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Mientras las víctimas de Adamuz siguen sin justicia, Renfe gasta tu dinero en decorar un tren para el “Orgullo degenerado”

Cinco meses después de la peor tragedia ferroviaria en España desde el accidente de Angrois en 2013, el balance sigue siendo el mismo: 46 muertos y decenas de heridos graves. El 18 de enero de 2026, un tren Iryo procedente de Málaga descarriló en Adamuz (Córdoba) e invadió la vía contraria, colisionando a más de 200 km/h con un Alvia de Renfe que viajaba de Madrid a Huelva. El impacto fue devastador. Las familias de las víctimas —muchas de ellas de Huelva— siguen esperando respuestas, indemnizaciones y, sobre todo, responsabilidades.

La investigación judicial y técnica de la CIAF sigue abierta. Se apunta a una posible rotura de carril o soldadura defectuosa en la infraestructura gestionada por ADIF. Hasta la fecha, nadie ha entrado en prisión. Ni un solo responsable político, técnico o de la operadora ha rendido cuentas penales. El dolor de los familiares contrasta con la impunidad que rodea al suceso.

Y mientras tanto, ¿qué hace el Ministerio de Transportes y Renfe con el dinero de todos los españoles? Decorar un tren de alta velocidad con los colores del arcoíris para celebrar el “Día del Orgullo”.

Un vídeo difundido en redes sociales muestra con toda claridad cómo operarios en un taller aplican grandes vinilos multicolores sobre la carrocería de un convoy AVE. Al final del proceso, aparece el mensaje en letras blancas: “¡FELIZ DÍA DEL ORGULLO!”. La operación, que requiere personal, material, horas de trabajo y el tren fuera de servicio, se paga con fondos públicos.

La misma empresa que gestiona (o gestionaba) parte del servicio implicado en la tragedia de Adamuz dedica recursos a una campaña visual de visibilidad ideológica. No es la primera vez que Renfe lo hace —ya lo hizo en años anteriores—, pero el timing resulta especialmente obsceno: las cruces de Adamuz aún están frescas y las familias siguen yendo a los juzgados sin que nadie haya pagado por los fallos que costaron 46 vidas.

Prioridades invertidas

Este no es un debate sobre el supuesto Orgullo. Es un debate sobre prioridades. Cuando un país sufre una catástrofe ferroviaria de esta magnitud, lo mínimo exigible es:

  • Transparencia total en la investigación.
  • Agilidad en la identificación de responsabilidades (infraestructura, mantenimiento, supervisión).
  • Recursos destinados a mejorar la seguridad de las vías y los trenes.
  • Respeto institucional hacia las víctimas.

En su lugar, lo que vemos es un tren envuelto en colores mientras la investigación avanza a paso de tortuga y las familias siguen sin justicia. El mismo dinero que podría destinarse a reforzar soldaduras, revisar carriles o acelerar las periciales se emplea en una operación de marketing que solo sirve para que algunos se hagan fotos y otros se sientan “visibilizados”.

El usuario que difundió las imágenes lo resumió con crudeza: “Aún no hay nadie en la cárcel por los 46 muertos del accidente de Adamuz pero el Ministerio de Transportes y Renfe se gastan tus impuestos en decorar un tren para celebrar el orgullo degenerado”.

La expresión “orgullo degenerado” puede resultar dura para algunos, pero refleja el sentimiento de mucha gente que ve cómo se prioriza el espectáculo identitario sobre la vida humana y la rendición de cuentas. Cuando un tren público se convierte en pancarta rodante mientras las víctimas de otro tren siguen sin justicia, el ciudadano tiene derecho a indignarse.

¿Y ahora qué?

La pregunta que flota en el aire es sencilla: ¿cuánto cuesta esta operación de decorado? ¿Cuántos trenes se van a “decorar”? ¿Qué parte del presupuesto de Renfe o del Ministerio se destina a estas campañas frente a lo que se invierte en seguridad ferroviaria tras Adamuz?

Porque al final, los contribuyentes no solo pagamos los trenes. Pagamos también las consecuencias cuando fallan. Y pagar para que los trenes lleven mensajes arcoíris mientras las familias de Adamuz siguen esperando un “lo sentimos, aquí están los culpables” resulta, sencillamente, indignante.

España no necesita más trenes pintados de colores. Necesita vías seguras, investigaciones serias y responsables que asuman las consecuencias de sus errores. Hasta que eso ocurra, cualquier celebración con dinero público sonará a burla.

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