Tusk fue presidente del Consejo Europeo, globalista empedernido y protegido de la tenebrosa von del Leyen, encabeza el gobierno desde finales de 2023. Su coalición domina el Parlamento. Pretende instalar armas nucleares en Polonia. El presidente Nawrocki es respaldado por el partido de la oposición conservadora PiS (Ley y Justicia). Ha acusado a Tusk de fabricar un informe falso de la CIA sobre la amenaza de un ataque ruso. Se opone a la suicida política sobre inmigración, junto con el actual presidente húngaro, lo que viene agravando entre otras cuestiones la situación desastrosa y acaso terminal de la actual UE. Ganó la presidencia en 2025, ostenta el poder de veto y es el encargado de tomar juramento a los jueces.
La batalla por el control último del Estado se dirime también en Polonia en el campo de la judicatura. En España a falta de un jefe de Estado operativo la judicatura ha devenido en la única defensa medio eficaz de la nación o del orden. En otros lugares si los votantes eligen al candidato “equivocado”, el sistema recurre a un juez adicto, a algún servicio de inteligencia o a la misma financiación de la UE como chantaje, todo ello con el paradójico pretexto de la “defensa de la democracia”, pero para ello es necesario controlar partidistamente a la Justicia.
El Tribunal Constitucional determina si las leyes son constitucionales. La mayoría de sus magistrados fueron nombrados durante el periodo en que el PiS estuvo en el poder. El gobierno de Tusk sostiene que el PiS se hizo con el control del Tribunal y se ha negado a reconocer muchas de sus sentencias. Por su parte, el PiS afirma que el Tribunal es plenamente legítimo y que Tusk pretende mangonearlo a su antojo contra la nación. El Parlamento controlado por Tusk eligió a nuevos magistrados para el Tribunal. Nawrocki se negó a tomar juramento a tres de ellos, y el presidente del Tribunal, Bogdan Święczkowski, impidió que participaran en la resolución de casos. Desde entonces, el Tribunal permanece paralizado en la práctica.
Pero la disputa por el control del Constitucional no sería solo jurídica ni política, también tiene cierto componente de ensayo o experimento cuando la UE se encuentra tambaleándose y en peligro creciente incluso de descomposición, como parece indicar la sospechosa fuga anunciada de la Legarde, incluso sin haber podido perpetrar el euro digital. Se interpreta que el golpe no se detendría en la toma del Constitucional sino que seguiría con el derrocamiento del Presidente, el control del banco central polaco para sustituir al esloti por el euro y entregar las reservas polacas de oro al BCE. La situación de las cuentas europeas sería peor de lo confesado y para tapar el agujero, además de esta maniobra, las actuales élites depravadas buscarían a la desesperada un conflicto bélico abierto con Rusia. Por no hablar de que la Francia con el país ardiendo por los disturbios y regalando miles de millones a la corrupta banda de Kiev habría pedido un rescate al BCE que lo mismo pudiera disimularse con el añadido de España e Italia.
El polaco sería un ensayo sobre la posibilidad de cambiar la distribución real del poder a la mejor conveniencia de “Bruselas” sin modificar la constitución ni celebrar elecciones. Formalmente, Tusk lidera la mayoría parlamentaria y el gobierno pero Nawrocki es el presidente de la República con poderes ejecutivos limitados, aunque con derecho de veto y su propio mandato político diferente. Sin embargo, la crisis en torno al Constitucional permitiría al presidente trascender su papel habitual de árbitro con capacidad de bloquear determinadas políticas del gobierno si no las considera legítimas.
El golpe de Tusk se produjo a traición cuando el presidente volaba a Senegal en visita oficial. De modo que ordenó la interrupción del viaje y el regreso apresurado a Polonia. Ciertas fuentes afirman que existió una iniciativa para impedir el aterrizaje presidencial en Varsovia mediante una supuesta justificación de seguridad aérea. Sin embargo, la resistencia de militares vinculados a las instalaciones aeroportuarias habría frustrado esa iniciativa. De ser cierto, el Ejército polaco aparecería como árbitro último de la crisis.
En su artículo 134 la constitución polaca establece que el presidente es el comandante supremo de las Fuerzas Armadas, aunque durante tiempos de paz ejerce esa autoridad a través del ministro de Defensa. Los militares tienen la obligación de respetar el orden constitucional, garantizar la seguridad de las operaciones bajo su responsabilidad y actuar dentro de la legalidad. Si se demostrase que existió una orden para impedir el regreso presidencial por razones partidistas, sería muy grave. Pero aparte de aclarar la situación política también reforzaría el reconocimiento a los militares que habrían impedido utilizar procedimientos de seguridad para obstaculizar el regreso y la actuación del jefe del Estado. Sin embargo, establecer tal responsabilidad no resulta fácil pues exigiría determinar si hubo una orden, quién la emitió, cuál era su razón y cómo actuó la cadena de mando. Pero defender el honor de las Fuerzas Armadas polacas requiere precisamente esclarecer esos hechos.
A diferencia del nuestro, el Jefe del Estado polaco convocó el pasado sábado una serie de consultas con representantes parlamentarios. Entre sus interlocutores estuvo el ministro de Defensa. Para buscar alguna salida institucional se hicieron propuestas relacionadas con una posible moción de censura constructiva contra el Gobierno de Tusk e incluso una reforma constitucional.
Resulte al final lo que resulte, estamos viviendo unos tiempos de extrema gravedad en gran parte debido a las políticas nefastas de la UE, cuya supervivencia ya está en juego. Ojalá desapareciese antes de que nos lleve al matadero o la ruina total. En el momento de escribir estas líneas Ucrania está bajo aviso de alerta nuclear al parecer falsa lo que agrava la incertidumbre y el riesgo de desastre.

