Referente a la facilidad de realizar un fraude electoral, confieso que no había leído la información sobre los riesgos de la utilización del DNI digital para votar, y que el gobierno de Pedro Sánchez había ordenado expresamente que no se exigiese el QR para su comprobación. Estamos ante un hecho gravísimo. Sinceramente, he sospechado de todos los resultados electorales desde que Sánchez llegó al poder. Creo que, desde antes de conocer todos sus antecedentes en materia de fraude, y antes de sospechar de cuántas atrocidades sería capaz a lo largo del tiempo, con todas las instituciones del Estado al servicio de sus intereses políticos y personales, hasta cotas nunca vistas.
He sospechado, igual que muchas otras personas y grupos, del resultado de cada elección de la era sanchista. Así lo expresé en las autonómicas de Extremadura y de Aragón, y en las de Castilla y León, con mucho mayor motivo, aunque lo pasé muy de refilón en la crítica y me limité a hacer una autocita sobre las del 28 de abril de 2019. Decía ayer: “no sé cómo lo hacen, no tengo datos, pero sí muchas dudas”. Hoy tengo muchas más, que incluso galopan hacia la certeza.
Estar en contra de VOX es tendencia. Aparte del relato y de los apelativos de ultraderecha, populista y demás calificativos con el fin de insultar, existe algo mucho más sutil que, de manera inconsciente, nos hace reaccionar alineándonos con la manada. Es un recurso de protección, de supervivencia, aunque no tengamos consciencia de ello.
Y VOX no es un partido políticamente correcto; levanta ampollas porque las verdades del barquero no suelen ser del agrado de nadie. Estorba mucho en una sociedad contagiada de “wokismo”, en la que se puede ser hombre o mujer por elección. Tiene la espada de Damocles encima y sabe que corre el riesgo de ser ilegalizado si muestra una oposición frontal al globalismo. No es una ocurrencia mía. Lo dice el Proyecto Elisa, del CNI, sobre el que ya hemos publicado en este medio.
De entrada –aunque ahora el PP se ha sumado a denunciar lo evidente, y ya era hora–, el partido de Abascal lleva años advirtiendo de las consecuencias de la inmigración descontrolada, que está causando un desajuste social en una amplia variedad de ámbitos, que se sustancian en conflictos de difícil solución. Es una vergüenza que tengamos que celebrar tímidamente efemérides como la Navidad, para no molestar a los inmigrantes; que, por la misma razón, se elimine de los menús escolares la carne de cerdo o lo ocurrido recientemente durante el Ramadán, que nuestros niños tuvieron que comer sus bocadillos a escondidas. Es necesario poner orden a estos desmanes.
VOX es el único partido que se atreve a posicionarse contra la perversa ideología de género y los diferentes flecos que actúan como látigos sociales, con unas consecuencias nefastas para la convivencia; con la particularidad de que, lejos de descender la violencia con resultado de muerte, se ha incrementado. Por no hablar de los múltiples chiringuitos y observatorios adoctrinadores que solo sirven para que muchos vivan del cuento. VOX es el único partido que se ha atrevido a poner sobre el tapete el fraude de las denuncias falsas.
¿Y la indefensión del propietario frente a los okupas? Causa auténtico sonrojo la nula protección de los ciudadanos honrados frente a ladrones y caraduras. A ningún partido parece preocuparle, salvo a VOX, que propone acciones inmediatas para echar a los delincuentes. ¿Alguien duda de que un okupa es un delincuente?
En cuanto al sector primario, hasta donde sabemos es la única formación política que se opone al pacto de MERCOSUR, que tanto perjudicará a nuestros agricultores y ganaderos, condenados a sufrir prohibiciones excesivas y normativas absurdas que encarecen sus productos.
