jueves, marzo 5, 2026
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El Teniente Coronel Antonio Tejero sufre persecución e injusticias incluso después de su muerte

En un acto que roza la mezquindad y que pone en entredicho los principios más básicos de la caridad cristiana, el Arzobispo General Castrense, Don Juan Antonio Aznárez Cobo, ha decidido negar la celebración de las exequias fúnebres por el alma de Antonio Tejero Molina en la Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas. Esta medida, comunicada a la familia del difunto teniente coronel, no solo causa un profundo dolor a sus allegados, sino que evidencia una persistente campaña de difamación y persecución contra una figura histórica que, incluso después de su muerte el 25 de febrero de 2026, sigue siendo blanco de rencores políticos y prejuicios ideológicos.

Antonio Tejero Molina, 93, Dies; Spanish Colonel Led Failed Coup - The New York Times
El comunicado emitido por la familia Tejero Díez, fechado el 5 de marzo de 2026 en Madrid y firmado por Ángeles Cañizares en su representación, expresa con claridad el profundo pesar y la perplejidad ante esta decisión. En él, los hermanos Carmen, Dolores, Antonio, Elvira, Ramón y Juan Tejero piden compartir con la comunidad sus fieles momentos y opiniones, manifestando su dolor por una prohibición que consideran carente de fundamentos eclesiásticos sólidos. «Entendemos que dicha prohibición carece totalmente de fundamentos al no trasladarnos ninguna razón eclesial que sustente privar a un fiel del sufragio de la Iglesia en su propia sede diocesana», reza el texto. La familia subraya que las exequias constituyen un acto de piedad y consuelo para los vivos, no un juicio sobre la vida del difunto, y que la decisión del arzobispo parece influida por consideraciones temporales o políticas, contradiciendo el espíritu evangélico de misericordia y justicia.

Esta negativa no es un incidente aislado, sino el último capítulo en una larga historia de estigmatización contra Antonio Tejero Molina. Condenado y posteriormente indultado, Tejero pagó la culpa de otros, cumpliendo sentencia y retirándose de la vida pública. Sin embargo, décadas después, su nombre sigue siendo sinónimo de controversia, utilizado por ciertos sectores para avivar divisiones ideológicas. Incluso en la muerte, se le niega el derecho a un funeral en un templo militar. ¿Acaso no es esto una forma de difamación póstuma? ¿No revela una doble moral en la Iglesia, que en otros casos ha oficiado ritos para figuras controvertidas sin reparos?

El post en X del usuario @ipeutrera, publicado el 5 de marzo de 2026, resume el sentir general de indignación: «Hay que ser muy miserable, muy cobarde y mal cristiano para hacer esto». En respuestas subsiguientes, el autor añade que se trata de «una decisión injusta, que se ceba con los débiles, agrada al poder y supone abandono, desprecio y humillación a los feligreses». Otros usuarios, como @Garca1C, califican la prohibición como «un acto de miseria y cobardía, y falta de verdadera fe cristiana», mientras que @Atila118078 comparte una imagen del arzobispo, insinuando su responsabilidad. Estas reacciones reflejan un consenso: la medida no solo hiere a la familia, sino que socava la esencia de la Iglesia como institución de perdón y reconciliación.

Es particularmente injusto que, en un país que presume de democracia madura, se perpetúe esta persecución. Fuentes familiares habían anunciado inicialmente planes para un funeral en la Catedral Castrense el 25 de marzo, según informes de medios como La Razón del 1 de marzo de 2026. Sin embargo, la intervención personal del arzobispo ha truncado esta posibilidad, priorizando, al parecer, presiones externas sobre el deber pastoral. Como apunta la familia en su comunicado, «a pesar del dolor que esta decisión nos causa, nuestra fe permanece inquebrantable», confiando en la Justicia Divina por encima de cualquier limitación humana.

En última instancia, esta negativa no solo es injusta, sino contraproducente. Alimenta la polarización y cuestiona la imparcialidad de instituciones que deberían estar por encima de la política. Antonio Tejero merece, como cualquier fiel, el derecho a un adiós digno. Negárselo es prolongar una venganza que no tiene cabida en una sociedad reconciliada. La familia, valiente ante la adversidad, pide oraciones por el eterno descanso de su padre, recordándonos que la verdadera justicia trasciende las decisiones terrenales.

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