domingo, noviembre 30, 2025
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Magdalena del Amo: ¡A Ábalos lo van a matar si no lo protegen!

¡A Ábalos lo van a matar! Pero lo necesitamos vivo. Este fue el primer pensamiento que asaltó mi mente cuando se anunció la entrada en prisión de José Luis Ábalos y Koldo García. Se repetía la misma sospecha hecha realidad sobre Jeffrey Epstein y de otros personajes más alejados en el tiempo, como el almirante James Forrestal, Danny Casolaro, Max Gerson o Serge Monast, por poner solo unos ejemplos emblemáticos. La lista de políticos, científicos, militares o inventores fallecidos en extrañas circunstancias, cuyas muertes nunca se investigaron debidamente, tiene una longitud considerable. A esta ristra hay que sumar los grandes y significados magnicidios por encargo, sobre los que se realizan investigaciones con resultados escritos previamente y asesinos ad hoc que después reciben el disparo de la muerte. En España existen varios casos de muertes extrañas, nunca investigadas, instrucciones cerradas en falso, o, simplemente, casos cerrados sin una sola pesquisa, que quedan instalados en el imaginario colectivo. Es el modus operandi del sistema: y en el caso que nos ocupa estamos hablando de una banda criminal, un atajo de corruptos mafiosos que han llegado al gobierno de España con el firme propósito de enriquecerse y destrozar el país en sus diferentes ámbitos.

Ábalos sabe lo que le espera, conoce la mafia porque pertenece a ella, y seguro que tiene muy presente la extraña muerte de Juan Carlos Márquez, director ejecutivo de Petróleos de Venezuela (PDVSA), curiosamente durante las dos legislaturas de Rodríguez Zapatero, y a quien le cerraron la boca en 2019, justo un año después de la llegada de Sánchez a la Moncloa, tras la moción de censura defendida por el rijoso sujeto que acaba de entrar en la cárcel. Con Márquez han escenificado el clásico suicidio que nadie cree, cuando iba a colaborar con la justicia en el caso Morodo, el exembajador de Zapatero en Venezuela, en el que José Bono está embarrado hasta la médula. A buen seguro que Ábalos conoce los pormenores de esta muerte. Por su seguridad debe solicitar “cantar” cuanto antes, como hizo muy inteligentemente, Víctor de Aldama. Y además, para rebajar la condena. Veinte o treinta años es demasiado tiempo para pasarlo a la sombra, y no precisamente de una hamaca con daiquiri y chica de turno pagada. Algo que tenemos claro es que, si Ábalos aparece muerto, sabemos quién ha dado la orden.

Creo que muchos estamos pensando lo mismo, entre otros, Santiago Abascal, que ha pedido un programa de protección de testigos. No cabe duda que el peligro afecta a ambos presos, pero en particular al exministro y personaje cloaquil, conocedor de los entresijos del gran montaje de asalto al poder y sus fines concretos de permanencia por los siglos de los siglos. Pedro Sánchez es un Nicolás Maduro, que no le ha hecho falta entrenarse en el G2 cubano para ser tan malévolo y maquiavélico como el guardaespaldas de Hugo Chávez al servicio de la dictadura cubana, de quienes han aprendido los métodos sofisticados de persecución, encarcelamiento y tortura. 

Pero dentro de toda esta vergüenza nacional e internacional en la que nunca antes nos habíamos visto, y dando por hecho que casi todos los medios de comunicación y periodistas que los sustentan son matones a sueldo de la secta mafiosa gobernante, podemos decir que nos asiste la suerte, y debemos agradecer el bien hacer  de la UCO y de la prensa no adscrita al régimen por el constante trabajo de investigación, divulgación y denuncia, cuyos frutos se están sustanciando tras las rejas y en los juzgados. Gracias a este trabajo, la mafia gobernante no ha podido implementar al completo su modelo cubano de dictadura permanente y perpetua como habían previsto. Gracias a este tesón, no han podido implantar su sistema de jueces y fiscales dependientes del gobierno, aunque casi estuvieron a punto. ¿Es mejor ser enfermo mental o mala gente? En la banda de Moncloa hay para elegir. ¿O deberíamos decir la banda de Ferraz? Porque no vengan a hablarnos de diferencias entre ellos y de socialistas buenos y malos. Todos han apoyado el gobierno de Sánchez y se están beneficiando; por tanto, como mínimo son cómplices de los extremos a los que toda esta megalomanía y ambición sin límite nos ha conducido. ¿Ahora aparecen los críticos y se ponen estupendos? Tarde, demasiado tarde.

Decíamos hace tiempo que la secta socialcomunista de Sánchez, con sus elementos más radicales pretendían hacer de nuestra nación otra Venezuela. Incluso se atrevían a hacer chascarrillos al respecto para ridiculizarnos. ¿Recuerdan el titular de Maduro, “en España manda Delcy”, tras haber sido recibida ilegalmente en territorio español con las famosas maletas, y haber prometido los 250 millones para comprar la presidencia de la Internacional Socialista para Sánchez? Es cierto que por esos días, Delcy y Maduro mandaban mucho en nuestro gobierno corrupto. Por fortuna, si los planes salen como se espera, dentro de muy poco, mandarán en sus casas del exilio, si es que salen vivos.

El relato es largo y tortuoso, pero se va avanzando. Donald Trump está a punto de firmar una orden de arresto contra Zapatero, por su vinculación con el narcoterrorismo internacional venezolano, asunto que ya estaba en marcha y fue frenado durante la Administración Biden y su equipo de wokistas desequilibrados y antipatriotas. Esperamos impacientes las declaraciones de Hugo Carvajal, alias el Pollo, que fue Director General del Servicio de Contrainteligencia de Venezuela, durante el gobierno de Chávez, en las que presentará pruebas contundentes sobre las conexiones de España con el narcotráfico y otros asuntos graves, incluida la famosa mina de oro que Zapatero explota, según le contó a la exsenadora colombiana Piedad Córdoba. Las cosas van despacio, pero si Donald Trump pone el punto de mira en un asunto, tardará más o menos, pero nos guste o no, acabará apretando el gatillo.

Magdalena del Amo
Periodista, psicóloga, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.
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