Por Alfonso de la Vega
Como el lector recordará María Guardiola convocó elecciones anticipadas en Extremadura con el pretexto de no poder pactar presupuestos con Vox. Sin embargo, ahora la situación es relativamente peor para ella al haber subido esta última formación de la que pretendía deshacerse mientras bajaban sus propios votos. Un resultado maquillado en cuanto a escaños por el suicidio no del todo consumado de la PSOE y verdaderamente malo si se tiene en cuenta esa circunstancia tan raramente favorable. Al final VOX sigue teniendo la llave para la negociación presupuestaria incluso la de la misma investidura, de modo que pueden controlar a la Guardiola tanto desde fuera en el parlamentillo como desde dentro, en el gobierno. La vez anterior en la que hubiera escaramuzas similares VOX entró en el gobierno regional para salir unos meses después.
El nombre de María Guardiola no deja de tener cierta resonancia cañí. Recuerda al de las folclóricas de la virtuosa Transición dispuestas a quedarse en cueros si así lo exige el guion. Y en efecto, parece que se desdice de todo lo jurado y perjurado durante su lamentable campaña electoral y ahora afirma estar dispuesta muy gustosa a compartir botín y poltronas con la repetidamente denostada por malvadísima extrema derecha.
Pero se trata de un personaje muy curioso, del que destaca la imprudencia temeraria o la falta de previsión. O su inconstancia o inmadurez feminista de resonancias hamletianas: “inconstancia tiene nombre de mujer».
El caso extremeño no agota la situación de esa querida, sufrida, hermosa pero también preterida tierra española y a la que el lamentable y empobrecedor régimen autonómico puede terminar de rematar. En cierto modo pudiera indicar por donde van a ir los tiros en posteriores escenarios regionales, al menos mientras llegue el “impulso soberano,” como decía Quevedo para el deseado contubernio de coalición entre socialistas rojos y azules como el ya perpetrado con tanto éxito reconocible en Bruselas. De manera que lo que allí pase puede ser el prólogo de futuros acontecimientos de mayor dimensión o alcance.
Según nos cuentan la Guardiola había estudiado en céntrico colegio cacereño de monjas donde habría desarrollado la incoherente vena progre posconciliar. Confiesa ser feminista furibunda, abortista y convencida partidaria de las invasiones africanas, el cambio del clima climático climatizable, los cachivaches y artefactos solares o cualquier otra cuestión que exija el guion de los lejanos amos de la dehesa. En palabras de su paisano, Donoso Cortés: «El hombre, al decir de los católicos, no se perdió sino porque entró en discusiones con la mujer, ni la mujer sino por haber discutido con el diablo».
No obstante, alguien ha debido susurrar al oído de la prócer que para mejor desbaratar a VOX es preferible ponerle en tentaciones libidinosas para que puedan disfrutar apoltronados de las delicias presupuestarias. Y ahora toca disimular y donde dije diego ahora digo dije. Volviendo a su paisano Donoso: «Sólo para una fuerza no ha buscado la escuela liberal su correspondiente equilibrio: la fuerza corruptora. la corrupción es el dios de la escuela; y como Dios está a un tiempo mismo en todas partes. de tal manera ha combinado las cosas la escuela liberal, que donde ella prevalece todos han de ser corruptores o corrompidos; porque donde no hay ningún hombre que no pueda ser César, o votar al César; todos han de ser o Césares o pretorianos».

Sea el problema original la corrupción del hombre o la de la sociedad en todo caso la situación es compleja para ambos partidos que debieran ser inmiscibles como el agua y el aceite. El socialismo azul se juega su hegemonía en su corral tradicional de votos, disimulo que no sería muy compatible con la deseada gran coalición socialista junto al PSOE. Y VOX debe intentar demostrar que su voto sirve para algo útil más que para apuntalar al socialismo azul y en última instancia también al rojo, pilares básicos del régimen. Si de verdad y no de boquilla se rechaza el globalismo o el agendismo 2030, poco coherente se puede hacer subordinado a quienes los consideran la base de su posición política. Pero no hay republica sin republicanos, ni patria sin patriotas. Sin una revolución en las conciencias que posibiliten leyes justas y acertadas y desempeños ejemplares poco se va a arreglar simplemente ocupando las instituciones. Pero ¿pueden instituciones degradadas que no se controlan sino acaso de modo parcial contribuir a lograr un cambio general en las conciencias? He ahí el dilema.
Tampoco será fácil cabalgar la contradicción de estar en contra de las autonomías pero al mismo tiempo participar de las delicias de la gobernanza y la privilegiada condición estupefaciente de sus altos cargos. Lo más coherente sería no participar en el gobierno de una institución que se considera perjudicial para España, intentando controlar desde el parlamentillo lo que se pueda. Se ha publicado que Abascal exige una vicepresidencia y unas cuantas consejerías. En todo caso, lo de repartirse poltronas antes de primero ponerse de acuerdo en programas o política mínimas a desarrollar no deja de ser una incoherencia aunque muy reveladora.
De entrar en el gobierno tiene que seleccionar muy bien a los ocupantes de las poltronas que le hayan tocado en suerte con gentes casi heroicas por si acaso se acostumbran a la voluptuosa molicie del alto cargo y se olvidan del interés general del partido y de los sufridos votantes a los que se les ha contado una cosa pero se termina haciendo lo contrario.
Para colmo los jugadores nacionales pueden pensar que mejor sacrificar el juego a la chica regional que no la grande nacional dando un órdago inoportuno. Dice el refrán que «jugador de chica, perdedor de mus».

