Tras una instrucción del juez Juan Carlos Peinado, acosado sin tregua por el poder y sus altavoces, la Audiencia Provincial de Madrid ha confirmado que Begoña Gómez se enfrentará a un juicio con jurado popular por los presuntos delitos de tráfico de influencias y malversación de caudales públicos, junto a corrupción en los negocios y apropiación indebida.
Sin embargo, en un gesto que perfectamente se podría interpretar como una cesión parcial a la brutal presión política y mediática (tanto de los afines al gobierno como de los no afines) ejercida, la Audiencia ha levantado las medidas cautelares más relevantes impuestas por el instructor: Begoña Gómez recupera su pasaporte y podrá volver a salir de España cuando lo desee. Una decisión que llega justo cuando el aparato del sanchismo parecía acorralado.
El acoso sin límites al juez Peinado
Desde que el magistrado del Juzgado de Instrucción nº 41, al que le tocó investigar el caso, se atrevió a investigarlo con rigor, el Gobierno, sus ministros, y las cloacas del Estado pusieron en marcha la maquinaria de destrucción. Los medios afines, esos palanganeros profesionales que confunden periodismo con propaganda, incluidos los del famoso club de los 61, se lanzaron a una campaña de descrédito sin precedentes. Inventaron lo de los “dos DNI” del juez, sacaron a su hija y sus supuestos vínculos con el PP, hablaron de caballos de carreras y dinero sospechoso, lo tildaron de “fachosfera” y presentaron cada decisión como un desvarío autoritario.
La retirada del pasaporte a Begoña Gómez fue calificada de “atropello” y “venganza política”. Ahí también intervinieron periodistas y contertulios de la supuesta «disidencia», los «equidistantes», lanzando críticas contra el juez y calificando de «desproporcionada» su decisión. Fue tal la presión de los unos y los otros que finalmente la Audiencia ha cedido retirando las medidas cautelares.
A pesar de esta persecución brutal —que incluye filtraciones, recursos interminables, querellas de Pedro y Begoña, entre otros, conta el juez y una presión mediática asfixiante—, Peinado ha llegado hasta el final. La Audiencia, aunque respalda el juicio con jurado popular, parece haber cedido en parte a ese ruido ensordecedor al suavizar las medidas cautelares. ¿Miedo a que se diga que se está “persiguiendo” a la esposa del presidente? ¿Presión desde arriba? ¿presión de los medios de la supuesta oposición? Sea como fuere, Begoña Gómez recupera libertad de movimientos mientras se prepara el juicio.
Un Gobierno blindado… hasta ahora
Este caso desnuda la doble vara de medir del sanchismo. Un presidente que se victimiza ante cualquier crítica, que acusa a la Justicia de “lawfare” cuando le investigan a él o a los suyos, y que cuenta con un ejército de tertulianos y directores de medio para defender lo indefendible. Ministros que salen como perros de caza, cloacas que filtran y medios que, en lugar de fiscalizar el poder, lo protegen con uñas y dientes.
Hoy, a pesar de todo, la Audiencia ha hablado: hay indicios suficientes para que un jurado popular decida sobre el caso. Es una noticia sin precedentes en España: la esposa de un presidente en activo, juzgada por ciudadanos corrientes por posibles delitos de corrupción. Pero el levantamiento de las medidas cautelares deja un regusto amargo: parece que, incluso en la Justicia, la presión del poder y sus altavoces y la de los supuestos opositores sigue surtiendo efecto.
Veremos qué decide el jurado. Y, sobre todo, veremos si Sánchez y su entorno aceptan por fin que nadie está por encima de la ley. Aunque, a estas alturas, muchos españoles ya tienen serias dudas. La batalla continúa. Y la verdad, tarde o temprano, termina abriéndose paso.
(Por Lourdes Martino)

