viernes, marzo 27, 2026
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El desastre anunciado: la negligencia de Red Eléctrica y el Gobierno que dejó a España a oscuras

Casi un año después del mayor apagón sufrido en España en su historia, la opacidad, el cinismo y las mentiras descaradas del Gobierno y de Red Eléctrica siguen resultando insultantes e indignantes.

La ministra Sara Aagesen y la presidenta de Red Eléctrica (Redeia), Beatriz Corredor, han repetido como un mantra la misma burda excusa: el colapso eléctrico del 28 de abril de 2025 fue un evento “inédito e imprevisible”, un supuesto “cisne negro” que nadie en el mundo podía anticipar. Una coartada miserable que solo pretende blanquear su gestión desastrosa y ocultar la responsabilidad política y técnica de quienes dirigen el sistema.

Los audios filtrados y revelados en la comisión de investigación del Senado destrozan por completo esa farsa. Las grabaciones son demoledoras y dejan en evidencia una incompetencia mayúscula, rayana en la negligencia criminal. Recordemos que el apagón causo la muerte directa de diez españoles.

Días antes del desastre, los propios técnicos de Red Eléctrica ya estaban en alerta máxima. El 16 de abril, doce días antes del apagón, un operador advertía con claridad: “Apenas hay nuclear en el sistema… no es algo puntual”. Las oscilaciones de tensión eran ya inmanejables por la falta de potencia firme y estable. El sistema entero estaba gritando que, sin la energía nuclear, la red no aguantaba las fluctuaciones provocadas por la masiva entrada de renovables intermitentes. Nadie movió un dedo.

El día del colapso la situación se volvió dramática y vergonzosa. Desde primera hora de la mañana, las quejas se multiplicaban. A las 11:20, Metro de Madrid reportaba incidencias graves en sus sistemas. La respuesta desde el centro de control fue despectiva y reveladora: “Las quejas son permanentes”. Los técnicos sabían perfectamente que la entrada masiva y descontrolada de energía solar generaba picos de tensión que un sistema descabezado de energía base no podía digerir. Aun así, dejaron que la situación se deteriorara hasta el punto de no retorno.

Minutos antes del cero eléctrico, la desesperación era total. Se escuchan frases como “Hostia, hostia, hostia… va, a tomar por culo! Nos estamos desconectando”. El sistema se fue literalmente a la mierda en cuestión de segundos, con una cascada de desconexiones por sobretensión que dejó a toda la península (y a Portugal) a oscuras.

Es repugnante y patético ver a la ministra Aagesen seguir demonizando a la energía nuclear en el Senado, mientras las grabaciones confirman que fue precisamente su ausencia obsesiva —fruto de la ideología eco-woke del Gobierno— la que dejó al país sin la inercia y la estabilidad necesarias. Resulta bochornoso que hablen de “orgullo de país” y celebren precios mayoristas bajos mientras Red Eléctrica gestionaba la red con una chapuza propia de un país subdesarrollado: sin un seguimiento adecuado de tensión en tiempo real y sin capacidad real para controlar las oscilaciones de una generación renovable volátil.

Ni Beatriz Corredor ni Sara Aagesen pueden seguir fingiendo ignorancia o lavándose las manos con informes europeos que, convenientemente, evitan señalar culpables directos. El apagón no fue mala suerte. No fue un fenómeno meteorológico ni un imprevisto técnico aislado. Fue el resultado previsible y anunciado de una política energética suicida: desmantelar sistemáticamente la energía nuclear (la más estable y fiable), apostar todo a la intermitencia del sol y el viento, y gestionar ese frágil “mix” con una Red Eléctrica incompetente, dormida y políticamente domesticada. Llegaron a decir que fue culpa de un hacker.

Este Gobierno y sus responsables en Red Eléctrica han convertido el sistema eléctrico español en un castillo de naipes peligroso y al borde del colapso permanente. Un sistema frágil, inestable y dependiente de condiciones meteorológicas, donde cualquier oscilación puede acabar en catástrofe. Las pérdidas económicas se estiman en miles de millones de euros, con industrias paralizadas, comercios arruinados, servicios públicos colapsados y millones de ciudadanos sufriendo las consecuencias.

La negligencia ha sido tan grave que roza la prevaricación y la puesta en riesgo de la seguridad nacional. Los españoles merecemos la verdad completa, responsabilidades políticas y técnicas claras, y que caigan las cabezas de quienes han priorizado la agenda ideológica por encima de la seguridad energética del país.

Porque lo que ocurrió el 28 de abril de 2025 no fue un accidente: fue un desastre anunciado, provocado por la soberbia ideológica, la incompetencia técnica y la irresponsabilidad de quienes nos gobiernan y de quienes supuestamente velan por el suministro eléctrico de todos.

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