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Grandes hazañas ministeriales

Por Alfonso de la Vega

De manera más local y mucho menos heroica, sin recaer en una contemporánea epopeya homérica, sin invasión de Troya ni odiseas, los hechos una y otra vez dan la razón al gran Valle cuando nos explicaba que “En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser un sinvergüenza. En España se premia todo lo malo». Para tratar de demostrar la conocida tesis valleinclanesca de que «España es una deformación grotesca de la civilización europea» basta con mirar el bochornoso espectáculo que nos ofrecen las instituciones borbónicas. Para influir en el populacho es contraproducente argumentar de modo lógico o racional. Por el contrario resulta más eficaz presentar imágenes y repetir varias veces las mismas consignas por absurdas, inverosímiles o mentirosas que fueren. 

Fiel a su naturaleza el abigarrado gobierno de Su Majestad ofreció ayer al sufrido súbdito borbónico traga con todo un recital de desafueros o despropósitos rebozados en toda clase de embustes. Un anuncio de nuevas calamidades a añadir a las que ya van remitiendo de la ambiciosa campaña de incendios y sufrimos sin remedio en el horizonte. 

Ante la presumible peligrosidad del morlaco para no deslucir su prestigio como figura el astuto matador se cubrió con su nutrida y variopinta cuadrilla por si se escapaba alguna “corná”. Por más que el “ganao” periodístico, sea cual sea el hierro de su ganadería, procede del mismo debilitado encaste de suyo complaciente, pastueño, sin peligro alguno salvo hipotético arreón de un “manso pregonao”. 

Pero siempre hay alguien dispuesto a salirse del plan o versión oficialista y dar la nota y esta vez fue la redicha señorita Robles, ministra de la cosa esa de los militares desparramados por esos mundos de Dios. Sí, unos cuatro mil militares españoles cuya misión es proteger las fronteras de Letonia, Eslovaquia, Rumanía y Malí, que por supuesto no las españolas, que el gobierno borbónico tiene sus prioridades y las demuestra con hechos.

En efecto, la Robles desmintió a su doble colega, como juez y ministro de la Corona, el triplemente reprobado Marlasca que se niega a dimitir y cuenta escándalos por actuaciones. La disputa era sobre si el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) habría advertido al gobierno o no de la inminente invasión moruna. Al parecer, la Robles pese a su pertenencia gubernamental y a su negativa a dimitir como sería lo honroso u honorable, mantendría un pequeño rescoldo sin apagar del todo de dignidad o vergüenza torera que la invitarían a intentar desmarcarse en lo posible de sus traiciones y felonías. En el Congreso la Robles sostenía que el CNI, que dispone de 25 agentes en Ceuta, avisó de lo que estaba por llegar a la ciudad española.

La verdad es que no sé qué sería peor, si la hipótesis de la incompetencia del CNI que sostiene Marlasca o la de la Robles, según la cual el gobierno no se dignó hacer nada. No obstante, la cuadrilla ministerial desplegada junto al burladero desmiente en público a la pizpireta ministra y se acoge a la socorrida versión de que ellos no sabían nada. Incluso el anti demócrata de Interior se atreve a afirmar que no hubo informe que valga.  

En un alarde de primorosa eficiencia sin precedentes tampoco dicen conocer cuántos fueron los invasores, cuántos ya han regresado, cuántos se han quedado, cuántos se pretenden endosar, si se dejan, para mejor sabotear a las comunidades con mando del PP. La MeMa afirma que no hay riesgo de contagio de enfermedades infecciosas transmitidas por los invasores para a continuación recabar vacunas. 

Con la celeridad que muestra casi todo un mes de retraso tras la invasión se convoca el llamado Consejo de Seguridad Nacional al que, en humillación insólita, no se deja participar al rey, a quien según la Constitución corresponde “El mando supremo de las Fuerzas Armadas”. Y también: «La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria«. Una grotesca o esperpéntica Monarquía parlamentaria en la que ni la Corona ni el Parlamento pintan nada ¿Cuál es la auténtica naturaleza del Régimen?

La gravedad de la agresión extranjera que estamos viviendo haría que un país serio que se respetase a sí mismo y con un Jefe del Estado o un Parlamento dignos de tal nombre, provocase la dimisión de todo el gobierno al menos por incompetencia sino por cuestiones incluso más graves. O, como mínimo, el cese fulminante de ambos ministros que osan tratarse de ineptos o embusteros en público, y la necesaria investigación para aclarar cuál de ellos miente más o si por igual. Lo del triplemente reprobado Marlasca supera todo lo visto y ni el demostrado talento del gran Valle pudiera haberlo vislumbrado en toda su descomunal indignidad.

El próximo comienzo de los colegios también supone otro factor de incertidumbre y desasosiego en estas circunstancias tanto desde  punto de vista de la sanidad como de la seguridad. Pero ¿qué hacer, Feijoo, siempre tan ocurrente o recordando su etapa pro vacunas , propone confinar toda Ceuta, tanto justos como pecadores. Pero desde luego caben otras más prácticas, inmediatas, rápidas y contundentes para devolver al menos provisionalmente la dignidad y el bienestar que Ceuta merece como ciudad española. Una alternativa provisional pudiera ser habilitar barcos de detención y concentración a suficiente distancia de la costa como para impedir fugas a nado. Llevar allí aplicando la fuerza necesaria a todos los invasores o no residentes que se encuentren merodeando o delinquiendo por la ciudad hasta su deportación definitiva.

El mitin mohatrero tenía la engañosa consigna: «Acción de gobierno». Para Lao Tsé “quien no actúa todo lo gobierna” pero ya hemos visto los riesgos de tal actitud, así que me temo que en esta guerra tiene más razón Sun Tzu: “el general ha de poseer sabiduría, honradez, benevolencia, valor y disciplina. “

Y ejercerlas.

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