miércoles, marzo 4, 2026
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Magdalena del Amo: Sánchez aspira a colonizar el Poder Judicial como lo está haciendo con la Fiscalía, y por eso pretende alargar la legislatura

Una especie de desencanto parece reinar en los últimos días en relación al final de Pedro Sánchez. Aquellos titulares de hace pocas semanas en los medios libres que, con toda lógica, auguraban “elecciones en primavera”, “Sánchez camino del banquillo” o que los días del sátrapa estaban contados, se han ido diluyendo, percibiéndose una suerte de saturación, de desesperanza, incluso casi de resignación aprendida, ante la posibilidad de vernos atrapados en esta especie de laberinto regentado por un monstruo tan peligroso como el mitológico cretense. ¿Habrá un Teseo que nos libere?

Es cierto que esta banda mafiosa gobernante ha llegado con la intención de quedarse para siempre, y hará lo posible para ello. Es un viejo sueño de la izquierda y no hay que extrañarse. Basta recordar a sus antecesores de los años treinta, aquellos que robaban elecciones, que quemaban conventos y curas, que disparaban al Sagrado Corazón y que no se ocultaban para proferir frases como “si perdemos iremos a la guerra” o “si los socialistas son derrotados en las urnas, irán a la violencia”. La hemeroteca conserva una retahíla de frases de Largo Caballero y compañía que causan pavor. Y en esa misma línea de evitar que la derecha llegara al poder, se movía el ahora decepcionado y quejoso expresidente Felipe González, que él mismo expresó en Panamá (no tengo el dato exacto, pero sé que así fue).

Es cierto que estamos cansados y la mochila social no aguanta más delitos, ni más persecuciones, ni más ataques y ninguneos a la Justicia. Este es el quid. La corrupción aumenta cada día, pero cada vez la Justicia está más depauperada. La fiscal Teresa Peramato, de colmillo bastante más retorcido que el fiscal condenado, acaba de nombrar a unos cuantos fiscales de su cuerda, es decir, para actuar de defensores de los delitos del gobierno. Esta buena señora es la misma que se niega a entregar al abogado de Julio Iglesias la denuncia en la que se le acusa de agresión sexual, trata de seres humanos y delitos contra los trabajadores. Todo fue un complot contra el cantante, urdido para rentabilizarlo políticamente y encubrir la corrupción del sanchismo.

No queremos imaginar que el gobierno pueda llegar a dominar a los jueces. Aunque algunos estén “pillados” por algún tema oscuro o incluso relacionados con los prostíbulos y menores, sabemos que los hay impolutos, y, por tanto, inmunes al chantaje. Cuando la exfiscal  Dolores Delgado, según figura en las grabaciones de Villarejo, dijo que en un viaje a Cartagena de Indias vio que jueces y fiscales iban con menores, recuerdo que, a través de un artículo, invité a los interesados a dar un paso al frente y explicarse. ¿Por qué no aclarar tales insinuaciones? Todos hubiésemos salido ganando. Conviene aclarar que cuando se habla de una menor siempre tendemos a imaginarnos a una niñita de pocos años; pero también una mujer de 17  años y medio es una menor, que puede aparentar 22 y  ejercer de señorita de compañía, máxime en el Caribe, sobre todo, en zonas turísticas. Sé que no es políticamente correcto decir esto, lo cual no quiere decir que no sea una descripción de la realidad. Todo tiene sus escalas y hay que distinguir.

El asalto al Poder Judicial por parte del gobierno debería ser nuestra mayor preocupación. Ya en tiempos pasados se produjo esta situación en España. Esta frase de Gil Robles, dirigida a Manuel Azaña, denota esa preocupación de la derecha de entonces por los acontecimientos que se estaban viviendo: “La política del Gobierno está acabando con la independencia del Poder Judicial; los jueces están viviendo bajo el peso de una intolerable coacción”. ¿Nos suena esto? ¿Está ocurriendo lo mismo? Lo mismito y quizá lo lleven más adelantado de lo que sabemos.

