martes, enero 13, 2026
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Luis Rubiales denuncia que su dimisión se produjo tras ser amenazado por el gobierno

En una entrevista reveladora emitida en el canal de YouTube de Periodista Digital, el ex presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Luis Rubiales, desvela los entresijos de su controvertida salida de la institución. Bajo el título «Luis Rubiales desvela todo lo que hubo detrás de su renuncia: «El Gobierno de Sánchez me amenazó»», Rubiales presenta su libro Matar a Rubiales como una crónica detallada de lo que califica como una «conspiración» en su contra. La conversación, conducida por el periodista Alfonso Rojo, aborda desde el famoso beso a Jenni Hermoso hasta presiones políticas, acusaciones de corrupción y su visión del fútbol femenino.

Rubiales inicia la charla recordando el incidente que marcó su caída: el beso a la jugadora Jenni Hermoso durante la celebración del Mundial femenino en 2023. Lo describe como un «besito» o «piquito» espontáneo, fruto de la «alegría inmensa» por el triunfo de España en el fútbol femenino, un deporte en el que invirtió masivamente durante su mandato. «Fue un momento noble, inocente», asegura, enfatizando su amor por el país y el fútbol. Predijo desde el avión de regreso que el asunto «acabaría conmigo», debido a enemigos acumulados en la prensa y el gobierno.

Critica la «cancelación, censura y conspiración» que siguió, donde el incidente se infló como una cortina de humo para tapar temas como la amnistía. Rubiales defiende que el lenguaje corporal de Hermoso mostraba consentimiento mutuo –ella lo abrazó y levantó–, y cita sus primeras declaraciones post-partido, donde lo minimizó como una «anécdota entre amigos». Sin embargo, lamenta que Hermoso cambiara su versión más tarde, posiblemente bajo presiones externas.

El núcleo de las revelaciones gira en torno a las presiones políticas. Rubiales acusa directamente al gobierno de Pedro Sánchez de orquestar su dimisión. Relata una conversación telefónica con el secretario de Estado para el Deporte, Víctor Francos, quien le instó a renunciar, calificando el beso como una «gilipollez» inicialmente, pero cambiando de tono al aterrizar y ver la repercusión mediática.

Según Rubiales, el gobierno le dio un ultimátum: dimitir un lunes o activar «la maquinaria» contra él y su equipo, incluyendo acciones civiles, criminales y vía FIFA. «Van a ir por lo civil, por lo criminal, contra ti en juzgados, vía FIFA, por donde sea, pero no solo contra ti, contra todos nosotros», le transmitieron a través de un intermediario. Rubiales conserva WhatsApps como prueba y asegura que cedió para proteger a su equipo, aunque predijo que los despedirían de todos modos –como ocurrió con 26 nombres que proporcionó–.
Critica duramente a Sánchez, a quien antes apoyó con mensajes como «Estoy a muerte contigo» o «Eres un monstruo de verdad». Ahora lo tacha de mentiroso por prometer no pactar con independentistas ni conceder amnistía, solo para hacerlo por mantenerse en el poder. «No merece ser presidente», sentencia, argumentando que Sánchez prioriza su cargo sobre la ética y las promesas electorales.

Rubiales defiende su legado en la RFEF, donde multiplicó por diez la inversión en fútbol femenino: de 2,7 millones a 27 millones de euros. Atribuye el título mundial a estas herramientas, que antes faltaban pese al talento de las jugadoras. Critica a políticas como Yolanda Díaz e Irene Montero por su «demagogia» en igualdad salarial, argumentando que los premios deben basarse en ingresos generados, no en cuotas forzadas. Cita ejemplos como derrotas de selecciones femeninas top ante equipos juveniles masculinos para ilustrar diferencias físicas, pero enfatiza en invertir más en el femenino para que crezca orgánicamente.

Sobre las acusaciones de corrupción en la Supercopa de España en Arabia Saudí, desmiente los «Supercopa Files» publicados por El Confidencial. Asegura que rechazó ofertas inferiores (como una de Qatar por 33 millones) para aceptar la saudí por 40 millones, beneficiando a la RFEF. Niega mordidas o favoritismos a Gerard Piqué (socio en la operación), y destaca que investigaciones en España, República Dominicana y Arabia no hallaron irregularidades. Una resolución de la Agencia Tributaria confirma la legalidad de su patrimonio.

Rubiales apunta a una alianza de enemigos: medios que le pedían millones en publicidad (y no recibieron), la «vieja aristocracia» de clubes millonarios acostumbrados a controlar, y la extrema izquierda radical. Menciona portadas como la de El País («España no tolera a los Rubiales») y ataques de ABC, El Mundo y El Confidencial, pese a que periodistas le confesaban en privado que cubrían el caso por órdenes superiores. Critica a Javier Tebas (presidente de LaLiga) por influir en su sucesor y centralizar ingresos.

En un toque personal, Rubiales dedica su libro a su exmujer, «una gran mujer y madre de mis hijas», con quien mantiene buena relación. Habla orgulloso de sus tres hijas: Lucía (graduada en Historia del Arte), Ana (estudiante de Filología Hispánica) y Elena (en instituto). Ahora, radicado en Granada, se dedica a una cadena hotelera con socios, expandiéndose a Centroamérica. No echa de menos el fútbol activamente –»lo amo, pero etapas cierran»–, aunque no descarta volver si «el fútbol lo pide». Sigue siendo espontáneo: «Sigo dando besos y picos en celebraciones».

En esta entrevista, Rubiales se presenta como víctima de un linchamiento mediático y político, pero fuerte y sin arrepentimientos. Su libro Matar a Rubiales documenta estos episodios con pruebas, buscando limpiar su nombre.

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