lunes, abril 13, 2026
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Distintos hipócritas antirracistas reciben llamadas de Michael Boor para que puedan acoger unos cuantos menas en sus casas

Distintos hipócritas antirracistas reciben llamadas de Michael Boor para que puedan acoger unos cuantos menas en sus casas. Publiqué un vídeo titulado Llamamos a una bocachancla de la acogida para meterle algunos menas en su casa (AHORA DISPONIBLE EN RADIOFANATICA.NET), una pieza que durante unas horas estuvo circulando y que después dejó de estar disponible. La idea era sencilla: poner a prueba, mediante una llamada telefónica, hasta qué punto el discurso solidario que muchos defienden en público se traduce en compromisos reales cuando la responsabilidad llama literalmente a la puerta.

Lo que os hemos comentado ya en telecreyentes no es ninguna broma. Las llamadas que he realizado a ciertas personas del entorno de los generosos por cuenta ajena que quieren integrar a todo el mundo y acoger a todo el mundo no es ninguna broma. Es el reconocimiento puro y simple de que todas las personas sin excepción que están más involucradas en todo este rollo de integrar y de acoger en realidad no acogen a nadie ni mucho menos en sus casas. Para eso ya estamos los de la comuna hippie que ellos consideran a la sociedad como tal y que tenemos que pagar con católicos queramos o no sus caprichos acogedores e integradores.

Es un calco casi exacto de la llamada que realicé en su día y que fue tan viral a una cenutria de Izquierda Unida que se dedicó a intentar explicarme por activa y por pasiva porque ella no acogía a nadie en su casa cuando le parecía también que un auto reconocido delincuente perseguido por la policía (así me presente ante ella) ocupase las casas de los demás. Esta gente está enferma y el lema de la más mínima moral de no hagas los demás lo que no quieras que te hagan a ti se lo pasan por el forro. Es su modus operandi y hasta su modus vivendi en muchos casos, pues no hay que olvidarse de que muchas personas tienen clientela asegurada y el pago también asegurado por parte del Estado con todo este tema de los presuntos refugiados.

Arranqué la conversación con tono amable. Me presenté como músico solidario interesado en participar en un supuesto concierto solidario y tanteé la posibilidad de colaborar con una asociación muy activa en causas proinmigración. Hablamos de cultura, de activismo, de la importancia de apoyar determinadas luchas. Al otro lado del teléfono encontré un discurso convencido, cómodo, incluso seguro de sí mismo. Se defendía la necesidad de acoger, de no criminalizar, de ser más humanos. Hasta ahí, todo encajaba con la imagen pública que yo quería contrastar.

Esperé el momento oportuno y cambié el eje de la conversación. Dejé de hablar de conciertos y pasé a algo mucho más concreto: la posibilidad de alojar en casas particulares a varios menores extranjeros no acompañados durante las vacaciones. Lo planteé como algo inmediato, práctico, casi logístico. Si tan clara estaba la defensa de la acogida, pensé, la propuesta no debería resultar descabellada.

El silencio fue lo primero que apareció. Después llegaron las matizaciones. Que si la asociación era cultural y no gestionaba viviendas. Que si el compromiso era ideológico, pero no operativo. Que si en el domicilio familiar no había espacio. Que si esa responsabilidad correspondía a ministerios, técnicos y profesionales. Yo insistí, no de forma violenta, pero sí directa: pregunté si, más allá de las pancartas y los mensajes en redes, existía la disposición real a abrir la puerta de casa.

La conversación se tensó. Se me reprochó que buscaba provocar, que estaba intentando desacreditarles (POR SUPUESTO). En cierto momento, la respuesta fue frontal: se me dijo que estaba intentando averiguar si la persona acogía en su propia casa por el hecho de mostrarse proactiva en estos temas, y que antes acogería a esos jóvenes que a mí, que si era un hijo de… Después de insultarme, con muy mala leche, la llamada se cortó.

