InicioOpiniónColaboradoresDesde el retiro forzoso

Desde el retiro forzoso

Por Alfonso de la Vega

                 «Donde hay poca justicia, es un peligro tener razón» (Francisco de Quevedo)

Como no hay mal que no pueda ser aprovechado para aprender algo, el cobarde y traicionero ataque informático que ha sufrido El DIESTRO puede ofrecer la posibilidad de una retirada de la alienante agitación del día a día para disfrutar de un mayor sosiego y la tranquilidad mental para observar desde una mayor serenidad el caos en que nos encontramos, como los florentinos que en tiempos de Boccaccio se refugiaron de la peste.  

En la actual crisis española que no deja de tener claros síntomas de gravísima peste psíquica que pueda derivar en fatal se echa en falta la intervención de auténticos artistas e intelectuales. De gente que de modo sereno y lúcido observe y trate de comprender lo que ocurre y además tenga la valentía de explicarlo. En cambio, hace casi siglo y medio había quien lo intentaba:

a falta de grandezas que admirar en lo presente, he tomado sobre mis flacos hombros la deslucida tarea de testamentario de nuestra antigua cultura…He escrito en medio de la contradicción y de la lucha, no de otro modo que los obreros de Jerusalén en tiempos de Nehemías, levantaban las paredes del templo, con la espada en una mano y el martillo en la otra, defendiéndose de los comarcanos que sin cesar los embestían. Dura ley es, pero inevitable en España, y todo el que escriba conforme al dictado de su conciencia, ha de pasar por ella, aunque en el fondo abomine, como yo, este hórrido tumulto, y vuelva los ojos con amor a aquellos serenos templos de la antigua sabiduría, cantados por Lucrecio: Edita doctrina sapientum templa serena.“

Pero, ¿Qué queda hoy de esos serenos templos elevados por la enseñanza de los sabios?

Sigamos con la interpretación del ayer para comparar y mejor comprender lo que nos falta. 

“España debe su primer elemento de unidad en la lengua, en el arte, en el derecho, al latinismo, al romanismo. Pero faltaba otra unidad más profunda la unidad de la creencia. Esta unidad  se la dio a España el cristianismo… Si en la Edad Media nunca dejamos de considerarnos unos, fue por el sentimiento cristiano… el sentimiento de patria es moderno, no hay patria en aquellos siglos… pero hay una fe…  Dios nos concedió la victoria y apremió el esfuerzo perseverante, dándonos el destino más alto entre todos los destinos de la historia humana: el completar el planeta, el de borrar los antiguos linderos del mundo… España evangelizadora de la mitad de la orbe… el día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vectones o de los reyes de taifas…  A este término vamos caminando más o menos apresuradamente, y ciego será quien no lo vea.  Todo lo malo, todo lo anárquico, todo lo desbocado de nuestro carácter se conserva ileso y sale a la superficie, cada día con más pujanza. Todo elemento de fuerza intelectual se pierde en infecunda soledad o sólo aprovecha para el mal“.     

En plena crisis moral, espiritual o de identidad, ¿Qué podemos hoy considerar vigente de estas interpretaciones? 

Mi opinión es que necesitamos recuperar lo mejor de nuestras tradiciones. La actual influencia anglosionista no solo es diferente sino contraria a ellas y resulta  nefasta como se puede comprobar. Pero no parece que estén por la labor ninguna de la antiguas instituciones históricas españolas. Ni la Corona ni tampoco la CEE. Ni la Corona ni tampoco la CEE. De la primera ya no se espera nada. La segunda se encuentra plagada de escándalos. Se ha creado cierta expectación sobre la visita de León XIV aunque el programa publicado muestra clamorosas ausencias en defensa de emblemáticos templos en peligro y no menos extrañas visitas de carácter político incluso a una institución hoy tan degradada como el parlamento.  

Sea como sea, conviene hacer caso a la sabia advertencia del autor de las citas: hoy todo el que escriba conforme al dictado de su conciencia, ha de pasar con la espada en una mano y el martillo en la otra, defendiéndose de los comarcanos que sin cesar los embestían.

Sin embargo, aunque acierte Quevedo en su sentencia sobre la razón y la justicia, en ese intento de recuperación debemos rescatar de un interesado olvido, propio de una memoria histórica selectiva y sectaria, las obras de nuestros grandes autores. Deben ser recuperados como fuente de inspiración y debate. De modo que siempre podremos visitar la obra monumental y meritísima aunque polémica de don Marcelino Menéndez y Pelayo.

Artículo anterior
Artículo siguiente
EsDiestro
EsDiestro
Es Diestro. Opinión en Libertad
Artículo relacionados

Entradas recientes