viernes, abril 12, 2024
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Una mafia institucional de primer orden: el Códex Alimentarius

Decir “Código alimentario”, suena bien, y más su denominación en latín, Códex Alimentarius. Inconscientemente, invita a que el ciudadano se sienta protegido porque, emocionalmente, entiende que existe un riguroso control sobre la alimentación y, por tanto, fuera de cualquier peligro. Pero las cosas no son lo que parecen. En teoría, el Códex es un conjunto de directrices y normas para proteger a la humanidad de posibles fraudes y garantizarle una buena salud. Sin embargo, estamos hablando de una de las grandes y mejor organizadas mafias contra la humanidad. Desafortunadamente, esto es completamente desconocido para la mayoría de la sociedad, y, sin embargo, afecta a nuestra salud hasta puntos insospechados. ¿Cuál es el origen del Códex, cuándo se crea, por qué se crea y cómo nos afecta? El experto Paul Anthony Taylor nos ofrece algunos jugosos datos.

La Comisión del Código Alimentario se crea en 1963 durante la Conferencia Mundial de la Salud, organizada por la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), con sede en Ginebra. La Comisión está integrada por los miembros designados por los Estados que forman parte de la ONU. Sus fines, grosso modo, son, por un lado, servir de “árbitro” en la resolución de disputas comerciales internacionales en materia de alimentos, y por otro, asesorar a la OMS y a la propia FAO, para implementar un programa conjunto sobre normas alimentarias. Estos fines están definidos en su manual de procedimiento, a saber: velar por la salud de los consumidores y asegurar prácticas equitativas en el comercio de alimentos.

El enunciado es perfecto, pero solo es una pieza más de música manipuladora. Nada que ver con la realidad. Ni el comercio internacional es equitativo, ni se protege la salud de los consumidores. Todo lo contrario, como vamos a ver.

La Comisión tiene a su vez una serie de subcomités y grupos de trabajo, que se encargan de redactar normas y directrices en materia de alimentos y suplementos nutricionales. Después, los textos son presentados a la Comisión, quien los aprueba y los adopta como normas globales. La adopción de estas normas es voluntaria por parte de los países, pero ¡ay de aquel que se niegue a pertenecer al “club”! Como la Organización Mundial del Comercio utiliza la Comisión del Códex como referencia para la resolución de disputas comerciales internacionales en materia de alimentos, todos acaban aceptando su pertenencia y el acatamiento de las normas. Es decir, pura mafia. En la actualidad, unos 150 países forman parte de la Organización Mundial de Comercio.

Algunos objetivos de esta organización son el fomento de la buena gobernanza, estimular el crecimiento económico y el empleo, contribuir al desarrollo de los países, bajar el costo de la vida, defender la voz de los débiles, preservar el medio ambiente y la salud, luchar por la paz y la estabilidad o elevar los niveles de vida. ¡Impecable! Propuestas muy bien traídas, como cualquiera de las que leemos de la ONU y sus organismos internacionales. Pero ya sabemos que solo es puro disfraz dialéctico de humanitarismo y bien hacer.

En los párrafos siguientes vamos a ver que estas equilibradas palabras son solo eso: palabras que encierran una protección de los intereses económicos en detrimento del consumidor. Por cierto, los puntos son paralelos a los objetivos de la Agenda 2030. ¿Casualidad? No. Cuando la ideología es la misma, no importa quién esté al frente de las iniciativas. Y estas van encaminadas a la regulación, al control, a la esclavitud de los seres humanos y al estrangulamiento, a través de leyes injustas y desordenadas.

No solo los alimentos de uso común están regulados por el Códex, sino que este redacta las normas y directrices para una lista interminable de asuntos: suplementos nutricionales, vitamínicos y minerales, complementos alimenticios; declaración de propiedades saludables, alimentos ecológicos, alimentos genéticamente modificados, etiquetado de alimentos, aditivos alimentarios, residuos de plaguicidas y publicidad. Es decir, el Códex es una especie de “Gran hermano”, que controla absolutamente todo lo referente a nuestra alimentación y sustento. Pero más que la salud humana, le preocupan los intereses económicos, sobre todo, de las industrias farmacéuticas, agroquímicas y petroquímicas.

Aparte del conflicto de intereses, los análisis pertinentes apuntan a que el Códex es un arma de destrucción masiva para reducir la población mundial. La OMS y la FAO han reconocido que la puesta en vigor de la normativa sobre vitaminas, minerales y otros nutrientes, provocará, como mínimo, tres millones de muertes, mil millones de hambrientos y dos mil millones de personas con enfermedades evitables y degenerativas. Y, a pesar de estos datos, siguen adelante con el plan. ¿¡Cómo puede ser esto posible!? Solo puede haber una respuesta acertada: Estamos en manos de psicópatas que pretenden la destrucción de la humanidad. Pero esto no lo han hecho deprisa y corriendo; viene de hace años. Mientras maquinaban contra nosotros, nos mantenían distraídos con cortinas de humo y el pan y circo de siempre.

Estas directrices para complementos vitamínicos y minerales fueron adoptadas por la Comisión del Código Alimentario, en julio de 2005, en Roma, y tienen carácter global. Se tomó como modelo la Directiva de Suplementos Alimenticios de la Unión Europea, bastante restrictiva en cuanto a las dosis necesarias. ¿Pretenden evitar que contrarrestemos la acción del glifosato en nuestros cuerpos, que eliminemos metales pesados, grafeno y demás tóxicos, que fortalezcamos nuestro sistema inmunitario y, sobre todo, que nuestra mente se mantenga activa para pensar, deducir y tomar decisiones correctas? La respuesta es clara.

La normativa prohíbe “afirmar que los complementos vitamínicos y alimenticios son adecuados para la prevención, alivio, tratamiento o cura de enfermedades”. Podríamos pensar que sus redactores no estaban al tanto de los beneficios que conllevan los suplementos, pero no. Lo han hecho así a propósito; seguramente, cumpliendo órdenes.

Las élites sí toman suplementos y son asiduas a las clínicas de medicina y terapias alternativas. A la industria sanitaria y farmacéutica se le ha visto demasiado el plumero. Está claro que quieren enfermos crónicos, con tratamientos de por vida o muertos. Los sanos no interesan, porque no consumen de sus químicos.

Al imponer restricciones a las formas alternativas de salud, se aseguran de que solo los productos de venta en farmacias lleven escrita la propaganda legal que incluye las propiedades curativas o de alivio de tal o cual medicación. Las directrices –contra el consumidor—incluyen la prohibición de mencionar que una dieta equilibrada, con productos naturales y nutrientes puede prevenir enfermedades y curarlas. ¡De locos y para tontos! Y para más inri, las “Directrices generales sobre Utilización de Declaraciones de Propiedades Saludables del Códex” mantienen el control de las patentes de nuestros sistemas de salud en manos de la industria farmacéutica. Era de esperar.

Magdalena del Amo
Periodista, psicóloga, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.
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1 COMENTARIO

  1. Nos encantan tus textos tan bien redactados y documentados.Entendemos todo lo que expones,de este modo,vivimos en una dictadura sanitaria del bigfharma.

    Como eres psicóloga,podemos pedirte una cosa?,nos puedes explicar sobre lo que es políticamente incorrecto?,ya que también caemos a menudo,en el rol de intentar siempre ser correctos.

    Un saludo.

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