Hasta donde sabemos, VOX es el único partido que critica estas medidas desproporcionadas, relacionadas directamente con la paranoia del calentamiento global, las bajas emisiones, las energías limpias, la huella de carbono, en definitiva, la gran estafa del cambio climático, principal sostén del control que trae aparejado la Agenda 2030. No he visto nunca a los políticos de VOX llevar el pin coloreado en la solapa. Quizá por eso es el único partido al que no se le llena la boca presumiendo de europeísmo y mantras como “más Europa” y otros etcéteras de baboseo.
¿Alguien se ha atrevido a nombrar en el Parlamento a George Soros y su maldita Open Society –prohibida en varios países– aparte de Abascal? Pues lo ha hecho, dirigiéndose a Sánchez y afeándole sus reuniones con el falso filántropo en el palacio de la Moncloa.
Citamos estos puntos porque el factor empleo, vivienda, sanidad, educación, infraestructuras, en definitiva, la gobernanza de la nación en toda su amplitud lo damos por sentado; pero atreverse a enfrentarse a temas éticos y morales, léase este modelo de dictadura global, como es el coloso de los 17 objetivos del Foro de Davos en contra de la humanidad, demuestra valentía y una intención de querer hacer bien las cosas. Creo que es una batalla por las ideas, que merecemos ganar.
Por otro lado, nunca he entendido que los valores que VOX defiende rechinen tanto. El VOX de ahora, es el Partido Popular de Fraga y de Aznar. Es el PP, cuya esencia terminó con el 11-M y la llegada de Zapatero al poder a bordo de los trenes de Atocha. ¿Alguien puede rebatir esto?
Fue el PP en aquel congreso histórico de Valencia, en el 2008, quien decidió convertirse en “una formación reformista, liberal y centrista”; y eso conllevaba “moderación” y avergonzarse del partido de derechas, fundado por Fraga Iribarne, para ir convirtiéndose paulatinamente en una suerte de socialdemocracia. Aún recuerdo a los ausentes de ese día. Y la vergüenza aún continúa, y el complejo de haber bebido en los valores cristianos también. Dicho a grandes rasgos, por eso nació VOX, y por eso muchos dejaron de votar al PP.
Esperamos que los dos partidos de la derecha se entiendan y lleguen a acuerdos. Ambos tendrán que ceder, pues los líderes sostienen posturas antagónicas en los puntos que acabo de citar, amén de otros. Entiendo que sería más fácil pactar con Mayor Oreja que con Guardiola, por ejemplo, más en sintonía con las facciones de izquierdas. Pero es necesario un esfuerzo por ambas partes. ¡El objetivo debe ser Sánchez!
Pero tener el doble de votos no da derecho a imponer y que el socio minoritario tenga que renunciar a sus principios. Y, por favor, que no sigan los influencers de la política repitiendo que los votantes ya han hablado y quieren diálogo y acuerdo. Es cierto, sí, pero con respeto y equidad. Es más, en estos pactos suele salir beneficiado el partido en minoría, precisamente porque el más votado tiene más interés en gobernar. Respecto al Partido Popular, lo he visto en varias ocasiones, y podría decir lugares y nombres. En ese tiempo, yo desconocía cómo se manejaban los asuntos de la política y no entendía que, en unas municipales, a falta de un concejal para la mayoría absoluta, le regalaran la alcaldía a un partido que había sacado un concejal raspado. O que se financiasen partidos con el objeto de dividir el voto del adversario. Esto no me lo han contado; lo he vivido.
No sabemos cuándo serán las generales, pero hay que estar preparados para las sorpresas, como posibles emboscadas y juegos sucios del enemigo. La cortina de la guerra podría enmascarar algún hecho luctuoso y conviene que sepan que estamos al tanto. Lo del fraude electoral también hay que tenerlo en cuenta y no estaría de más ir preparándose para un recuento como Dios manda. No se hace nunca, pero es lo que, según la Ley electoral habría que hacer.
Y a los que ya no pertenecen a VOX, por problemas internos, decepciones u otras mil razones, les recomiendo pasar página y no buscar venganza. Por salud, e incluso por elegancia.

