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La agonía de Keir Starmer: el primer ministro británico acorralado por su propio partido

Mientras el Reino Unido se preparaba este miércoles para uno de los días más solemnes de su calendario constitucional, el Discurso del Rey, la atención no está en la monarquía ni en la agenda legislativa. Se centra, una vez más, en la supervivencia política de Keir Starmer, un primer ministro s¡niestro que llega a este momento extremadamente debilitado, criticado incluso desde las filas de su propio Partido Laborista por unas políticas draconianas, represivas y erráticas.

Y es que el escándalo Epstein no ha hecho más que agravar una crisis ya de por sí profunda. Starmer se vio obligado a destituir a su embajador en Estados Unidos, Peter Mandelson, por sus mentiras sobre sus vínculos con el depredador sexual Jeffrey Epstein. Otro episodio oscuro que salpica a su gobierno y que ha dejado a varios ministros, incluido el influyente Wes Streeting (secretario de Sanidad), en una posición incómoda tras haber defendido o mantenido relación con Mandelson en el pasado.

El Partido Laborista, lejos de gobernar con estabilidad, parece consumido por las luchas de poder internas. Más de 80 diputados laboristas han pedido públicamente la dimisión de Starmer o un calendario para su salida tras los desastrosos resultados en las elecciones locales. Varios ministros han dimitido recientemente en señal de protesta. Ni siquiera su propio gabinete parece estar unido detrás de él.

En este contexto, adquiere especial simbolismo el movimiento de Wes Streeting, uno de los principales nombres que suenan como posible sucesor. Poco antes del Discurso del Rey, Streeting entró en el Número 10 de Downing Street (la residencia oficial del Primer Ministro) para una reunión privada con Starmer. Pero, a diferencia de otras veces, salió abiertamente por la puerta principal, a la vista de todos.

Wes Streeting saliendo de la residencia del Primer Ministro antes del discurso del Rey

Como ha descrito el analista Jim Ferguson: “Los cuchillos están ahora al descubierto en público. Y en uno de los días constitucionales más importantes del calendario político, el Partido Laborista parece consumido por luchas internas de poder en lugar de gobernar. Incluso los comentaristas reconocieron abiertamente el simbolismo: Un Primer Ministro bajo asedio. Un rival posicionándose visiblemente. Y un gobierno que cada vez parece más inestable ante todo el país. Westminster sabe lo que esto significa. La batalla por la sucesión podría haber comenzado ya.”

Streeting es visto como un posible candidato fuerte para sustituir a Starmer, proyecta ambición y fuerza mientras el primer ministro da muestras evidentes de debilidad. Otros nombres como Angela Rayner también circulan, pero el posicionamiento público de Streeting marca un punto de inflexión. De hecho, medios británicos están publicando que Streeting planea dimitir de su cargo como secretario de salud y «lanzar un desafío contra Starmer para quitarle el liderazgo».

Pero, como comentábamos, la crítica más dura contra Starmer no viene solo de la oposición, sino de su propio partido y de una ciudadanía muy harta. Sus políticas han sido descritas como drásticas y desconectadas: inmigración descontrolada, economía tambaleante, acercamientos a la UE que muchos ven como un retroceso encubierto del Brexit, y una gestión que prioriza agendas ideológicas. Incluso muchos laboristas tradicionales ya no lo quieren. Ven en él a un líder que ha traicionado las expectativas de cambio real, que ha generado división interna y que ha convertido al Partido Laborista en un nido de intrigas palaciegas en lugar de un gobierno efectivo. Las dimisiones y las cartas de diputados son la prueba palpable: ni su propio partido lo soporta ya.

El Discurso del Rey se ha convertido en el telón de fondo de una crisis de liderazgo. Mientras Carlos III pronuncia palabras protocolarias y agendistas, en Westminster los cuchillos están afilados y la cuenta atrás para Starmer parece acelerarse.

Starmer se aferra al cargo con terquedad, insistiendo en que no hay un desafío formal activado. Pero los hechos son tozudos: su autoridad está destruida, su gobierno es inestable y su partido se desangra en público. El “cambio” que prometió se ha convertido en caos, y los británicos pagan las consecuencias de un primer ministro que ya no convence ni a los suyos. El tiempo de Keir Starmer se agota.

(Por Lourdes Martino)

Artículo recomendado: El gobierno británico de Starmer se tambalea tras las últimas dimisiones por el ‘caso Epstein’

 

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