El invertido Jean Cocteau, cercano a los hermanos rosacruces y gran Maestre del Priorato de Sión entre 1918 y 1963, estuvo vinculado a la abadía de Fleury en Saint-Benoît-sur-Loire (Loiret) a través de su estrecha amistad con el poeta y pintor judio Max Jacob, el cual vivió largas temporadas en este pueblo francés (entre 1921 y 1944), llevando una vida de carácter monástico, cerca de la abadía. Cocteau mantuvo una intensa correspondencia con él durante décadas y acudía a visitarlo a esta localidad.
En la cripta de la abadía de Fleury, fundada en 651 bajo la dinastía merovingia (Clodoveo II), se hallan parte de las reliquias de San Benito de Nursia. Fallecido en 547, el fundador de la Orden benedictina había sido enterrado en la abadía de Montecassino en Italia, en una tumba compartida con su hermana melliza, Escolástica. Treinta años más tarde, Montecassino fue destruida por los lombardos y, en 653, coincidiendo con el primer año de reinado del merovingio Childerico II, el abad de Fleury, Mummolo organizó una expedición liderada por el monje Aigulfo para trasladar los restos de San Benito a Fleury y los de Santa Escolástica a Le Mans. La posesión de las reliquias atrajo a numerosos peregrinos y dio a la abadía un enorme poder cultural y económico en Europa. Aigulfo fue finalmente mutilado (lengua y ojos) con la complicidad del obispo Mummolo, en la abadía de Lerins, en la Costa Azul, a donde había llegado para imponer una disciplina más estricta.
Los padres biológicos de Benito, Eutropio Anicio y Claudia Abondantia Reguardati pertenecían a la nobleza. La familia Anicia fue una de las dinastías patricias de la alta nobleza romana más influyentes de la antigüedad. El abuelo de Benito, Justiniano Probó fue cónsul y capitán general de los romanos. La gens Anicia tuvo su mayor época de poder entre el siglo IV y VI. ¿Será que la historia Católica fue llevada a cabo y escrita por los vencedores? Sabiendo además que, en la Edad Media, los monjes copistas fueron los principales encargados de custodiar, transcribir y preservar el conocimiento en Europa Occidental. En el scriptorium, sala dedicada exclusivamente a la copia y conservación de manuscritos, transcribían los textos en pergaminos y vitelas, hechos con pieles de animales. Abadías como la de Montecassino fueron pilares para salvar la literatura clásica y otros conocimientos como astrología y adivinación (pronostica) hasta mediados del siglo XV, cuando Gutenberg desarrolló la imprenta. Asimismo, la abadía de Fleury registraba 246 volúmenes en el inventario de 1047.
En cuanto a Felipe I de Francia, fue enterrado en Fleury por deseo propio antes de morir en 1108. Pidió ser sepultado allí, en lugar de en la Basílica de Saint-Denis, donde descansaban habitualmente los reyes de Francia, debido al remordimiento por su excomunión por haber repudiado a su esposa (Berta de Holanda) y haberse casado con Bertrada de Montfort, la cual era la quinta esposa de Fulco IV de Anjou, el Pendenciero.
Remontando este hilo histórico del Priorato, llegamos a la descendiente merovingia y templaria Jeanne du Lys, Juana de Arco. En 1429, tras su victoria en el asedio de Orleans, visitó Fleury, acompañando a su medio hermano, el rey Carlos VII antes de emprender camino hacia Reims, donde se realizaría la coronación oficial del monarca. Hay que especificar que Jehanne no se llamaba de Arco, sino Juana de Orleans, por ser la hija oculta del duque Luis de Orleans (hermano del rey Carlos VI) y de la Reina de Francia, Isabeau de Baviera. Juana fue la pareja alquímica de René de Anjou, igualmente gran Maestre del Priorato de Sión entre 1412 y 1480.
Los Jesuitas, que son descendientes de los Templarios, edificaron una casa de descanso en 1584, en el entorno de Saint Benoît sur Loire. Esta fecha corresponde a la crisis dinástica en Francia después de la cual el protestante Enrique IV fue sucesor al trono. El jesuita español Juan de Mariana defendía la legitimidad del tiranicidio bajo ciertas condiciones, lo que podria implicar la actuación de la Compañía de Jesús en el asesinato de Enrique IV en 1610. Los Jesuitas fueron propietarios de esta casa de campo hasta 1639.
Referente al ministro principal de Luis XIII, el cardenal Richelieu (Armand Jean du Plessis), fue noble y abad comendatario de Fleury desde 1621 hasta su fallecimiento en 1642. Bajo el sistema de la encomienda, la Corona otorgaba la dirección nominal de monasterios ricos a altos eclesiásticos o nobles seculares. Richelieu fue uno de los padres del espionaje. Para dirigir este entramado de agentes secretos y misiones diplomáticas encubiertas, se apoyó en su consejero, François Leclerc du Tremblay (Padre José), fraile capuchino perteneciente igualmente a la nobleza y conocido históricamente como la primera “eminencia gris” por su inmenso poder en la sombra. Resulta que, en 1623, aparecieron en París los primeros manifiestos alquímicos de los Rosacruces, los cuales quiso tener en su posesión. Obsesionado con financiar las campañas militares francesas y una cruzada contra el Imperio Otomano, vio en el alquimista Dubois la salvación financiera del reino. Convenció a Richelieu de que el alquimista era real y a Dubois se le otorgó un laboratorio privado en el Louvre, guardias de seguridad y financiación estatal. Mientras tanto, el ocultista y rosacruz inglés Robert Fludd, fue Gran Maestre del Priorato de Sión entre 1595 y 1637.
Para más inri, el cardenal Mazarino, primer ministro durante la minoría de edad del rey Luis XIV, entre 1642-1661, tuvo un vínculo muy lucrativo con Fleury, siendo asimismo abad comendatario. No residía allí, pero sí percibía una parte sustancial de las rentas y diezmos generados por estas extensas tierras. El cardenal llegó a acumular unas 25 abadías en régimen de encomienda. Se vincula a Mazarino con sociedades secretas herméticas como el Priorato de Sión. Respecto al Cardenal André-Hercule de Fleury (1653–1743), primer ministro de Luis XV, fue Gran Maestre del Priorato de Sión.
La flor de lis, símbolo heráldico utilizado de forma central por Luis XIII, Luis XIV y Luis XV (dinastía de los Borbones), es la misma imagen que la rana de los reyes merovingios. Antes de su conversión al cristianismo, Clodoveo I utilizaba en su escudo de armas un blasón con tres ranas/ sapos sobre fondo heráldico que se considera el símbolo tradicional de los francos salios paganos.
En resumidas cuentas, los guardianes del secreto de Sión, vinculados al ocultismo, a la sangre azul y a la historia de Israel siempre han querido controlar el Catolicismo desde dentro.