Mi intención no era hacer un reportaje neutro ni una pieza académica. Quería evidenciar una contradicción que, a mi juicio, se repite con frecuencia: la facilidad con la que se defienden causas en abstracto frente a la dificultad de asumir compromisos concretos cuando afectan al espacio privado. El vídeo jugaba con el humor incómodo, con la ironía y con la exageración, pero el núcleo de la escena era real: la distancia entre el discurso público y la implicación personal.

No oculto que el tono fue provocador. Busqué precisamente esa ese momento en el que el argumento pasa del terreno simbólico al terreno práctico. Cuando se habla de acogida en términos generales, casi todo el mundo puede estar de acuerdo. Cuando se pregunta por habitaciones disponibles, responsabilidades directas o convivencia cotidiana, la conversación cambia de registro.

Para mí, la llamada funcionó como un experimento social en miniatura. No pretendía resolver el debate migratorio ni ofrecer soluciones políticas. Quería plantear una pregunta concreta: si se exige a la sociedad que asuma determinadas cargas, ¿hasta qué punto estamos dispuestos a asumirlas individualmente? La reacción que obtuve fue parte del resultado.

El vídeo, con su tono sarcástico y su puesta en escena directa, no buscaba unanimidad. Sabía que generaría críticas y enfado. Pero también sabía que obligaría a algunos a hacerse la pregunta incómoda que yo mismo lancé por teléfono.

Llamada de Michael Boor a los que «apoyan» los centros de menas

Os transcribo literalmente la conversación entre un servidor y la lideresa de los que apoyan la integración de los menas, eso sí, a costa del contribuyente y currante español, a los que NUNCA nos preguntan nada.

¿Qué tal? Mira, es que ya verás, te llamo porque nosotros tenemos hemos oído que va a haber un concierto solidario dentro de poco.

Un concierto solidario en la asociación.

Sí, sí, eso es.

A ver, dame más datos. Porque es un concierto solidario, ¿no?

Sí, sí. Pues entonces nosotros pues queríamos también. Ir a ir a tocar con el grupo que tenemos…

Pero el concierto solidario es que no me suena que vayamos a hacer un concierto solidario, o sea, ojalá, pero de momento no tenemos ninguno previsto.

Bueno, es que yo te llamaba por ellos cosas, es que vi, me dieron tu contacto y me dijeron que ibas a hacer como una especie de de concierto así con varios grupos, como algo así, ¿no? Como un festival así, algo así con entrada,

¿No? Pero no, no, no. Ah, vale. Bueno, en cualquier caso, mira, no te preocupes que es que eso es porque me lo habían dicho, pero también es que te eh te quería comentar que, a ver. Nosotros tenemos una una asociación de de niños que que para acogida y queremos que tengan también de vez en cuando estamos en Madrid. Esto es una asociación que se llama Pedro Zerolo y y entonces pues estamos buscando también un sitio donde puedan pasar de vez en cuando los fines de semana, algunos días. Sí. Y por si nos podéis apoyar con eso, porque claro, hemos visto que habéis organizado una manifestación en Santander a favor del tema de la inclusión de los Menas y tal. Pero a ver, eh, lo ha organizado la gente, que es una asociación que hay, que organiza que está dedicada a este tema de los migrantes y de los menores migrantes. Y yo he ido a una reunión a informarme y a como como un como como o sea, a título personal a informarme y a y a y apoyar el la causa,

Pero no es a través de nuestra asociación.

Ah, vale, vale. Bueno, en cualquier caso, nosotros era porque por si podríamos tener algún tipo de apoyo de vosotros y y que los estos chicos, estos menas puedan estar unos días de vacaciones en Cantabria con vosotros.

Podría ser, en vuestro local o…

Es que nosotros no tenemos un local como un albergue o algo así. Lo nuestro es una asociación cultural que tenemos básicamente eventos de conciertos. Hemos tenido puntualmente alguna charla y alguna cosa así, pero no tenemos un espacio para que vengan a quedarse o a comer o a…

Pero ya, pero digo, a ver, claro, pero en los espacios no, pero, ¿no tenéis casas de de la gente de la asociación para que puedan ir los chavales?

