Por Alfonso de la Vega
No han sido menores que las narradas por Julio Verne sobre la veleidades de la fortuna aunque Xi Jinping ha cuidado de tratarlo con delicadeza. Una delicadeza diplomática medida puesto que el dirigente chino no acudió a recibir al presidente americano a su llegada al aeropuerto de Pekín, mandando a subalternos para un primer lance preparatorio.
Sin embargo, no quita que las peripecias de la cumbre tengan que ver con los diferentes conceptos sobre el tiempo tal como se deduce de la composición y naturaleza de ambas delegaciones. Trump apareció rodeado de empresarios y magnates ávidos por pillar suculentos contratos. Trump está atrapado por las consecuencias de su imprudente agresión contra Irán y las votaciones de noviembre ululan como un fantasma en fatal idus tardío. Los magnates necesitan crear valor para el accionista en el casino global en prioridad sobre las necesidades del pueblo americano.
En cambio China es una civilización milenaria, que ha pasado por muchas vicisitudes a lo largo de su dilatada historia, lo que le permite cultivar la paciencia, la prudencia, la visión sistémica a largo plazo de unos intereses como sociedad que van más allá de la especulación financiera plutocrática basada en la prepotencia militar, resultado del viejo sueño americano degradado hoy en pesadilla.
Las viejas guerras imperiales del opio contra China ahora serían al revés con el fentanilo haciendo estragos y gran mortandad en América. Acaso otra muestra del I Ching o juego de las mutaciones entre el Yin y el Yang, o dialéctica cambiante ente lo fuerte y lo débil. Fuerzas opuestas pero que se necesitan mutuamente para existir.
Al parecer, tras el revolcón en el golfo pérsico nos encontraríamos ante un punto de inflexión en la redistribución del poder y la influencia geopolítica.
El auge actual de China no deja de ser paradójico. EEUU más que víctima del devenir histórico fue cómplice necesario. Cedió su industria y su saber hacer a cambio de productos baratos, y cedió su futuro o permanencia en el tiempo a cambio de ganancias inmediatas. Las empresas se hicieron más ricas, Wall Street más poderoso y los consumidores se acostumbraron al bajo precio. Pero las ciudades industriales, la clase media obrera, la columna vertebral del país, quedaron abandonadas casi como nuevas reservas de indios. Pero la disminución de costes empresariales por la deslocalización o externalización apareja luego de un cierto plazo también la de la demanda efectiva de una clase media desocupada y arruinada. Una cuestión que puede volver a repetirse también con la hegemonía descontrolada socialmente de la IA y la robotización en ciernes. No solemos escarmentar de las experiencias históricas.
Probablemente estas cuestiones están en el origen del movimiento MAGA y del propio triunfo de Trump. Aunque cabe la posibilidad que la cosa fuese tan impremeditada cono la acción de Charlot agitando la bandera mientras encabeza sin querer una manifestación obrera de protesta en su magistral Tiempos Modernos.
Pero había que buscar al culpable de la imparable decadencia del “MADE IN USA”. Como no podía reconocerse que había sido la propia plutocracia dirigente en la ya arrumbada república fundacional hubo que buscar un culpable más conveniente: ”la culpa la tiene China, que robó nuestros empleos”. Pero era el capitalismo americano, con la hegemonía de lo financiero sobre la economía real el autor del desaguisado, sus dirigentes celebraban la creación de valor para el accionista gracias al dumping de costes mientras cerraban las plantas industriales en la metrópoli y mandaban a los trabajadores al paro. El sueño americano más que robado fue vendido.
Trump se arropó con la bandera de recuperar el pasado floreciente pero la histéresis funciona también en esto y no se puede volver al punto de salida por varias razones relacionadas con la demografía, el capital humano o el control de la logística mundial aunque de verdad se quisiese. Que visto lo que estamos viendo no parece que en verdad sea el caso. En efecto, lo de MAGA parece haber pasado a mejor vida, si acaso se ha vuelto un renovado “MIGA”. Trump está rodeado por un poco caballeresco Camelot de nuevos plutócratas quizás más peligrosos que los anteriores, los de las tecnológicas, la IA y la robotización en vez de las industrias clásicas, manteniendo el predominio de las finanzas también representadas en el séquito visitante.
La globalización como un nuevo Saturno devorando a sus hijos. En el suicidio de EEUU y de occidente hay que busca razones psicológicas profundas como es su impermanencia actual del mundo de los valores que informan o más bien deforman la civilización, tan lejos de los del confucionismo y aún más del taoísmo.
Poco antes del encuentro la Embajada de China en Estados Unidos publicó las líneas rojas chinas en la cumbre. Entre estas líneas rojas figuraba el «derecho de China al desarrollo económico», El rápido desarrollo de China, caracterizado por una extraordinaria capacidad de innovación tecnológica, está socavando la competitividad del sistema económico estadounidense, incluido el propio sector de alta tecnología. Como consecuencia de este fenómeno así como de las perturbaciones en la circulación del petrodólar, y la monstruosidad de la deuda, las finanzas nacionales de Estados Unidos se encuentran en una situación delicada, con los riesgos que puede suponer para la hegemonía del dólar en el sistema monetario y la estabilidad del sistema financiero.
Trump no parece haber conseguido siquiera gestos de apoyo simbólico. Al revés algunos observadores especulan con que Trump se distanciaba de Taiwan. La autorización de la venta de microprocesadores H200 de última generación de Nvidia. El pedido inicial de aviones a la Boeing se vio reducido a la mitad. Xi Jinping insistió en la continuidad de las compras de petróleo iraní y en que Taiwan no se toca.
China no ha mostrado ni voluntad ni urgencia alguna por satisfacer las exigencias estadounidenses. Y Trump se fue de China con pocos logros que ofrecer a oligarcas y opinión pública. Wall Street reaccionó con pérdidas de modo que parecía descontar un fracaso o la impresión de que las perspectivas para las empresas que fabrican productos en Estados Unidos no serían muy buenas.
Dentro de este punto de inflexión geopolítico y una vez concluida esta cumbre cabe esperar nuevos ataques a Irán antes del Mundial. Rusia mira con cierto recelo una hipotética connivencia chino americana y Putin se dispone a visitar a Xi Jinping.
Algunos observadores especulan con la audaz idea que la decadencia de EEUU en la que la guerra contra Irán pueda actuar de catalizador será recogida en herencia por un “Gran Israel” de carácter más plutocrático apátrida que nacional. Un desnaturalizado Camelot sin rey Arturo sobre los escombros de MAGA.

