Por Alfonso de la Vega
La verdadera naturaleza de algo amén de su capacidad de resistencia se observa cuando está sometida a un esfuerzo mayor que el del régimen estacionario de funcionamiento. Desde el revelador reinado de don Felipe lo estamos comprobando con el régimen del 78, su defectuoso diseño y el desempeño de sus principales piezas. En tales casos se puede observar dónde se encuentra el poder de verdad, el real que no el representado durante la farsa para disimulo y engaño de los súbditos. Existen dos constituciones, una no escrita para los poderosos y sus beneficiarios y otra, la publicada u oficial, para la gestión y mejor explotación de la plebe que soporta con su esfuerzo el oneroso y corrupto tenderete.
El asunto no es nuevo, forma parte sustancial de Monarquía borbónica a lo largo de su historia. Ya el abogado, ex diputado y ex ministro Ossorio se lamentaba con estas palabras hace un siglo: “La Restauración. Es decir, ficción, anemia, parálisis… Toma cuerpo una doctrina escandalosamente inmoral, que ¡todavía hoy! Reputan exquisita algunos obcecados: La de la dualidad de constituciones, una externa y otra interna. Dígase claro: la externa un conjunto de reglas sabias que se lleva a la “Gaceta”, con la intención de no obedecerlas jamás; la interna, un contubernio de dos oligarquías para reírse de lo legislado y mantener una dominación alternativa en provecho de deudos y familiares, socios y compinches, apologistas y turiferarios.»
Pero no, la cosa no suena a pasado remoto sino a actualidad. La prueba de ello es que el propio CGPJ, que suele llevar las cosas con toda clase de desesperantes parsimonias se ha reunido de urgencia hoy domingo para decidir si abrir expediente al juez Peinado. El motivo es el auto de ayer por el que se ha atrevido a procesar a la antigua madame hoy emprendedora mujer del excelentísimo señor presidente del gobierno de Su Majestad. Habría reaccionado montado en cólera acompañado de las habituales comparsas de cloacas, mercenarios, traidores y corruptos de todas clases, a los que también se les ha añadido el coro de plañideras de sindicatos policiales en defensa de su honra. Estos últimos aprovechando un contraargumento del juez sobre la posibilidad de fuga de la procesada con alguna posible colaboración policial. No se trata de una especulación gratuita sino de algo de lo que hay graves precedentes bien conocidos. Sin embargo, aunque no le falte razón quizás el juez ha pecado de ingenuidad al no tener en cuenta que van a por él y todo pretexto resulta bueno.
Por poner un poco de humor cervantino en asunto tan grave como el que comentamos la cosa me ha recordado al buen gobernador y brillante juez Sancho que tenía su método infalible de juzgar con acierto pese a su nula formación académica: El «querer» hacer justicia además de saber. Cabe traer aquí a colación, más tratándose de la despejada hija de don Sabiniano, cierto famoso caso de El Quijote.
“Acabado este pleito entró en el juzgado una mujer asida fuertemente a un hombre vestido de ganadero rico, demandando justicia, pues, -decía-, este mal hombre me ha cogido en la mitad de ese campo y se ha aprovechado de mi cuerpo como si fuera trapo mal lavado, y ¡desdichada de mí!, me ha llevado lo que yo tenia guardado más de veinte y tres años ha, defendiéndolos de moros y cristianos, de naturales y extranjeros, y yo siempre dura como un alcornoque, conservándome entera como la salamanquesa en el fuego o como la lana entre las zarzas, para que este buen hombre llegase ahora con sus manos limpias a manosearme.
El ganadero, negaba cualquier forzamiento o abuso, y alegó que volviendo a su aldea se topó en el camino con esta buena dueña, y «el diablo que todo lo añasca y todo lo cuece hizo que yogasemos juntos, páguele lo suficiente y ella mal contenta, asió de mí y no me ha dejado hasta traerme a este puesto. Dice que la forcé y miente, para el juramento que hago o pienso hacer; y esta es toda la verdad, sin faltar meaja».
El gobernador preguntó al ganadero si traía algún dinero en plata y le mandó que entregase los veinte ducados que llevaba a la querellante que salió toda ufana y zalamera con las monedas, para entonces decirle Sancho a aquel buen hombre:
«Id tras aquélla mujer y quitadle la bolsa aunque no quiera, y volved aquí con ella».
Y volvió el ganadero con la mujer a quien no pudo arrancarle la bolsa con las monedas diciendo ésta, que antes me dejara yo quitar la vida que me quiten la bolsa, ¡antes el alma de en mitad de las carnes!
Le pidió Sancho a la mujer la bolsa y dándosela, la devolvió al hombre, diciéndole a la esforzada y no forzada mujer:
-«Hermana mía, si el mismo aliento y valor que habéis mostrado para defender esta bolsa le mostrarades, y aun la mitad menos, para defender vuestro cuerpo, las fuerzas de Hércules no os hicieran fuerza. Andad con Dios, y mucho en enhoramala, y no paréis en toda esta ínsula ni en seis leguas a la redonda, so pena de doscientos azotes. Andad luego, digo, churrillera, desvergonzada, y embaidora».
Y dijo luego al hombre: «Buen hombre, andad con Dios a vuestro lugar con vuestro dinero, y de aquí en adelante si no le queréis perder procurar que no os venga en voluntad de yogar con nadie”
La citada reunión del CGPJ continuará mañana lunes y es de desear que no se doblegue ni haga el ridículo o quede en evidencia letal ante la opinión pública. Pero el gesto de tantas prisas queda ahí como símbolo del estado calamitoso de la Monarquía en la que la separación de poderes se revela pura farsa y ni se molestan en disimularlo. Lástima que no hayan tenido la misma o similar urgencia en defender a los jueces acosados.
La mayoría de los policías o guardias civiles son gente honrada y profesional con vocación de servir a los que les convendría por su propio prestigio y dignidad aislar y denunciar a los que no los son, incluidos sus jefes, en su caso. Sin embargo, Los sindicatos policiales por su propio prestigio y dignidad debieran evitar intentar defender lo indefendible sobre todo cuando hay notorios precedentes. Al igual que con el comentario anterior, lástima que cuando han conocido, incluso desde investigaciones judiciales, las maniobras de ciertas jerarquías para neutralizar o someter a los profesionales honrados bajo su mando o intentar impedirles que cumplan con su deber, no hayan tenido la misma o similar contundencia.
¿Democracia dice Usted? Estamos viviendo momentos muy graves. Por desgracia, el rey ni está ni se le espera, la sociedad civil debe intentar defenderse y defender a los jueces honrados que cumplen con su deber y hoy constituyen la última resistencia institucional a la tiranía en ciernes.

