Por Alfonso de la Vega
En este desolado reino borbónico convertido en impune laboratorio de aberraciones y calamidades se han producido dos eventos internacionales este fin de semana. Sendos espectáculos de carácter opuesto, o quizás no tanto como parece, dirigidos cara a las respectivas hinchadas pero con escasa reflexión, poco análisis y menos soluciones. Pero que muestran la necesidad ineludible de intentar acertar la mano con la herida. Y no solo en España.
El problema actual es que por desgracia el contrato social está roto. Tal se puede percibir tanto en la metrópoli imperial de EEUU como de un modo u otro en la mayoría de las colonias incluida España tras medio siglo de Estado borbónico y nuestra pérdida de soberanía. Las razones son varias aunque aquí cabe resumir algunas. La crisis tiene que ver con el que el sistema económico ha fallado a la clase media y trabajadora en general poniendo fin a la etapa de prosperidad y bienestar social del anterior régimen. En parte porque el furor neoliberal de los gobiernos socialistas hizo almoneda, “barato”, “barato”, del patrimonio industrial, energético, naval, agrario,,, Se vendió a precio de saldo todo lo más valioso y eficiente o regulatorio de mercados, en una especie de nueva y feroz lamentable desamortización de Mendizabal. El resultado fue la exacerbación de una economía dual, que diferencia la propia común de la sociedad y la monopolística de las grandes corporaciones financieras y conglomerados industriales hoy en manos extranjeras propios de la globalización actual.
En la propia metrópoli del Imperio la crisis se fue profundizando cuando a partir de esos mismos años ochenta los salarios se estancaron o subieron menos que productividad, ganancias corporativas o, el coste de la vida, de modo que lo que aumentó para sobrevivir como clase media fue el recurso a la deuda, a la dependencia estructural del crédito. Uno de los pilares de la hegemonía financiera sobre la economía real o productiva, la capaz de satisfacer las necesidades de la sociedad.
Otro de los problemas fue la deslocalización para producir barato y vender caro los diseños propios explotando a trabajadores del tercer mundo. Sin embargo, el modelo se agota cuando China y otros países empiezan a independizarse también a nivel de diseño y producen y venden sus propias mercancías de modo integrado. Un modelo que favorece el comercio internacional basado en cooperación y contratos en vez del coercitivo anglosionista.
Uno de los resultados de tal política americana es la decadencia industrial, y la hegemonía del Gran Capital y de los monopolios sobre el capitalismo convencional. Es decir, el sistema es bueno para el Gran Capital pro no para la clase media y los trabajadores en general. De ahí que ahora el tinglado político este desnaturalizado hasta convertirse en una plutocracia cada vez menos disimulada. Según algunos estudios el 1 % de los norteamericanos más ricos tienen más riqueza que el 60 de los demás. Cabe insistir: allí como aquí en el reino filipino el contrato social está roto.
No obstante, el sistema funcionaba por la singularidad del dólar como moneda internacional que permitía cambiar papeles impresos por la Reserva Federal por recursos, bienes y servicios, financiar guerras de rapiña a costa de los perjudicados y el aparato de dominación imperial asociado a la plutocracia.
Una plutocracia que desea y promueve la disolución de los tradicionales Estados nación para evitar sus respectivos ordenamientos jurídicos, reglas o limitaciones a su omnímodo poder al fin y al cabo, salvo dos Estados: EEUU e Israel que proporcionaban el nivel de violencia necesario para someter al resto. Sin embargo, los propios EEUU y de modo acelerado con Trump están dinamitando su propio orden internacional con el abuso sin disimulos de la fuerza bruta y la plutocracia globalista debe buscar nuevas modalidades de control y dominación.
Valga este esquemático preámbulo para intentar poner en contexto los saraos de Madrid y Barcelona de este fin de semana. En sustancia, lo que se dirime en ambos es el cómo acomodarse a la plutocracia internacional.
El modelo Corina representa el del doble respeto a la oligarquía nacional por parte de ambos poderes el globalizador y, mientras dure, el comunista venezolano para administrar el control y esquilme de los recursos. La oligarquía se alía con ambos mediante concesiones en el reparto del botín para mantener la dominación mediante una nueva realidad política: la “república bolivariana”, en vez de las clásicas dictaduras militares. El contrato no es social sino entre bandas. Trump secuestra a Maduro para apandar petróleo, oro y tierras raras, la «democracia» o la suerte del pueblo le tiene sin cuidado, Es negocio puro y duro, caiga quien caiga. Y afirma que la Corina pese a su bochornoso servilismo con lo del Nobel no le sirve para el control del “pilla, pilla”, mejor y más práctico una ya resabiada chica del régimen. Es el modelo de Podemos y de modo paradójico en la otra banda, la oligárquico sionista, el de la señorita Ayuso.

En el sarao de Barcelona un florido ramillete de “demócratas” de toda la vida parece avalar el emergente liderazgo de Sánchez, cuyo modelo es otra variante del anterior en el que se hace hincapié en la “democracia”, de modo falaz o mohatrero asimilada a su propia voluntad dictatorial y con la complicidad del insignificante rey. De manera asaz incoherente a base de Reales Decretos y con la burla permanente de la constitución y el Parlamento de ni siquiera para disimular presentar el proyecto anual de Presupuestos generales del Estado. El propio régimen colabora en su propia desnaturalización y deslegitimación, vacía el contenido o misión de sus instituciones con la colaboración de los medios de manipulación de masas para favorecer la feliz gobernación de la tiranía. Sin embargo, la política viene a resultar la misma en el fondo, lo de los “parias de la tierra y famélica legión” se deja para el folclore mitinero, en lo que se refiere al fomento de los intereses globalitarios del gran capital monopolista. Lo prueba la ascensión de la bolsa en medio del desastre generalizado de España. Las crecientes desigualdades sociales con el aumento de la pobreza. O el presente proceso suicida de regulación descontrolada de invasores.
Ahora bien, el incierto futuro de Occidente tras la lamentable guerra contra Irán puede considerarse desde el punto de vista geoestratégico como una amenaza o abrir una ventana de oportunidad. Ante la inanidad de la supuesta derecha europea y española que parecen estar a verlas venir, y así les va, las heroicas zurdas patrocinadas por el magnate Soros filantrópico mecenas del sarao barcelonés se mueven para tomar posiciones en un horizonte de dictaduras crecientes. Y uno de los más inquietos y avispados es nuestro audaz falsario que barrunta la nueva hegemonía china, la decadencia de la OTAN y maniobra en consecuencia para mantenerse en el poder. Con el bonito nombre impostado de “democracia” o sin él, un Poder contra la gente.

