Desencantos

Por Alfonso de la Vega

El otro día hacía referencia a una película sumamente interesante que me había causado gran impresión y hecho reflexionar. Apocalipsis Now. Aquí, con un presupuesto mucho más modesto en 1976 se estrenaba la película de Jaime Chávarri El Desencanto. Yo la vi en el antiguo cine Palace, cuyas butacas eran famosas por lo incómodas. Lo que parecía un reportaje más o menos hagiográfico sobre la figura del poeta astorgano Leopoldo Panero, que otrora se enfrentara en el plano poético e ideológico con Neruda y su visión comunista de la Hispanidad, se convirtió en una imprevista feroz diatriba contra el poeta.

Según el documental realizado improvisando sin guion previo, era alcohólico, franquista, mal padre. El supuesto pater familias ejemplar habría sido un patético desastre. Sin embargo, la esposa, Felicidad Blanc, intentaba mantener su propia visión nostálgica, complaciente, edulcorada, indulgente de lo que en verdad habría resultado ser su familia aparentemente ejemplar. Pero los tres hijos del matrimonio disparan sin piedad para destruir la imagen pública y la memoria de su padre. Tres personajes cada cual más desquiciado y lamentable cada uno en su estilo. Convertidos al rojerío frívolo y a las drogadicciones compiten por mostrar una visión descarnada de la peripecia familiar. Entiendo que exagerando lo más esperpéntico de su memoria histórica personal.

Parecería que el guion lo habría escrito el psiquiatra Freud, pasado por el existencialista Sartre o el liquidador Bergoglio. Sordidez y desesperanza, debilidad moral, regodeo en la incompetencia y la podredumbre. Sometimiento a las propias pasiones. Una película entonces sorprendente, impactante y que recuerdo de gran interés testimonial. Fuere como fuere la verdadera historia real, a mí me quedó como un indisimulable fracaso. A la luz de lo acontecido también viene a resultar una alegoría profética del propio fracaso español durante este último medio siglo. 

El Desencanto no es un panegírico hagiográfico sino que nos descubre las heridas del tiempo, del alcohol y de la crítica despiadada, infringidas a una supuesta felicidad familiar, que no pudo resistir el devenir de los años ni el contraste de la ideología con los hechos. Felicidad Blanc la mujer del protagonista ausente y madre de los tres hijos rebeldes, siente nostalgia de un tiempo pasado y se lamenta de la caída catastrófica de unos ideales más fingidos que vividos. Parafraseando a otro poeta mucho más lejano en lo ideológico que en lo geográfico, el sevillano Luis Cernuda, se constata la desolación de una quimera. Un despiadado ajuste de cuentas.

Ha pasado medio siglo, unas retóricas justificadoras han sustituido a otras y se hace patente otra nueva desolación: la del ocaso definitivo de las esperanzas despertadas por la llamada Transición. La devastación institucional, el sucesivo empobrecimiento relativo, la incertidumbre del futuro, la indignidad y arrumbamiento del honor…

Se muestra otra vez nuestra incapacidad para dotarnos de verdaderas instituciones justas, democráticas, eficaces. Como mulo de ojos tapados seguimos dando vueltas a la noria para beneficio de la codiciosa y antipatriótica oligarquía que nos humilla y saquea. Y aquí tiene mucho que ver, siguiendo su peculiar tradición histórica, la Monarquía con carácter general y la propia Corona en particular, incapaz de mantener siquiera una conducta ejemplar para compensar los privilegios que disfruta sin merecerlos. Hablando de familias ejemplares en eso estamos también hoy con los Borbones indicando otro final de ciclo con su consecuencia de final de encubrimientos e impunidades.

Sobre la figura fundamental de la madre de familia como una Soledad Blanc hace un tiempo una periodista con fama de experta zarzuelóloga, Pilar Eyre, criticaba a la matriarca, la reina consorte doña Sofía Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg. 

La periodista catalana desvelaba algunas cosas más o menos conocidas de la reina emérita: su carácter altanero, clasista, su consumismo. Su falta de atención a sus hijas. “La culpable de que la familia Real sea una familia disfuncional es Doña Sofía porque no ha sabido crear hogar y no ha sabido ocuparse de sus hijas. Sólo se ha centrado en su hijo”. Cuestión que de ser cierta explicaría muchas cosas sobre la extraña conducta del hoy rey, recordando nuevamente al Doctor Freud. Comentaba también su menosprecio a los españoles, que sin embargo han costeado y todavía siguen haciéndolo todos sus lujos de ella y su onerosa familia.

Probablemente, sea un ejemplo del clásico dame pan y llámame tonta, en este caso “consentidora”. Porque no deja demasiado bien la dignidad femenina con ese pertinaz consentir cuernos durante décadas a cambio de una vida muelle de lujos y privilegios pagados por el pueblo despreciado. Especialmente cuando no se es una mujer desamparada sin recursos fatalmente obligada por las circunstancias a soportar situaciones humillantes. Tampoco la dejaría en buen lugar estas supuestas afirmaciones de la mujer del emérito: “ya sabes que no te vas a divorciar de mí, jódete porque sabes que nunca te vas a poder divorciar de mí”. La Eyre prosigue: “Hemos sido engañados durante muchos años al creer que los reyes eméritos mantenían una relación normal, feliz y unida, ya que detrás había mucho dolor y engaño.” Ambas esposas y madres, Soledad y Sofía, representan sendos fracasos familiares.

Y la vida continúa con otro engañoso segundo acto de la farsa ahora con las hazañas de doña Leticia y su marido.  

Pero en términos de la Patria, ¿Cuándo se fastidió el asunto? ¿Cuándo se perdió el Verbo? Se preguntan muchos para tratar de volver al momento en que se tomó el camino equivocado.  No se sabe. Lo más seguro es que nunca estuviéramos en el sendero correcto sino que íbamos por donde nos mandaban los pastores desleales como los del genial Coloquio de los perros cervantino.

Y hete aquí que, como un relegado tótem de la izquierda sin causa, igual que en una reciente sesión de falso espiritismo se han tratado de recuperar los corruptos fastos lampedusianos del felipismo. Pero la verdad es que ¡cómo nos han engañado a nuestra generación!  Ahí es nada, Felipe, ese caballero de mohatra, ¡como médium para atraer el poder y los presupuestos perdidos!

Aquí en España la política ya parece carecer de remedio desde dentro: La podredumbre y estulticia es tan grande en el Reino, que habría de venir algún agente externo que la limpiase. Hoy todo va manga por hombro, incluso instituciones otrora tan sólidas y prestigiosas como la Benemérita ofrecen al público indignantes escándalos Si esto sigue así y con la pasividad de Don Felipe, los Borbones no podrán resistir mucho tiempo con el Régimen naciente en contra y posiblemente pronto estarán en retirada voluntaria o forzada. Es evidente que los socialistas españoles siempre tan desagradecidos con sus benefactores, en esto similares a los Borbones, van a por la dinastía sin tapujos. Se acabaron los tiempos de lucrativa UTE entre socialistas made in USA y Borbones. Se ha levantado la veda. Ya no importa decir que el rey está desnudo.

No faltará entonces un nuevo Chávarri que glosará en feroz largometraje las maravillas de la familia. Una familia representativa de todo un Régimen arrumbado. Un nuevo desencanto para los que estaban encantados. Que no es mi caso.

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