lunes, febrero 26, 2024
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Un Plan C perfectamente constitucional

Artículo escrito por Alfonso De la Vega

Lo más probable a fecha de hoy es que, pese a sus piruetas y complacencias con socialistas, nacionalistas y golpistas, Feijoo no gane la votación para su investidura. No es de extrañar, en realidad Feijoo es un personaje muy singular y limitado aupado a la cucaña de partido de la pseudo derecha por las mismas fuerzas ajenas a los legítimos intereses de España. Otro creyente en las pretendidas bondades de la agenda 2030 o en la plurinacionalidad del Estado.   O quizás ni siquiera creyente pero bien dispuesto a obedecer las instrucciones de los que mandan. Al que no le conoce le puede parecer algo menos malo que el falsario pero eso ni siquiera está claro vistas sus acciones precedentes como cacique nacionalista gallego o la aparente falta de criterio o de sentido geoestratégico. O la complacencia que muestra con las actuaciones progres y globalistas de un Moreno Bonilla o de una Guardiola.

Según fuentes no confirmadas el Presidente del Gobierno en funciones habría amenazado al Rey Felipe VI por su rechazo a firmar la Ley de Amnistía si le es presentada. El que el felón consiga permanecer en la poltrona de la Moncloa es una amenaza terrorífica para España. Significaría muy probablemente no ya el fin del Régimen constitucional actual sino lo verdaderamente peor, la desaparición de España como nación para satisfacer así los deseos históricos del enemigo. De modo que resulta necesario impedir que pueda ser encargado de intentar formar gobierno. Dado su naturaleza mentirosa compulsiva, el rey podría no nombrarle ni desde luego estaría obligado a hacerlo al menos mientras sus pretendidos apoyos no lo ratifiquen personalmente en la Zarzuela, o estos supuestos apoyos se declaren expresamente dentro del ámbito constitucional.

Recurrir a nuevas elecciones sin que la derecha social pueda reorganizarse ni cambiar de ideas ni autores no garantiza que no haya otro posible pucherazo ni tampoco demasiadas variaciones.  Se ganaría tiempo, y desde luego que dada la degenerada situación actual es preferible que el gobierno esté en funciones e incluso sería mejor que no ejerciera.

Pero pudiera haber un plan de repuesto que pillaría a casi todo el mundo con el paso cambiado. Audaz e insólito pero que acaso permitiera superar la actual crisis constitucional. Incluso parecería preferible a las anteriores alternativas. El rey en el desempeño de sus atribuciones fijadas en el artículo 99 de la constitución bien podría nombrar un candidato tercero no perteneciente a ningún partido, un patriota, un raro Cincinato español. O mejor aún, más sutil y alambicado para tratar de paliar la resistencia de las repugnantes zurdas españolas, pero también eficaz: a un socialista de los de antes de los añorados tiempos aquellos del Emérito. Para presidir un gobierno de concentración temporal o de duración acotada cuyo objetivo principal pactado fuese poner orden y evitar la ruina definitiva de la sociedad y de la nación española.

¿Qué pasaría si el rey propone como candidato a gentes como un Felipe González, un Paco Vázquez, un Redondo Terreros o un Joaquín Leguina?

Los diputados socialistas se verían en el brete de votar en contra de sus mejores iconos históricos, lo que mostraría una quiebra, una ruptura con su tradición de partido, la confirmación del golpismo que significa Sánchez. Un personaje que de salir derrotado tras esta maniobra perdería su actual potencial de destrucción y no tendría más remedio que buscar refugio en algún albañal o vertedero «sorosiano» lo más lejos posible de la Justicia española.

Feijoo estaría atrapado en su propia red mañosa de propuestas de pactos con el socialismo y sería difícil que pudiese explicar a su ya muy mosqueado público una nueva pirueta de saltimbanqui que negase apoyo a esta solución de Su Majestad.

Y a VOX tampoco le interesa volver a las urnas en su incierta situación actual por lo que puede prestar algún voto de ser necesario. Si  dice que lo va a hacer para ayudar a  un enemigo declarado además de competidor como Feijoo no sería entendible que no lo hiciese en este otro caso.

Claro que las hordas rabiarían y patalearían como un niño egoísta y mal educado al que se le impide seguir berreando y rompiendo cosas. Otra ventaja.

Pero se argüirá, esto significa «borboneo», como el que sucedió hace ahora un siglo con Primo de Rivera que terminaría costándole la Corona a don Alfonso XIII. No es el caso ni sería así, porque según la constitución “la forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”. Los votantes españoles no eligen directamente al presidente sino al Parlamento que a su vez es el que nombra al presidente del gobierno en primera o segunda votación. De modo que de tener éxito la propuesta al candidato lo habría aprobado el Parlamento. Y de no tenerlo, don Felipe haría ver a sus súbditos que para tratar de salvar la nación hace lo que puede dentro de los límites de la constitución.

El plan pudiera salir adelante si el rey buscase la mejor manera de atender sus obligaciones constitucionales y como hombre de honor en defensa de no solo de los patrióticos expresados en el el Preámbulo de la Constitución sino de lo establecido en los artículos 2 y 56 entre otros.

La Providencia divina nos proteja e ilumine a quien corresponda. 

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