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La revancha progresa adecuadamente

Por Alfonso de la Vega

Uno de los últimos escándalos, importante y significativo en sí mismo por vulnerar la libertad de opinión en una supuesta democracia, pero también por su relación con la invasión de Ceuta, ha sido la censura de un artículo de su habitual colaborador, el notario Juan José Burniol, en la actual La Retaguardia catalana antes prestigiosa La Vanguardia española.

Cuando no se está de acuerdo con el contenido de un artículo lo correcto y saludable es comentarlo o abrir debate. Tal costumbre era habitual en la prensa clásica española donde las controversias eran frecuentes antes del presente despótico establecimiento del llamado “pensamiento” único. Ante la ignominiosa censura del periódico de todo un Grande de España como el heroico Javier de Godó,  el contenido ha sido difundido por las RRSS ya que “Si te hago llegar el texto del artículo, es sólo para difundir y sostener lo que digo en él, en defensa de España como nación y del Estado que la articula jurídicamente”.

En el texto censurado titulado La Revancha, que también ha costado la “cancelación” de su autor poniendo fin a una dilatada colaboración, se describe una visión muy triste de la España humillada desde el Poder. En realidad nada demasiado novedoso o que no se haya tratado ya en fuentes no oficiosas y, en consecuencia, más fiables, Dice así: 

Desde hace algunos años, ha ido tomando cuerpo en España una insistente ansia de revancha de nuestra última contienda fratricida, que estalló hace noventa años. Esta revancha se libra como una nueva guerra civil, afortunadamente híbrida, en la que no se combate con ejércitos convencionales y en campos de batalla tradicionales, sino mediante la fractura social deliberada y azuzada, el bloqueo y el colapso institucionales y la polarización radical de las posturas, que desembocan en un enfrentamiento civil. Lo que se manifiesta en el alineamiento de dos bandos separados por un muro. Un maldito muro erigido en mala hora por el presidente Sánchez. Estos bandos son los mismos que definió el Pacto de San Sebastián en 1930 y se enfrentaron en 1936. Por un lado, las izquierdas de distinto octanaje, más las derechas separatistas catalana y vasca; y por otro, el resto de las derechas.

​El objetivo que persigue esta revancha, iniciada ¡desde el poder! por el presidente Rodríguez Zapatero y potenciada sin límite por el presidente Sánchez, es: a) poner fin a la segunda restauración monárquica instaurada en la persona del Rey Don Juan-Carlos; b) derogar la Constitución de 1978; c) abrogar el Régimen implantado por ella; d) derrocar al Rey Don Felipe, para conectar directamente con la legalidad de la Segunda República (profanada en su día, primero por un bando y luego por el otro); y d) instaurar una Tercera República presidencialista, plurinacional y confederal, que ponga fin a España como nación, es decir, como un ámbito de solidaridad primaria e inmediata conformado por la geografía y por la historia, en el que todos los españoles son iguales.”
Y prosigue con otras aclaraciones hasta llegar a tratar de explicar lo de Ceuta:

 “El choque se iniciará pronto. A lo más tardar, en un año. Y este conflicto civil coincidirá quizá con el estallido de la crisis larvada y agravada de Ceuta y Melilla, que, vistos los antecedentes, acabará en un nuevo 98. Será el “Desastre” final. España estará más sola que nunca, gracias a una política exterior demencial, y no tendrá ni el consuelo de salvar su honor gracias, como siempre, al sacrificio de sus soldados, como sí se salvó en Cuba y Filipinas. ¿Y las consecuencias de esta debacle? Eso, sábelo Dios. En cualquier caso, España perderá. Y entonces, todos, absolutamente todos, podremos decir refiriéndonos a España: “Entre todos la matamos y ella sola se murió”. No habremos sabido preservar ni el legado que recibimos.”

El texto censurado termina con un deseo; “Ojalá un líder, tan demócrata como patriota, saque a España de este mal trance desde la ley, con la ley y por la ley.”

¡Ojalá! Pero vista la incompetencia del Jefe del Estado y la propia degeneración actual de la “democracia”, empleada ahora como coartada de cualquier desafuero más vale que sea “patriota”. Algunas cuestiones actuales nos recuerdan los meses previos a la caída de la Monarquía hace ya casi un siglo.

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