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El Misterio del último Sha de Persia (Irán) y la dualidad de EE.UU.

Hace unos meses vi un documental muy interesante titulado «El misterio del último Sha de Irán» realizado en 2017, que reconstruye la vida, el reinado, el exilio y la muerte de Mohammad Reza Pahlavi, el último monarca de Irán. A través de archivos históricos, testimonios de médicos, diplomáticos y allegados, y un análisis geopolítico, este documental explora cómo la Revolución Iraní de 1979 no solo derrocó a un régimen autoritario, sino que fue influenciada por maniobras occidentales que facilitaron el ascenso del islam.

El enfoque principal está en la enfermedad oculta del Sha, su odisea en el exilio y las traiciones de aliados como Estados Unidos, que, según el documental, se alinearon implícitamente con fuerzas islámicas para promover cambios que beneficiaran sus intereses estratégicos.

Mohammad Reza Pahlavi asumió el trono en 1941, tras la abdicación forzada de su padre, Reza Shah, debido a la invasión anglo-soviética durante la Segunda Guerra Mundial. En 1953, enfrentó una grave crisis cuando el primer ministro Mohammad Mosaddegh nacionalizó la industria petrolera, lo que llevó a un golpe de Estado respaldado por la CIA y el MI6 británico. Este evento restituyó al Sha en el poder, consolidando su alianza con Occidente.

En 1967, en una ceremonia muy extravagante, se autoproclamó «Rey de Reyes» (Shah-an-Shah) y coronó a su tercera esposa, la famosa Farah Diba, como Emperatriz. Con los ingresos petroleros en auge, impulsó un ambicioso plan de modernización: industrialización, educación masiva y un ejército potente. Aliado con naciones árabes, elevó los precios del petróleo en 1973, aumentando el PIB iraní en un 50% anual, pero generando tensiones con Occidente al amenazar con cancelar contratos petroleros en 1979.

A pesar de los avances, la modernización acelerada generó una profunda desilusión entre los iraníes. Las infraestructuras era deficientes, la planificación inadecuada, y la corrupción rampante en la corte y entre aliados del Sha exacerbó la brecha social, el desempleo y el malestar general. El monarca, convencido de su «misión divina», ignoró el despertar político de la clase media, que demandaba libertades. Varios intentos de asesinato y las protestas crecientes revelaron el descontento.

La corrupción se extendía a la mala gestión de los petrodólares, con proyectos grandiosos que beneficiaban a elites mientras el pueblo sufría. Esto, sumado a la represión, preparó el terreno para la oposición unificada detrás del Ayatolá Jomeini, exiliado en Francia desde 1963.

El documental argumenta que Estados Unidos, bajo diferentes administraciones, jugó un rol dual: primero apoyando al Sha como baluarte antisoviético, pero luego facilitando su caída en favor de un cambio hacia el «islam político». El presidente Richard Nixon, en 1973, otorgó al Sha carta blanca para comprar armas estadounidenses, fortaleciendo su régimen militar. Sin embargo, con Jimmy Carter en 1977, la política cambió: El presidente Carter presionó al Sha por violaciones a los derechos humanos, lo que interpretaron los opositores como una luz verde para intensificar las protestas. Carter envió al general de la OTAN Robert Huyser a Irán para asegurar que el ejército no interviniera en las revueltas, neutralizándolo y allanando el camino para la salida del Sha.

El documental sugiere que esta presión fue parte de una estrategia occidental para aliarse implícitamente con fuerzas islámicas, priorizando la «democracia y autodeterminación» sobre la estabilidad del Sha. En la cumbre de Guadalupe en enero de 1979, líderes como Carter (EE.UU.), James Callaghan (Reino Unido), Helmut Schmidt (Alemania) y Valéry Giscard d’Estaing (Francia) decidieron el destino del Sha ante la expiración de contratos petroleros. Giscard d’Estaing, en particular, permitió el exilio de Jomeini en Francia, desde donde difundía mensajes revolucionarios vía medios occidentales, incitando huelgas y disturbios.

Esta «alianza» con el islam facilitó el regreso triunfal de Jomeini el 1 de febrero de 1979 y la consolidación de la República Islámica. El abandono del Sha generó un «efecto rebote», como la crisis de los rehenes en la embajada estadounidense en Teherán (noviembre 1979 a enero 1981), sanciones permanentes y décadas de tensiones.

El 16 de enero de 1979, el Sha abandonó Irán en helicóptero, iniciando un exilio de 19 meses por Egipto, Marruecos, Bahamas, México, EE.UU., Panamá y regreso a Egipto, donde murió el 27 de julio de 1980. Su enfermedad —un cáncer linfático diagnosticado en secreto en 1974 por médicos franceses como Jean Bernard y Georges Flandrin (ocultado incluso a él mismo como «enfermedad de Waldenström»)— se agravó por los tratamientos negligentes: biopsias erróneas, cirugías incompletas (como la colecistectomía en Nueva York) y complicaciones fatales en Panamá y Egipto.

Henry Kissinger (exsecretario de Estado) y David Rockefeller (dueño del Chase Manhattan Bank, que manejaba cuentas iraníes) fueron figuras clave en su huida. Junto a la princesa Ashraf (hermana del Sha), intervinieron para conseguir asilos en Bahamas y México. Rockefeller envió asesores como Robert Armao y médicos como Benjamin Kean, mientras Kissinger presionó diplomáticamente por su entrada humanitaria a EE.UU., pese a los riesgos de la crisis de rehenes. Irónicamente, estos «aliados» representaban los intereses occidentales que habían traicionado al Sha, priorizando control financiero (congelando miles de millones en activos iraníes) sobre su lealtad.

El documental critica la «naiveté» de Carter en promover derechos humanos, lo que catalizó el ascenso islámico y alteró Oriente Medio. Intereses de EE.UU. e Israel (aliado clave del Sha, que perdió influencia con el nuevo régimen antiisraelí) se vieron afectados, con sanciones y hostilidad duradera.

En resumen, el filme revela cómo pequeñas decisiones médicas y grandes maniobras geopolíticas —incluyendo la alianza implícita de EE.UU. con el islam para derrocar al Sha— cambiaron el curso de la historia del país.

(Por Lourdes Martino)

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