Covid-19, todo corrupción y fraude. Reitero, todo. Por ejemplo, la «cura», un dato a vuela teclado. No era terapia génica, era un ensayo genético. Es esencial diferenciar entre ambos. Recuerden al denunciante de la CIA, Jim Erdman III:»Fauci lideró el encubrimiento multiinstitucional de la filtración de pruebas del laboratorio de covid», otro ejemplo reciente. Dos mil páginas de documentación sobre los orígenes del denominado covid que aún no han sido desclasificadas. Ocho especialistas que coincidían en el origen artificial del SARS CoV 2 y que cambiaron posteriormente de opinión. Lo de siempre, cervantinamente hablando: fuese y no hubo nada. Manipulación orquestada hasta extremos difícilmente imaginables, pero no por ello menos vividos.
Más turbiedades recientes…
Descubrimiento genómico de Kevin McKernan, exdirector de investigación y desarrollo del Proyecto Genoma Humano en el Centro de Investigación Genómica del MIT: la detección de una contaminación masiva de ADN inducida técnicamente y de híbridos ARN-ADN extremadamente peligrosos en todas las timovacunas de ARN mensajero . O la diferencia entre el producto clínicamente probado (altamente puro) y la versión producida en masa (contaminación por ADN bacteriano a través de E. coli). O los rejonazos (algunas de cuyas moléculas son capaces de atravesar la placenta), pues, que pueden modificar el ADN. Nuestra integridad genómica. Robotizando, entonces.

Y mixturen la incipiente robotización ética y física con otros asuntos robotizadores: partículas nanométricas liberadas al aire (sí, ya saben, esas estelas que dejan algunos aviones de estirpe militroncha), muy tóxicas sustancias químicas incorporadas a los alimentos, modificación genética de plantas y animales, ondas 5G, y pronto 6G, y lo que toque agregar. Y por nuestras putas rúas atestadas de Malinches de linaje ayusiano, robots apollardados/zombificados con los móviles. Y robots políticos en nuestro hodierno y letal turbocapitalismo necrófago que «optimiza» irremediablemente el presente totalitarismo memocrático. Sumisión y docilidad, puro antropocidio institucional.
Coda cinéfila

2005, interesante película Aeon Flux. O cuando la «cura» que salvará al mundo jamás fue realmente una solución… sino el advenimiento de algo mucho más lóbrego y lúgubre, tan palmario. «Terapia» que desencadena consecuencias irreversibles, una élite que controla el destino de la humanidad y una tecnología capaz de replicar la vida… pero no el alma. ¿Simplemente ciencia ficción o una admonición sobre el mundo por venir?…
…A saber: la clonación, la falsa inmortalidad, la vigilancia y el control globales, la ilusión de una pseudomesiánica “edad dorada” y el genuino significado detrás de una humanidad que, por sobrevivir a plurales plandemias y pufos diversos, podría terminar perdiéndose, sin vuelta atrás, a sí misma (Mc 8,36).
En fin.

