En un video publicado en el canal de YouTube de Plural-21, la doctora en biología con especialización en ARN mensajero (ARNm), comparte sus investigaciones y sospechas sobre el contenido real de los viales de las inoculaciones contra el bicho de 2020. La charla aborda temas controvertidos como la presencia de grafeno, nanotecnología y elementos no declarados en estas inyecciones. Espuny, quien se describe como una investigadora honesta guiada por la rectitud científica, relata su evolución desde la sospecha inicial hasta el análisis de muestras, respaldada por colaboraciones internacionales y literatura científica.
La Dra. Espuny comienza explicando su formación académica: se doctoró en biología molecular, enfocándose en cómo se decodifica la información genética a partir de ARN de pequeño tamaño. Su tesis exploró modificaciones como metilaciones y el «casquete» en los extremos del ARN, elementos clave en la estabilidad y función molecular.
Su interés en las vacunas surgió de su experiencia con tecnología de ARNm. Espuny señala que las vacunas utilizan nanopartículas lipídicas para encapsular secuencias del ARNm de la proteína spike del virus. Sin embargo, recuerda que esta tecnología había fallado previamente en tratamientos contra el cáncer, lo que le generó dudas sobre su aplicación masiva en vacunación. «Si no funcionó para cáncer, ¿cómo se propone ahora para vacunar a tantísima población?», cuestiona.
Además, le preocupaban las modificaciones introducidas en el ARNm de las vacunas, que podrían permitir que el material genético acceda al núcleo celular, afectando potencialmente el ADN humano. «Esto se va a meter en el núcleo y puede afectar la información genética de las personas», advierte. Estas inquietudes la llevaron a investigar más, hasta que una fuente le mencionó la posible presencia de «tecnología» en los viales, específicamente grafeno.
Espuny relata cómo se enteró de informes preliminares del Dr. Pablo Campra Madrid, biólogo de la Universidad de Almería, quien analizó un vial de vacuna y detectó grafeno mediante microscopía micro-Raman. Esta técnica, descrita como una «huella dactilar» molecular, identifica materiales por picos característicos al exponerlos a radiación láser. Campra, inicialmente escéptico («Esta gente está un poco pirada»), confirmó la presencia de grafeno, un material conductor que emite señales específicas.
La doctora enfatiza que el grafeno es visible bajo microscopía óptica para ojos expertos, variando de transparente a marrón según el número de capas. Cita también investigaciones de un grupo argentino (Lorena Diblasi, Marcela Sangorrín, Martín Monteverde), que usaron espectrometría de masas para detectar 55 elementos químicos no declarados en las vacunas, muchos usados en nanotecnología. Además, observaron fluorescencia en muestras bajo luz ultravioleta, atributo del grafeno.
Espuny descarta contaminaciones comunes, como cristales de sal o glucosa, argumentando que las estructuras observadas (estrellas de David, fibras luminosas) no coinciden con patrones biológicos o químicos esperados. «Vas descartando hipótesis: puede ser, no puede ser», explica, enfatizando un enfoque científico honesto.
La presentación incluye videos y citas controvertidas. Espuny reproduce un fragmento de Pierre Gilbert (en francés, subtitulado), quien en una conferencia universitaria habla de «destrucción biológica» mediante campos electromagnéticos y «cristales líquidos» inyectados en la sangre. Gilbert alega que estos cristales se depositan en el cerebro, convirtiéndose en microrreceptores para ondas de baja frecuencia (como 5G), lo que podría inhibir el pensamiento y crear «zombies». Menciona que esto se probó en Ruanda.
Otro video muestra laboratorios clandestinos involucrando a DARPA (agencia militar estadounidense) y experimentos con nanotecnología. Espuny conecta esto con afirmaciones de Yuval Noah Harari, autor y asesor del Foro Económico Mundial, quien habla de «humanos hackeables» mediante vigilancia bajo la piel para recolectar datos biométricos. También cita al expresidente chileno Sebastián Piñera, quien al inaugurar el 5G en Chile, mencionó la posibilidad de insertar pensamientos y sentimientos vía esta tecnología.
Una parte central es la proyección de imágenes y videos de muestras analizadas. Espuny describe estructuras como:
- Cristales y fibras: Formas cúbicas, estrellas de David, fibras luminosas que crecen en minutos. Descartan sal o ácido úrico por su morfología y fluorescencia.
- Microesferas y chupachups: Esferas que emiten luz (azul, naranja, amarillo), conectadas por tubos en sistemas «microfluídicos». Algunas liberan hidrogel que forma cristales líquidos (mesógenos).
- Nanobots y sensores: Puntos geométricos que se ensamblan, cilindros posiblemente antenas o sensores. Un ejemplo: una estructura que salió por la oreja de un paciente vacunado.
- Estructuras en sangre: Glóbulos rojos encapsulados en fibras, modificaciones en membranas, puntos luminosos dentro de células. Coágulos fibrosos encontrados por embalsamadores.
- En isopos nasales y anestésicos: Similar nanotecnología, incluyendo microsferas luminosas. Espuny menciona anestésicos «libres de grafeno» como respuesta a temores públicos.
Estas observaciones provienen de colaboradores como el Dr. David Nixon (Australia), Dra. Liliana Zelada (Bolivia), Dra. Hortensia Bremer (México), Ricardo Delgado (España) y un paciente estadounidense (Sterling Hill), quien reporta síntomas graves post-vacuna.
Espuny nota que las estructuras evolucionan: crecen, parpadean y cambian bajo microscopía de campo oscuro, sugiriendo autoensamblaje. Compara con literatura científica sobre «pulpitos» (estructuras como pulpos) y sensores nanotecnológicos.
Espuny cuestiona la base de las vacunas: cita respuestas de ministerios de salud (España, México, Argentina) admitiendo que el SARS-CoV-2 no ha sido aislado ni purificado. «¿Si no tenemos virus aislado, a qué han hecho la vacuna?», pregunta. Sugiere que el contenido es sintético o tecnológico, no inmunológico.
Según Mick Anderson y otros, la nanotecnología crearía una «red intracorporal» para monitorear datos biométricos (presión sanguínea, latidos) y potencialmente neuromodular el cerebro, sustituyendo el sistema nervioso. Esto habilitaría control masivo, alineado con visiones de élites para «diseñar vida inorgánica».
Espuny cierra con una cita de Buda: «Hay tres cosas que no se pueden ocultar por mucho tiempo: el sol, la luna y la verdad». Enfatiza que esta tecnología no busca inmunidad, sino vigilancia y control. Aboga por investigaciones independientes, descartando debates estériles, y menciona intentos de desmontar el grafeno (choque térmico, láser). Menciona 620 denuncias en España archivadas y anima a compartir el video.