Sí, la gente tiene sus propias casas. Pero, bueno, qué va, ¿no? O sea, me extraña que quiera porque la gente se moviliza muy poco. O sea, yo personalmente soy de las que más me movilizo y por eso me voy a Torrelavega y Santander cada vez que veo una manifestación o algo. Pero lo que es en la asociación que llevamos nosotros, la gente va un poquitín a su a su

Claro, hombre. Es que, a ver, yo pensaba que me habían informado mal. Yo pensaba que erais como una red solidaria de acogida, que queréis acoger a a los inmigrantes y tal. A ver, estos son estos son chicos muy majetes, ¿eh?

Ya me imagino, no lo dudo, pero pero es que lo nuestro no es exactamente así. Y luego en verano precisamente nosotros paramos la actividad porque yo por temas laborales no…

No pero no que si digo que no si sería ahora en estas fechas que queremos hacer alguna, no sé, en Semana Santa. Alguna excursión con ellos y que se puedan quedar en vuestras casas, la verdad es que socializan muy bien y son muy majos, ¿eh?

Ya.

Algunos tienen algún pequeño antecedente policial, pero cosas pequeñas, o sea, que no. En realidad, eh, además la nosotros cuando vamos a los sitios siempre avisamos a la policía de que estamos allí y todo eso para que los tengan localizados, ¿sabes? Pero no hay no hay ningún problema, ¿eh?

Ya, ya. Bueno, es que eh de todas formas, ¿quién cómo te llamas tú?

Yo me llamo Narciso.

Narciso. Vale.

Sí.

Y de Madrid.

Y la asociación se llama Pedro Zerolo (no existe).

Sí.

Vale. Pedro.

Asociación de acogida de Asociación de Acogida de Menores Pedro Zerolo. Sí.

Vale. Bueno, pues os busco para informarme un poco más.

Sí. Sí (busca, busca, que encontrarás. Fijo).

Y ya te digo, yo creo que que podríamos hacerlo porque en los hogares de la gente se pueden quedar también, que no pasa nada, ¿eh?

No, ya ya, pero no sé, no sé porque yo ya te digo que a veces está para

Pero, ¿en tu casa no se pueden quedar, por ejemplo? En tu casa. ¿En tu casa no se pueden quedar?

En mi casa, pues yo ahora mismo no dispongo de de recursos en mi casa, o sea, tengo a mis hijos y vivo con mis hijos y no es que tenga yo aquí una infraestructura como para poder acoger a mucha gente.

Pero en la pero a ver, se ten que quedar en algún lado, en en el ayuntamiento, en algún sitio, ¿no? Tienes algún recurso para esto es que yo pensaba que erais una red acogida. Es que me estoy llevando un chasco.

No, no, que no soy una red, que no, que no, de verdad que yo apoyo estas causas cuando me entero de una manifestación.

Claro, pero pero a ver qué pasa, que apoyamos las causas para que acojan los demás y vosotros no acogéis o qué, ¿eh?

No, a ver, vamos a ver. Yo he apoyado las causas en plan a través del ministerio, a través de quien se tenga que ocupar, que no se les criminalice y que tengan un espacio y que tengan unos profesionales.

Claro, pero en espacio, ¿dónde? Porque es que si te estoy diciendo que me consigas un espacio y no me lo conseguís, es que no sé, yo creo que me he equivocado de número, ¿no?

Y yo lo que no yo creo que no te has equivocado de número. Yo lo que creo es que me estás llamando a mí porque me has visto muy proactiva en estos temas y entonces me estás…

Pero muy proactiva, ¿no? Lo que pasa es que quieres que acojan a los demás, pero tú no quieres acoger a nadie… O sea, me parece una hipocresía tremenda lo de mételos en tu casa, ¿no?

Entonces, como eres de los de los comentarios en redes de «mételos en tu casa», me estás llamando para ver si yo los meto en casa.

Que yo lo que quiero saber si ALGUIEN los quiere meter en su casa, porque me han dicho que alguien, quien sea…

Mira, yo a esos chavales los meto en mi casa mucho antes que a ti y voy a cortar la conversación porque me pareces un hijo de puta de marca registrada (por llevarte la contraria).

Oye, no pierdas los papeles tampoco.

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