Nuestra esperanza es la Justicia; eso que Sánchez quiere pervertir. Y si lo consigue, España será China, Cuba, Venezuela e Irán juntos; donde no existen los derechos, donde encarcelan a las personas sin motivo, las desaparecen sin dejar rastro o las envenenan, fusilan, decapitan o ahorcan. Y esto es lo que pretende Pedro Sánchez: poder absoluto, y eso solo se consigue cuando se es capaz de disponer de la vida de otros a voluntad. 

A propósito de Irán, España está dando la nota, en manos de este descerebrado que ha roto todos los esquemas. Siempre posicionándose del lado del Mal, apoyando dictaduras, tiranías y bandas terroristas. Pero no sé por qué nos extrañamos: siendo íntimo de ETA, hasta el punto de ceder a todos sus chantajes, cómo no iba a intimar con sus compañeros de metralleta y bombas, Hamás, Hezbolá, hutíes y cuanto terrorista cabalga por esos mundos infernales; a los que hay que sumar el Tren de Aragua, el ELN, la disidencia de las FARC y los capos de los diferentes cárteles.

El muy irresponsable presidente se ha atrevido a negarle a Estados Unidos el uso de las bases militares de Morón y Rota, al tiempo que se aparta de Francia, Alemania, Polonia, Dinamarca, Suecia y el resto de países unidos  para formar una especie de paraguas de defensa europeo. Es vergonzoso escuchar opiniones como “España ha perdido el rumbo” o “España es un aliado terrible”.

En cuanto a los ataques de Irán al resto de países de la zona, es decir, todos, porque son los chiítas contra las naciones árabes del Golfo, léase el propio Israel, Arabia Saudí, Irak, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán, Qatar, Baréin o Chipre, Sánchez los condena en su cuenta de X, pero con la boca pequeña. Su buenismo infantiloide, igual que sus ministros de Defensa y Exteriores, Robles y Albares, le lleva a pronunciar frases de instituto, como “la violencia engendra más violencia”. Frases para niños; aunque no hay que perder de vista la entente Irán Venezuela, con la que Sánchez tiene intereses, mucho que esconder y demasiados secretos inconfesables. El problema es que, más allá de su paranoia, son prisioneros de sus pactos con el lado oscuro.

Pedro Sánchez cree que un conflicto internacional duradero, más allá de las seis semanas que Trump pronostica, le vendría de perlas. Recordemos el control férreo durante la pandemia y los continuos decretos y dosificación de las sesiones parlamentarias. Pero podría ocurrir todo lo contrario. De momento, es difícil calcular las consecuencias de ejercer de pacifista trasnochado y aislado del mundo, aunque nos atrevemos a decir que, salvo a la panda de los bodrios del cine y la ceja y algunos despistados más, el pueblo quiere sentirse seguro y no andar haciendo enemigos. Y mucho menos posicionarse en el bando de los terroristas. Por otro lado, mientras hablamos de la guerra y nadamos en el bucle de la incertidumbre y el miedo, restamos tiempo a la denuncia de sus múltiples casos de corrupción y dejamos descansar a Begoña, la de los cinco delitos, que se niega a entregar el pasaporte y que se paseó por la alfombra roja del aquelarre de los Goya, con su peluca rubia recién estrenada, dejándose empalagar por los palmeros sacrílegos. Son las rentas de la subvención de un cine que, por honra y coherencia, no ve nadie. ¡Y ya va siendo hora de que los faranduleros se paguen sus propios vicios!

Seguiremos hablando de Sánchez y su coro de personajes. Haremos horas extras si es necesario. Pero en este momento, a pesar de los reveses, es importante no desfallecer y mantener viva la esperanza. No podemos dejar que prenda en la sociedad la idea de la imposibilidad de echar a Sánchez y enviarlo a la cárcel con todos sus caballeros de mohatra.

Magdalena del Amo
Periodista, psicóloga, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.
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